Los errores no se niegan se asumen. Es buena cosa reconocer
los errores y saber disculparse, porque aumenta la credibilidad… Ya sea por
vergüenza o miedo a las consecuencias, nos cuesta admitir nuestros fallos. Dice
la ciencia que rectificar es de sabios, pero los errores hay que aceptarlos,
superarlos y no volver a cometerlos.
Admitir que uno está equivocado no es sencillo. El monstruo
de la inseguridad y de la cara colorada acecha cuando hay que entonar el ‘mea
culpa’. Sea en el ambiente que suceda, entre familiares, amigos o en el trabajo, hay que asumir los errores frente a quien te pida explicaciones. No puedes escurrir el bulto cuando has sido descubierto y tienes el deber de dar la cara por tu error. Reconocer un error refuerza la credibilidad y es señal de una mente práctica y
realista.







