domingo, 30 de abril de 2017

Viajar al propio corazón

Sari era un hombre muy espiritual, por lo que una de sus prioridades era hacer una larga peregrinación a la ciudad sagrada de Benarés para darse un baño purificador en el Ganges. Poco antes de partir se encontró con un maestro que le preguntó:
—¿Para qué quieres ir allí?
Y el buen hombre le contestó:
—Para ponerme en contacto con la divinidad.
Sin darle tiempo a más explicaciones, el sabio le ordenó:
—Dame todo el dinero que tienes ahorrado para ese viaje.
El buen hombre se le quedó mirando con cara de extrañeza, pero era tanta la confianza que tenía en él que cogió la bolsa donde llevaba sus monedas y se la entregó.
—Sé que habrías hecho esa peregrinación empujado por tu fe, pero tengo que decirte que no necesitas bañarte en el Ganges. Coge esta cantimplora y lávate con el agua que hay dentro.
Sari, hizo lo que le dijo el líder espiritual, que con toda sabiduría seguía abriéndole los ojos del alma.
—Ves, ya has conseguido tu propósito sin necesidad de un viaje tan largo. Coge tu dinero y regresa a casa con la tranquilidad de haber cumplido con la voluntad divina. Quiero que sepas una cosa, si hay un lugar donde Dios no ha dejado de habitar ni un solo instante, ése es el corazón del hombre. Así que, siempre que lo necesites viaja a tu propio corazón.

sábado, 29 de abril de 2017

Pasión por la danza

Érase una muchacha que, desde muy pequeña, sólo había soñado con ser bailarina profesional, por eso cuando se enteró de que había llegado a su ciudad el director de uno de los ballets más prestigiosos de Europa y que buscaba nuevos talentos, se presentó ante él. Escogió una pieza con la que lucirse y lo hizo con toda la pasión que cabe esperar de una enamorada de la danza. Pero cuando le preguntó al director qué le había parecido, recibió una respuesta que fue como un jarro de agua fría:
—Lo siento, tú no tienes talento para bailar.
La joven salió con el corazón destrozado y tiró sus zapatillas de ballet a un cubo de basura. Pasaron los años y asumió que su vida iría por otros derroteros. Consiguió un trabajo sencillo, se casó y tuvo dos hijos. Un día leyó en el periódico que aquel mítico director regresaba con su ballet a la ciudad para dar una sesión. Acudió y, al terminar el espectáculo, fue a saludarlo y le comentó:
—Probablemente no se acordará de mí, pero hace unos años hice una prueba y usted me quitó de la cabeza lo de ser bailarina.
Y el hombre le respondió:
—Sí, eso le digo a todos. Al final los que triunfan son los que persisten pese a lo que otros les digan. Por eso, es tan importante creer en uno mismo para que los demás estén dispuestos a apostar por ti.

martes, 25 de abril de 2017

Los fanáticos

Antes de la Segunda Guerra Mundial, un hombre alemán, cuya familia pertenecía a la aristocracia, fue propietario de una serie de grandes industrias y haciendas. Cuando se le preguntó que ¿cuántos de los alemanes eran realmente nazis?, la respuesta que dio puede guiar nuestra actitud hacia el fanatismo.
Dijo que muy pocas personas eran nazis en verdad, pero muchos disfrutaban de la devolución del orgullo alemán, y muchos más estaban demasiado ocupados para preocuparse. Yo era uno de los que sólo pensaba que los nazis eran un montón de tontos. Así, la mayoría simplemente se sentó a dejar que todo sucediera. Luego, antes de que nos diéramos cuenta, los nazis eran dueños de nosotros, se había perdido el control y el fin del mundo había llegado. Mi familia perdió todo, yo terminé en un campo de concentración y los Aliados destruyeron mis fábricas…
También se nos dice que la gran mayoría de los musulmanes sólo quieren vivir en paz. El hecho es que los fanáticos dominan el Islam, tanto en este momento como en la historia. Son los fanáticos los que atemorizan al mundo. Se trata de los fanáticos los que producen guerras. Se trata de los fanáticos los que sistemáticamente masacran cristianos o grupos tribales en África y se van adueñando gradualmente de todo el continente en una ola islamista. Estos fanáticos son los que ponen bombas, decapitan, asesinan. Son los fanáticos los que toman mezquita tras mezquita. Se trata de los fanáticos los que celosamente difunden la lapidación y la horca de las víctimas de violación y los homosexuales. Se trata de los fanáticos los que enseñan a sus jóvenes a matar y a convertirse en terroristas suicidas.
El hecho cuantificable y duro es que la mayoría pacífica, la «mayoría silenciosa» es intimidada e imperceptible.
Recordar que, la Rusia comunista estaba compuesta de los rusos que sólo querían vivir en paz, sin embargo, los comunistas rusos fueron responsables por el asesinato de cerca de 50 millones de personas. La mayoría pacífica aunque no fue cómplice, era irrelevante.
La enorme población de China era también pacífica, pero los comunistas chinos lograron matar la asombrosa cifra de 70 millones de personas. El individuo japonés medio antes de la Segunda Guerra Mundial no era un belicista sádico, pero paradójicamente, Japón asesinó y masacró en su camino hacia el sur de Asia Oriental, en una orgía de muerte que incluyó el asesinato sistemático, a 12 millones de civiles chinos, la mayoría muertos por espada, pala y bayoneta.
Y, ¿quién puede olvidar Ruanda que se derrumbó en una carnicería?… Y eso, que pudiera ser que la mayoría de los ruandeses fuesen amantes de la paz.
Las lecciones de la historia son con frecuencia increíblemente simples y contundentes. Sin embargo, a pesar de todos nuestros poderes de la razón, muchas veces perdemos el más básico y sencillo de los puntos:
Los musulmanes amantes de la paz se han hecho irrelevantes por su silencio.
Los musulmanes amantes de la paz se convertirán en nuestro enemigo si no se pronuncian, porque al igual que mi amigo de Alemania, se despertarán un día y encontrarán que los fanáticos los poseen y el fin de su mundo habrá comenzado.
Los alemanes, amantes de la paz, japoneses, chinos, rusos, ruandeses, serbios, afganos, iraquíes, palestinos, somalíes, nigerianos, argelinos, y muchos otros han muerto a causa de que la mayoría pacífica no se pronunció hasta que fue demasiado tarde.
En cuanto a nosotros, que somos espectadores ante los eventos en desarrollo, debemos prestar atención al único grupo que cuenta: los fanáticos que amenazan la paz y nuestra forma de vida. Esperemos que millares de personas, en todo el mundo, se den cuenta de esta realidad y reflexiones sobre este grave problema que amenaza nuestros derechos y libertades.
El autor de este mensaje es el Dr. Emanuel Tanay, nacido en 1928, judío sobreviviente del Holocausto, y conocido y muy respetado psiquiatra forense radicado en los EUA.
Esto es hablar desde la experiencia más dolorosa, y su advertencia nos sobrecoge. ¡Nos asedian! Nuestras vidas están en peligro. Despertemos porque la amenaza de los fanáticos la tenemos en la puerta de nuestras casas. Frente a cualquier tipo de fanatismo, no más silencio.

sábado, 22 de abril de 2017

La sabiduría de los libros

Estantería repleta de libros.

La sabiduría de los libros la podemos encontrar en «El libro de la sabiduría» que nos habla de la meditación. El hombre sin meditación no tiene energía para el amor, ni para la compasión, ni para el agradecimiento. La persona sin meditación está desconectada de su fuente de energía y no puede entrar en contacto con el universo que le rodea. La energía nace en un momento determinado del tiempo y muere en otro momento del tiempo. La energía física existe entre el nacimiento y la muerte. Es como una lámpara que arde por el aceite que contiene, una vez que el aceite se acaba la llama se apaga.

Pero, sin dudarlo, la sabiduría más sapiente la encontramos en el libro de los Proverbios del Antigua Testamento, aunque algo de sabiduría hay en todas las acciones y actitudes de la gente de valores y buenos principios. En verdad el sabio libro trasciende en el tiempo, y en toda época sigue teniendo vigencia.

viernes, 21 de abril de 2017

Lección de vida

Un hombre al salir de su casa vio a un niño mirando su coche con mucha atención. Al acercarse al coche le preguntó el niño:
—¿Es suyo?
Afirmando con la cabeza le explicó lo siguiente:
—Es el regalo que me ha hecho mi hermano el día de mi cumpleaños.
El niño quedó pensativo y comentó:
—¡Cómo me gustaría…!
El propietario del coche creyó entender en el niño que deseaba también tener un hermano como el suyo, por eso no le extrañó que el pequeño dijera:
—Me gustaría poder ser algún día un hermano tan generoso.
Sorprendido por la respuesta, el hombre le invitó a dar una vuelta y el niño aceptó encantado. Cuando llevaban un rato recorriendo el lugar le preguntó al señor:
—¿No le importaría que pasáramos frente a mi casa?
El hombre pensó que lo que quería el niño era presumir ante sus vecinos, pero cuando llegaron al punto indicado el menor le pidió que aparcara, salió corriendo y regresó con su hermano que tenía muchas dificultades para caminar, y señalando el coche le decía:
—Algún día te regalaré uno igual para que puedas ir donde quieras.
El hombre quedó tan conmovido que sentó a los dos hermanos en el coche y les dio un paseo inolvidable. Esa día aprendió una lección de vida: que hay más felicidad en dar que en recibir.

miércoles, 19 de abril de 2017

El banquero generoso

Una tarde un famoso banquero iba en su limusina cuando vio en la orilla de la carretera a dos hombres comiendo césped. Preocupado, ordenó a su chofer detenerse; bajó, se acercó y le preguntó a uno de ellos:
—¿Por qué están comiéndose el césped?
Contestó el hombre:
—Comemos césped porque no tenemos dinero para comida.
Rápidamente le dijo el banquero:
—Bueno, entonces vengan a mi casa que yo los alimentaré.
—Gracias, pero tengo esposa y dos hijos conmigo. Están allí, debajo de aquél árbol.
—Que vengan también… —Volviéndose al otro pobre hombre le dijo— Ud. también puede venir.
El hombre, con una voz lastimosa, dijo:
—Pero, Sr., yo también tengo esposa y seis hijos conmigo.
Respondió el banquero:
—Pues que vengan también que hay para todos.
Entraron todos en el enorme y lujoso coche. Una vez en camino, uno de los hombres miró al banquero y le dijo:
—Sr., es usted muy bueno… ¡Muchas gracias por llevarnos a todos!
El banquero tranquilizándole le contestó:
—¡Hombre, no sienta apuro, lo hago encantado! En mi casa hay comida para todos, porque el césped ya mide unos veinte centímetros de alto.

sábado, 15 de abril de 2017

Abuelita

Una rosa sobre un libro abierto.


La abuelita es muy vieja, tiene muchas arrugas y el pelo completamente blanco, pero sus ojos brillan como estrellas, sólo que mucho más hermosos, pues su expresión es dulce, y da gusto mirarlos.
También sabe cuentos maravillosos y tiene un vestido de flores grandes, grandes, de una seda tan tupida que cruje cuando anda. Abuelita sabe muchas, muchísimas cosas y esto nadie lo duda, pues ya vivía mucho antes que papá y mamá, incluso antes que hubiera luz eléctrica.
Tiene un libro de cuentos con recias cantoneras de plata; lo lee con mucha frecuencia. En medio del libro hay una rosa, comprimida y seca, y, sin embargo, la mira con una sonrisa de arrobamiento, y le asoman lágrimas a los ojos. ¿Por qué abuelita mirará así la marchita rosa de su libro de cuentos? ¿No lo sabéis? Cada vez que las lágrimas de Abuelita caen sobre la flor, los colores cobran vida, la rosa se hincha y toda la sala se impregna de su aroma; se esfuman las paredes cual si fuesen pura niebla, y en derredor se levanta el bosque, espléndido y verde, con los rayos del sol filtrándose entre el follaje, y Abuelita vuelve a ser joven, una bella muchacha de rubias trenzas y redondas mejillas coloradas, elegante y graciosa; no hay rosa más lozana, pero sus ojos, sus ojos dulces y cuajados de dicha, siguen siendo los ojos de Abuelita.
Sentado junto a ella hay un hombre, joven, vigoroso y apuesto. Huele la rosa y ella sonríe —¡pero ya no es la sonrisa de Abuelita!—, sí, y vuelve a sonreír.
Ahora se ha marchado él, y por la mente de ella desfilan muchos pensamientos y muchas figuras; el hombre gallardo ya no está, la rosa yace en el libro de cuentos, y… Abuelita vuelve a ser la anciana que contempla la rosa marchita guardada en el libro.
Ahora Abuelita se ha muerto. Sentada en su silla de brazos, estaba contando una larga y maravillosa historia.
—Se ha terminado —dijo— y yo estoy muy cansada; dejadme echar un sueñecito.
Se recostó respirando suavemente, y quedó dormida; pero el silencio se volvía más y más profundo, y en su rostro se reflejaban la felicidad y la paz; se habría dicho que lo bañaba el sol… y entonces dijeron que estaba muerta.
La pusieron en el negro ataúd, envuelta en lienzos blancos. ¡Estaba tan hermosa, a pesar de tener cerrados los ojos! Pero todas las arrugas habían desaparecido y en su boca se dibujaba una sonrisa. El cabello era blanco como plata y no daba miedo mirarla. Era siempre Abuelita, tan buena y tan querida. Colocaron el libro de cuentos bajo su cabeza, pues ella lo había pedido, con la rosa entre las páginas. Y así enterraron a Abuelita.
En la sepultura, junto a la pared del cementerio, plantaron un rosal que floreció espléndidamente, y los ruiseñores acudían a cantar allí y desde la iglesia el órgano desgranaba las bellas canciones que estaban escritas en el libro de cuentos, colocado bajo la cabeza de Abuelita.
La luna enviaba sus rayos a la tumba, pero Abuelita no estaba allí; los niños podían ir por la noche sin temor a coger una rosa de la tapia del cementerio. Los muertos saben mucho más de cuanto sabemos todos los vivos; saben el miedo, el miedo horrible que nos causarían si volviesen. Pero son mejores que todos nosotros y por eso no vuelven.
Hay tierra sobre el féretro, y tierra dentro de él. El libro de cuentos, con todas sus hojas, es polvo, y la rosa, con todos sus recuerdos, también se ha convertido en polvo. Pero encima siguen floreciendo nuevas rosas y cantando los ruiseñores, y el órgano suena y sigue vivo el recuerdo de la vieja Abuelita, con los dulces y queridos ojos eternamente jóvenes. Los ojos no mueren nunca. Los nuestros verán a Abuelita, joven y hermosa como antaño, cuando besó por vez primera la rosa, roja y lozana, que yace ahora en la tumba convertida en polvo…

Hans Christian Andersen.

Fotografía: Patr!c!a, cc.

jueves, 13 de abril de 2017

Amar hasta el extremo

Semana Santa de Sevilla.

El Jueves Santo, día del amor fraterno, Cristo «nuestra Luz» nos llama a derribar muros, unidos con Él. Jesucristo se entregó a la muerte para derribar «la barrera del odio» que separaba a las gentes, y hacer de todos ellos una única familia bajo un mismo y único Padre. El apóstol San Juan, nos dejó escrito «quien ama a su hermano permanece en la luz» y Jesús nos amó hasta el extremo, por eso Él vive en la Luz, Él es la Luz, por eso, cuando nosotros ayudamos y servimos a los hermanos más pobres y necesitados, compartimos la misma Luz de Jesús y somos signos y testimonio de amor en el mundo.

El amor fraterno es amar hasta el extremo y es una de las piedras angulares de nuestra fe cristiana. Todo nos conduce a descubrir y compartir esta clase de amor. Cuando leemos en la Biblia «ama a tu prójimo como a ti mismo», estamos leyendo la definición de la caridad fraterna, que significa amar a todos los seres humanos.

miércoles, 12 de abril de 2017

¿Por qué traicionamos?

El beso de Judas (1886-1894) - James Tissot.


La traición es una de las acciones más destructivas en las relaciones humanas. Supone una falta grave que viola la lealtad. Por eso una traición no solo duele, sino que ofende y agravia.

Según el diccionario, la traición es aquella falta que quebranta la lealtad o la fidelidad que se debería guardar hacia alguien o algo. La traición va unida a la hipocresía de esas personas que delante de ti te pone cara de amigo y por detrás te despelleja. Personas de poco fiar que defraudan a familia, amigos y conocidos faltando a la verdad, revelando secretos o haciendo lo contrario a lo que promete hacer. Es renegar, ya sea de palabra o acción de un compromiso de lealtad, de ahí que, en la mayoría de ocasiones la traición quebranta una relación de confianza y afecto profundo. Cuando una persona deposita su confianza en otra y ésta actúa de manera maliciosa es que tiene la clara intención de herirte, ese traidor es un perverso y su traición es imperdonable.

sábado, 8 de abril de 2017

El deseo de una mujer

Un buen día una mujer preocupada fue a visitar al Bien Supremo para plantearle la idea que tenía para mejorar la vida en la tierra. Dios escuchó con atención el argumento de la mujer…
Mi idea es que se siembre mayor cantidad de semillas de amistad y de amor entre los humanos para que haya menos odio y diferencias entres ellos.
El Bien cumplió el deseo de la mujer y sembró muchas semillas de amistad entre los hombres. Al poco tiempo las naciones dejaron de estar en guerra y la vida en el planeta mejoró.
Pero, pasado un tiempo el mal volvió a sembrar semillas de discriminación y odio, y todo volvió a ser como antes.
Al ver esto la mujer decidió visitar nuevamente al Bien, pero ya no le quiso recibir porque lo que había hecho había sido en vano. Tanto insistió que volvió a hablar con Dios:
Haz que los hombres puedan decidir libremente entre el bien y el mal y así cada uno actuará según sus instintos.
¡Pero mujer! —contestó Dios—, el hombre desde siempre pudo decidir por sí mismo.
Entonces —respondió la mujer—, dales la sabiduría para que puedan elegir lo mejor.
Así fue, y sucedió que a la vez que el Bien le daba sabiduría a los hombres el mal ponía la ignorancia. La mujer al ver que había fracasado se desanimó, pero el Bien le visitó y le dijo:
Mujer, el mal puso delante de ti el desánimo y optaste elegirlo pudiendo rechazarlo.
Dándose cuenta de su error la mujer recapacitó…
Creo, que lo mejor será que la buena gente que elige hacer el bien ayude a otras personas a elegirlo también.
Dios le contestó:
Buena reflexión. La buena gente siempre existirá como también las contrarias. Lo importante es lo que cada uno elija, y el que elija el mal cargará con sus consecuencias
Desde ese momento la mujer se propuso a ayudar a la gente a darse cuenta que el mal destruye al que lo produce y que el bien hace más fácil la vida, y muchos se lo agradecieron.

jueves, 6 de abril de 2017

Cada día

Hay más felicidad en dar que en recibir, y esto es absolutamente cierto.
La felicidad no está como un ente fuera de nosotros, se hace patente y sensible cuando damos, compartimos y amamos.
Por eso, si quieres ser feliz aprende primero a dar y a amar. Aprende de las cosas simples y sencillas para manifestar tu nobleza y generosidad.
No esperes oportunidad, créala. No busques amor, dalo tú. No pidas amistad, mejor concédela, pero si te rechazan tendrás que seguir tu camino.
No desperdicies el sufrimiento y los errores, aprende de cada uno de ellos. Si te hacen daño no tengas prejuicios, ten disponibilidad para comprender, aceptar disculpas y perdonar.
Desprecia siempre lo mezquino y la mentira, porque tu vida vale mucho y siempre habrá algún que otro maleficente dispuesto a manchar tu integridad moral.
Define cuál es tu opinión y defiende la verdad con orgullo, porque aunque la pisoteen siempre sale triunfante.
Vive pensando en las cosas que la vida te otorga y ofrece, porque aunque no lo merezcas, fruto de la envidia recibirás palos, pero no decaigas y sigue buscando la oportunidad de dar luz a lo injusto.
Y recuerda que los dones más valiosos son la paz, la alegría, el silencio, un buen libro, una buena canción, un gran amor, un buen recuerdo…
Cada día, sin importar si el año comienza o termina, busca un momento para recapacitar sobre lo que haces, lo que sientes y lo que quieres. Piensa que las cosas son más sencillas de lo que parecen, pero siempre no depende de ti.
Piensa en lo que realmente vale la pena y aunque parezca egoísta, tienes que pensar en ti y mirar por ti, y sobre todo cuida de tu vida interior, porque esa es tu fuente y tu fuerza indestructible.
Disfruta la felicidad que ahora tienes, nadie sabe qué vendrá el día de mañana.