martes, 28 de julio de 2020

Jesús es mi vida

La Palabra, para ser dicha.
La Verdad, para ser proclamada.
El Camino, para ser recorrido.
La Luz, para ser encendida.
La Vida, para ser vivida.
El Amor, para ser amado.
La Alegría, para ser compartida.
El Sacrificio, para ser ofrecido.
La Paz, para que sea dada.
El Pan de Vida, para que sea mi sustento.
El Hambriento, para ser alimentado.
El Sediento, para ser saciado.
El Desnudo, para ser vestido.
El Desamparado, para ser recogido.
El Enfermo, para ser curado.
El Solitario, para ser amado.
El Indeseado, para ser querido.
El Leproso, para lavar sus heridas.
El Mendigo, para darle una sonrisa.
El Alcoholizado, para escucharlo.
El Deficiente, para protegerlo.
El más Pequeño, para abrazarlo.
El Ciego, para guiarlo.
El Mudo, para hablar por él.
El Tullido, para caminar con él.
El Drogadicto, para ser comprendido.
La Prostituta, para alejarla del peligro.
El Preso, para ser visitado.
El Anciano, para ser atendido.
Para mí todos son hijos de Dios.
Jesús es mi Dios.
Jesús es mi Esposo.
Jesús es mi Vida.
Jesús es mi único Amor.
Jesús es mi Todo.
Madre Teresa de Calcuta

domingo, 26 de julio de 2020

La ira





La ira es un término de origen latino que se refiere a la furia y la violencia. Se trata de una conjunción de sentimientos negativos que genera enojo e indignación. La ira es una emoción primaria y puede acarrear muchas consecuencias físicas y mentales, y eso conlleva a crear conflictos de relaciones familiares y sociales. La ira, cólera, rabia, enojo o furia es una emoción que se expresa a través del resentimiento o de la irritabilidad. Los efectos físicos de la ira incluyen aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea y de los niveles de adrenalina y noradrenalina. Algunos ven la ira como parte de la respuesta cerebral de atacar o huir de una amenaza o daño percibido, real o irreal.

viernes, 24 de julio de 2020

Opinión sobre la muerte

Preguntaron a la escritora chilena, Isabel Allende, por el principal miedo a la muerte que conlleva el virus-covid que nos azota y estás castigando al mundo entero, la escritora contó que desde que murió su hija Paula, hace 27 años, le perdió a la muerte el miedo para siempre: 
Primero, porque la vi morir en mis brazos, y me di cuenta de que la muerte es como el nacimiento, es una transición, un umbral, y le perdí el miedo en lo personal. Ahora, si me agarra el virus, pertenezco a la población más vulnerable, la gente mayor, tengo 77 años y sé que si me contagio voy a morir. Entonces la posibilidad de la muerte se presenta muy clara para mí en este momento, la veo con curiosidad y sin ningún temor. 
Lo que la pandemia me ha enseñado es a soltar cosas, a darme cuenta de lo poco que necesito. No necesito comprar, no necesito más ropa, no necesito ir a ninguna parte, ni viajar. Me parece que tengo demasiado. Veo a mi alrededor y me digo para qué todo esto. Para qué necesito más de dos platos. Después, darme cuenta de quiénes son los verdaderos amigos y la gente con la que quiero estar. 
¿Qué crees que la pandemia nos enseña a todos? Nos está enseñando prioridades y nos está mostrando una realidad. La realidad de la desigualdad. De cómo unas personas pasan la pandemia en un yate en el Caribe, y otra gente está pasando hambre. 
También nos ha enseñado que somos una sola familia. Lo que le pasa a un ser humano en Wuhan, le pasa al planeta, nos pasa a todos. No hay esta idea tribal de que estamos separados del grupo y que podemos defender al grupo mientras el resto de la gente se despreocupa. No hay murallas, no hay paredes que puedan separar a la gente. 
Los creadores, los artistas, los científicos, todos los jóvenes, muchísimas mujeres, se están planteando una nueva normalidad. No quieren volver a lo que era normal. Se están planteando qué mundo queremos. Esa es la pregunta más importante de este momento. Ese sueño de un mundo diferente: para allá tenemos que ir...
Y reflexiono: Me di cuenta en algún momento de que uno viene al mundo a perderlo todo. Mientras más uno vive, más pierde. Vas perdiendo primero a tus padres, familiares, a gente a veces muy querida, tus mascotas, los lugares entrañables y tus propias facultades también. No se puede vivir con temor, porque te hace imaginar lo que todavía no ha pasado y sufres el doble. "Hay que relajarse un poco, tratar de gozar lo que tenemos y vivir en el presente". 

miércoles, 22 de julio de 2020

Enséñanos

Enséñanos a hacer del amor nuestra riqueza.
Enséñanos que las lágrimas no son sólo de tristeza.
Enséñanos a saciar el hambre con justicia,
muéstranos que la paz empieza por una caricia.
Enséñanos a permanecer en Ti contracorriente.
Enséñanos a mirar cada vez más limpiamente.
Enséñanos que el Amor es la raíz más fuerte,
recuérdanos que Tú estarás con nosotros siempre.
Para ser dichosos y vivir del todo.
Para crear vida y vivirla a tu modo.
Para salir fuera y levantar las manos.
Para que llegue el día de ser Bienaventurados.
Enséñanos a hacernos sencillos y pequeños.
Enséñanos a ser reflejo de lo eterno.
Enséñanos a dar sin pedir ni esperar nada,
consuela nuestro llanto si el dolor no acaba.
Enséñanos a volar con la libertad por alas.
Enséñanos a arriesgar y a no tener ganancias.
Enséñanos a anidar en tu corazón de vida,
impúlsanos a bien-aventurarnos cada día.
Enséñanos...
Salomé Arricibita

lunes, 20 de julio de 2020

Lujo

¿Qué es el lujo? Nos hicieron creer que el lujo era lo desmesurado, lo caro, lo exclusivo, todo aquello que nos parecía inalcanzable. Ahora nos damos cuenta que el lujo eran esas pequeñas cosas que no sabíamos valorar cuando las teníamos y ahora que ya no están, las echamos tanto de menos... 
Lujo es estar sano. 
Lujo es no pisar un hospital. 
Lujo es tener un hogar donde recluirte. 
Lujo es poder pasear por la orilla del mar. 
Lujo es salir a los caminos y calles y respirar sin mascarilla. 
Lujo es reunirte con la familia y con los amigos. 
Lujo son las miradas. 
Lujo son las sonrisas. 
Lujo son los abrazos y los besos. 
Lujo es disfrutar cada amanecer. 
Lujo es el privilegio de amar y de estar vivos. 
Lujo es tener la conciencia tranquila y paz en el alma.
Lujo es tener fe y esperanza.
Todo eso es un lujo y no lo sabíamos… 
¡Gracias, Dios Padre, por darnos la oportunidad de descubrirlo y agradecerlo!

sábado, 18 de julio de 2020

No hay envidia sana

¿Por qué hay gente que siente envidia? La envidia no es más que el síntoma de una enfermedad llamada ‘inferioridad’. 

No hay envidia sana, la envidia es envidia y eso no es bueno. El envidioso es un ser perturbado por su obsesión. La envidia está catalogada dentro de las emociones negativas, es decir, aquellas que nos dan una sensación de inquietante malestar, el resentimiento, la inferioridad o los celos nos corroe el ánimo. Además de estar comparándote, implica un deseo frustrado por lo que el otro tiene, un sentimiento de inferioridad ante el envidiado, tristeza de las propias carencias, angustia, resentimiento comparativo, rencor...

jueves, 16 de julio de 2020

Sigue conduciendo

Una joven conducía junto con su padre y se toparon con una tormenta. La joven le preguntó a su padre: 
 —¿Qué debo hacer? 
Su padre le dijo: 
 —Sigue conduciendo. 
Los coches se iban parando en la orilla de la carretera porque la tormenta estaba empeorando. 
¿Qué debo hacer papá? 
Sigue conduciendo—, respondió de nuevo su padre. 
Más adelante adelantaron a un tráiler que también estaba parando en la orilla. Ella le dijo: 
 —Papá, debo detenerme. El temporal no amaina y todo el mundo se está deteniendo. 
Su padre insistía: 
 —No, tú sigue conduciendo. 
La tormenta cada vez era más fuerte pero ella obedecía a su padre, y de pronto pudo ver un claro más adelante. Después de un par de kilómetros volvió a estar en una zona tranquila, calmada y con sol. Entonces le dijo su padre: 
Ahora puedes parar y salir. 
Ella sorprendida dijo: 
 —¿Pero, por qué ahora? 
Él contestó: 
Cuando salgas, mira atrás, todas las personas que se rindieron todavía están en medio de la tormenta, tú no te rendiste y tu tormenta ha quedado lejos. 

Si estás pasando por ‘tiempos difíciles’, recuerda, aunque todos los demás, incluso los más fuertes se detengan o se den por vencidos, tú sigue adelante, porque pronto tu tormenta terminará y el sol brillará y resplandecerá otra vez sobre ti… 

martes, 14 de julio de 2020

Comienza por ti

La vida es hermosa cuando damos y recibimos amor, pero, comienza siempre por ti. No te limites por miedo a que los demás no te correspondan, no te culpes por haber dado lo que nacía de ti. Sin embargo, asegúrate de que ese caudal interno se dirija siempre a ti en primera instancia. 
Ama, y hazlo sin medida, pero ámate incondicionalmente primero. El único error que cometemos no es dar mucho, sino olvidarnos de darnos antes a nosotros mismos. 
Cuídate de entregárselo todo a alguien porque entonces quedarás vacío. Asegúrate de ser tu prioridad, de nutrirte y colmarte primero del amor, el perdón, la lealtad y la confianza que ofreces a los otros. 
Sería absurdo pedirle al sol que no brille, al viento que no sople y a las mareas que se detengan. Del mismo modo, es ilógico impedirte dar, amar, confiar y disfrutar. 
Das mucho porque eres mucho y esto es así con independencia de lo que te devuelvan...

domingo, 12 de julio de 2020

Mantener la calma


Aprender a mantener la calma en el día a día resulta fundamental para enfrentar de forma adecuada las situaciones de estrés, las discusiones con otros e incluso para tomar decisiones acertadas en momentos en los que estamos bajo presión. Pero la realidad es que no siempre resulta sencillo hacerlo, y que algunos escenarios pueden llevarnos al límite y afectar nuestra capacidad de autocontrol.

miércoles, 8 de julio de 2020

Tejedor de realidades

Cuentan que la curiosidad hizo que un niño descubriese la vital importancia de ayudar a crear entornos de paz, amor, luz y consciencia, tejiendo sabiamente con los colores del alma. 
Abuelo, ¿puedo preguntarle por qué cada tarde lo veo sentado en este banco de la plaza sonriendo en dirección al Sol?— preguntó tímidamente el niño mientras miraba al abuelo esperando respuesta. 
El abuelo inclinó lentamente su cabeza, hizo una breve pausa, lo miró con gran ternura y con mucha paz le respondió: 
Estoy tejiendo. 
El niño sonrió.
 —¿Cómo que está tejiendo abuelo — le dijo —, si no veo que tenga lanas de colores ni tampoco grandes agujas? 
Tejo realidades —, mencionó el anciano. 
— Puede que parezca que aquí sentado no hago nada — continuó —, sin embargo, permaneciendo en calma hago que mi corazón cree un entorno armónico. También bendigo con mis pensamientos e intenciones a todos los que pasan por esta plaza para que tengan el mejor de sus días. Así es como voy tejiendo. Siempre los saludo con amor, les sonrío con franqueza y si los veo medio caídos levanto mi bastón y les digo: “vamos que se puede”. También le pido a los pájaros que me ayuden a darles fuerzas cantando, porque sus maravillosos sonidos revitalizan y sanan. 
El niño estaba absolutamente asombrado. No podía creer lo que escuchaba, estaba acostumbrado a oír insistentemente que cuando uno se vuelve viejo ya no sirve para nada. 
En esta luminosa tarea de ayudar a crear entornos armónicos no estoy sólo—, remarcó el abuelo. Y extendiendo de par en par sus brazos exclamó— ¡Mira la belleza que irradian los árboles, huele el maravilloso perfume que sin pedirnos nada a cambio nos comparten las flores. Contempla el incansable trabajo de esas abejas, observa con cuánta libertad juegan los perros. Siente cómo te acaricia el viento! La existencia, a su modo también está tejiendo. En mi caso disfruto tejiendo con hebras de luz, por eso cada tarde abro mi corazón para que los rayos del Sol entren, me acaricien y se anclen en el suelo junto con mis sentimientos más puros, de manera que la Madre Tierra sienta cuánto la amo. 
Por último, el anciano destacó: 
Sin importar la edad que se tenga, todos podemos ayudar a tejer el entramado de un mundo más consciente, sensible, solidario y humano haciendo que nuestras mejores intenciones viajen más allá de las fronteras. También podemos irradiar mucho amor para que las heridas se cierren, los corazones se abran y que cada uno alcance su máximo potencial descubriendo el poder transformador de las cosas simples. 
Los ojos del niño comenzaron a brillar. El abuelo se acercó a su nieto y con una sonrisa le dio un cálido abrazo. 
Cuentan que el sol alumbró aún más fuerte para sumarse al encuentro. Y en ese instante a modo de agradecimiento, el niño le susurró: 
Me voy a casa abuelo. Tengo que ir a contarle todo esto a mi mamá, porque ella que es de las personas a quién más quiero en este mundo, todavía teje usando lana y aguja. 
Julio Andrés Pagano

sábado, 4 de julio de 2020

Perdonar no es olvidar


Perdonar es, no guardar resentimiento ni responder con reciprocidad cuando se recibe un agravio de una persona. Perdonar no significa olvidar, sino aceptar lo que pasó sin que duela... 

Hay que aprender a perdonar porque es imposible caminar con las heridas abiertas. Perdonar es permitirnos comenzar de nuevo y recuperar nuestra paz interior para ser feliz. No hay que actuar como si la persona no hubiera cometido la ofensa. Recordemos que Dios le perdonó al rey David sus graves pecados, pero no lo libró de las consecuencias. Además, Dios hizo que los pecados de David se pusieran por escrito para que se conocieran en la actualidad. (2 Samuel 12:9-13).

miércoles, 1 de julio de 2020

Sana nuestros recuerdos

Cuando le pedimos al Espíritu Santo que sane nuestros recuerdos, no tenemos que pensar solo en lo que nos han hecho los demás. A veces sufrimos más por lo que hemos hecho nosotros mismos. 
Los remordimientos son recuerdos dolorosos de errores que hemos cometido; errores que nos llevan a despreciarnos a nosotros mismos, y así nos hacen sentir indignos de vivir. Si no los curamos, los remordimientos no desaparecerán con el paso del tiempo. 
Podremos disimularlos con la actividad o las distracciones; pero ni bien tengamos un momento de soledad o de silencio, volverán a torturarnos. Y si escapamos de la soledad, aparecerán igualmente, en medio de una conversación o de un pasatiempo, impidiéndonos disfrutar de lo que estamos viviendo. O aparecerán en medio del trabajo y nos harán sentir que lo que hacemos no vale la pena, porque ya no es posible modificar el pasado. 
Esos sentimientos quitan la alegría, el entusiasmo, la iniciativa. Son como una mancha que parece arruinarlo todo. Pero no se puede volver atrás para borrar lo que pasó. 
Lo mejor es pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a reconciliarnos con nosotros mismos, que nos dé su amor para comprendernos y perdonarnos con ternura. Porque de nada nos sirve despreciarnos o culpar a otros de nuestras acciones. Dios no quiere eso. Sólo quiere que perdonemos nuestro pasado y marchemos hacia adelante con alegría y esperanza. 
A veces es necesario pedir durante un tiempo al Espíritu Santo, la gracia de perdonarnos a nosotros mismos, porque solo él puede tocar y sanar nuestras angustias más profundas y él nos va liberando poco a poco, a medida que le abrimos nuestro corazón. 
Ven Espíritu Santo a sanar nuestros recuerdos, nuestros remordimientos y a reconciliarnos con nosotros mismos.
Ven Espíritu Santo. ¡Ven…!