viernes, 27 de febrero de 2015

De ti depende

Si pudiéramos cambiar:
La mentira por la verdad.
El recibir por el dar.
El odio por el perdón.
La duda por la fe.
La envidia por la aceptación.
La intolerancia por la paciencia.
La dureza por la flexibilidad.
El miedo por el coraje.
El desistir por el perseverar.
Las palabras de más por la prudencia.
La soberbia por la humildad.
La burla por la piedad.
El conformarse por el progresar.
El ocio por el trabajo.
Los sueños por su realización.
La ambición desmedida por el honor…
Cambiarlo… depende de ti.

jueves, 26 de febrero de 2015

El manzano

Esta es la historia de un manzano y un niño. Para el niño el manzano era su amigo de juegos y se pasaba el día jugando a su alrededor. Pero el pequeño creció y se alejó de su compañero. Pasado un tiempo, ya convertido en un muchacho, regreso junto al árbol y al verlo le dijo:
¿Juegas conmigo?
Pero el muchacho respondió:
Ya no soy el niño de antes, lo que ahora quiero son juguetes y no tengo dinero para comprarlos.
—Mira, coge todas mis manzanas y las vendes —le contestó el árbol.
Cogió las manzanas y se marchó, dejándolo solo otra vez.
Transcurrieron unos años y ya hecho un hombre, volvió bajo su sombra protectora.
¿Vienes a jugar conmigo? —le preguntó el manzano.
No tengo tiempo, he de trabajar para mantener a mi familia. Necesito una casa. ¿Puedes ayudarme?
Y éste le respondió:
Yo te puedo ayudar, coge mi madera y construye tu casa.
Y así lo hizo.
Pasaron muchos, muchos años sin que el manzano supiera nada de su amigo, pero un día se acercó un anciano con bastón, el árbol lo reconoció y le dijo:
Ya no tengo nada que ofrecerte, pero puedes apoyarte en mi seco tronco para que descanse tu cansado cuerpo.

Ésta podría ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres que a lo largo de la vida nos lo dan todo y nos apoyan siempre sin pedir nada a cambio.

miércoles, 25 de febrero de 2015

No te pude esperar

Una vez un hombre muy afortunado había conseguido la mejor entrevista de su vida: Iba a entrevistar ni más ni menos que a Dios.
Esa tarde el hombre llegó a su casa dos horas antes, se arregló con sus mejores ropas, lavó su automóvil e inmediatamente salió de su casa. Conducía por la avenida principal rumbo a su cita, pero en el trayecto cayó un gran aguacero y como consecuencia obligó a paralizar el tráfico, formándose un embotellamiento circulatorio. El tiempo transcurría, eran las 7:30 y la cita era a las 8:00 p.m.
De pronto le tocaron en el cristal de la ventanilla y vio a un niño de unos nueve años que le ofrecía clínex. Buscó unas monedas en su bolsillo y cuando se dispone a entregarlas, el niño no está. Miró hacia el suelo y ahí estaba con un ataque de epilepsia. Rápidamente el hombre cogió al niño y lo puso en el asiento trasero de su coche y tocando el claxon, le iban abriendo paso y con mucha sangre fría, pudo salir del atasco dirigiéndose al Hospital más cercano.
En urgencias contó lo que pasó, pidió que lo atendiesen de la mejor forma posible, se disculpó con el doctor y salió corriendo para tratar de llegar a su cita con Dios. Sin embargo el hombre llegó 10 minutos tarde y Dios ya no estaba. El hombre se ofendió y le reclamó al cielo:
—Dios mío, pero tú te diste cuenta, no llegué a tiempo porque tuve que atender al niño. No me pudiste esperar. ¿Qué significan 10 minutos para un ser eterno como Tú?
Desconsolado se quedó sentado en su coche. De pronto lo deslumbró una luz y vio en ella la carita del niño a quien auxilió. Vestía el mismo suetercito deshilachado, pero ahora tenía el rostro feliz e iluminado.
En ese momento el hombre escuchó una voz en su interior: «¡Hijo mío, no te pude esperar… y salí a tu encuentro!».

Nos quejamos de que nuestros días son muy cortos, pero actuamos como si fueran eternos.

martes, 24 de febrero de 2015

Autodescubrimiento

Búscate. Descúbrete. El autodescubrimiento te ayuda a ser un poquito más feliz cada día. Es un retorno a la ciudad de la alegría, el lugar de la luz de donde procedemos. Un lugar por donde caminar sin prisas para encontrar en el silencio la paz deseada.

Mantén buenas relaciones con todas las personas, pero con aquellas que van sembrando la discordia, en cuanto sea posible y sin rendirte, háblale con sinceridad de sus malas acciones.

Enuncia la verdad de una manera serena y clara y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante; también ellos tienen su propia historia.

Esquiva a las personas hipócritas y mentirosas, y a las ruidosas y agresivas pues son un fastidio para el espíritu.

Eres un ser único. Nunca te compares con los demás, puede que te amargue porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.

Disfruta de lo que te rodea. Agradece lo que tienes, no envidies a nadie. Los ricos también lloran y esa riqueza puede que esté sucia. Sé humilde, ser humilde no es ser pobre, pobre lo son muchos ricos. No pierdas el interés en tu propia carrera, márcate objetivos, serán tus éxitos y tu verdadero tesoro.

La vida está llena de heroísmo. Sé sincero contigo mismo pero no finjas el afecto y, no seas cínico en el amor, pues en medio de todos los desengaños es perenne como la hierba.

Acata dócilmente el consejo de los años. Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja de las inesperadas adversidades. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.

Sé disciplinado pero benigno contigo mismo. Tú eres una criatura del Universo, por tanto, tienes derecho a existir. Y lo aceptes o no, el Universo marcha como debiera. Por eso debes estar en paz con Dios, sea cual sea la idea que tú tengas de Él, y sea cual sea tus proyectos, para poder conserva la paz de tu alma en la bulliciosa confusión de la vida…

Al nacer, todo ser humano emprende una búsqueda que supone el regreso a los orígenes, pero antes debe transcurrir el tiempo terrenal. Un tiempo incierto del que no eres dueño, y, aunque tus sueños no se cumplan y te rodee alguna penalidad, el mundo sigue siendo hermoso.

¡Vive! ¡Esfuérzate por ser feliz!

lunes, 23 de febrero de 2015

El hijo

Un hombre rico y su hijo tenían gran pasión por el arte. En su amplia colección había desde Picasso hasta Rafael. Muy a menudo se sentaban juntos a admirar las grandes obras, pero desgraciadamente el hijo tuvo que ir a la guerra y murió. Fue muy valiente, murió mientras rescataba a otro soldado. El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo.
Un mes más tarde, justo antes de la Navidad, alguien tocó a la puerta. Era un joven que portaba un paquete y dijo al padre:
Señor, usted no me conoce, yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida. Ese día él salvó muchas vidas. Me llevaba a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho y murió en el acto. Él hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte.
En ese momento el muchacho extendió los brazos y le entregó el paquete.
Yo sé que esto no es mucho. No soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera mi humilde obsequio.
El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo pintado por el joven soldado. Lo embargó una profunda admiración el ver que el soldado había captado en el retrato la personalidad de su hijo. Estaba tan atraído por la expresión de los ojos de su hijo, que los suyos se llenaron de lágrimas. Le agradeció el detalle al soldado y se ofreció a pagarle por el cuadro.
¡Oh no, Señor!, yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mí. Esto es un regalo. 
El padre colgó el retrato sobre la repisa de su chimenea. Cuando los visitantes llegaban a su casa les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa colección.
Meses más tarde murió el padre y se anunció una subasta de todas las pinturas que poseía. Mucha gente importante acudió con grandes expectativas de hacerse con un famoso cuadro… Sobre la plataforma estaba el retrato de «El hijo». El subastador golpeó su mazo para dar inicio a la subasta.
Empezaremos los remates con este retrato de «El hijo». ¿Qué ofrecen por este retrato?
Hubo un gran silencio. Entonces una voz del fondo de la habitación gritó:
Queremos ver las pinturas famosas, olvídese de esa.
Sin embargo, el subastador persistió:
¿Alguien ofrece algo por esta pintura? ¿$100…$200?
Otra voz gritó con enojo:
No venimos por esa pintura, venimos por los Van Goghs, los Rembrandts… ¡Vamos a las ofertas de verdad!
Pero aun así el subastador continuaba su labor:
«El hijo». «El hijo»… ¿Quién se lleva «El hijo»?
Finalmente se oyó una voz desde atrás, era el viejo jardinero del padre y del hijo. Siendo un hombre muy pobre, lo único que podía ofrecer eran $10.
Ofrecen $10. ¿Quién da $20…? —gritó el subastador.
Los presentes se estaban impacientando, porque nadie quería la pintura de «El Hijo». Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones. El subastador golpeó por fin el mazo:
Nadie ofrece más…Va una, van dos. ¡Vendida por $10!
Todos pensaron que ya podían pujar por la colección, pero el subastador soltó su mazo y dijo:
Lo siento mucho, damas y caballeros, pero la subasta llegó a su final.
Pero… ¿y las pinturas? —dijeron los interesados llenos de estupor.
Lo siento —contestó el subastador—. Cuando me llamaron para conducir esta subasta, se me informó de un secreto estipulado en el testamento del dueño. Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso momento. Solamente la pintura de «El hijo» sería subastada. Aquel que la aceptara heredaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas. El hombre que aceptó quedarse con «El hijo» se quedó con todo. Quién ama al Hijo ama al Padre y todas sus posesiones serán para él.

viernes, 20 de febrero de 2015

Un día aprendí

Un día, la vida me golpeó tan fuerte que aprendí a resistir.
Un día, me mintieron de tal forma que me dolió y entonces aprendí a ir siempre de frente con la verdad.
Un día, me falló quien menos imaginaba y entendí que las promesas hay que cumplirlas y de los actos hacerse cargo.
Por eso a veces es necesario dejar que el tiempo ponga a cada uno en su sitio, aunque cueste o duela…
El mejor guerrero no es el que triunfa siempre sino el que vuelve sin miedo a la batalla.

jueves, 19 de febrero de 2015

El verdadero amor

Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando éste se apaga en lugar de entrar en la hueca monotonía del matrimonio. El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente:
Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi madre bajaba las escaleras para prepararle el desayuno a mi padre y sufrió un infarto. Cayó desvanecida… Mi padre corrió y la levantó como pudo y con gran esfuerzo la subió a la camioneta y a toda velocidad la llevó al hospital, pero cuando llegó por desgracia ya había fallecido.
Durante el sepelio mi padre no habló ni una palabra y su mirada estaba como perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordábamos hermosas anécdotas familiares, rememorando la figura de mi madre.
Mi padre apenado pidió a mi hermano teólogo, que le dijera dónde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte y nos explicaba cómo sería ese Paraíso dónde nuestra madre estaría hasta que nos volviéramos a reencontrar. Mi padre escuchaba con gran atención. De pronto pidió:
—Llévenme al cementerio.
—Pero, papá, ¡son las 11 de la noche, no podemos ir al cementerio ahora!
Alzó la voz temblorosa y con los ojos nublados de lágrimas rogó:
—No discutan conmigo por favor. No discutan con el hombre que acaba de perder a su esposa y compañera durante 55 años.
Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y con una linterna llegamos a la tumba. Mi padre la acarició, lloró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos:
—Fueron 55 buenos años, ¿saben? Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer como ella —hizo una pausa y se limpió las lágrimas—. Ella y yo estuvimos juntos en la crisis que nos afecto por falta de trabajo. Hicimos juntos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver crecer a nuestros hijos hasta terminar sus carreras y somos felices porque nos han regalado nietos. Juntos hemos llorado la partida de nuestros seres queridos. Rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales. Nos apoyamos en el dolor y el sufrimiento. Nos abrazamos en cada Navidad, y nos perdonamos nuestros errores. Hijos, ahora se ha ido y estoy contento, y ¿saben por qué?, porque se fue antes que yo. No tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera…
Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló:
—Todo está bien hijos, podemos irnos a casa. Ha sido un buen día.
Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. El cariño verdadero dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, más bien se vincula al trabajo y al cuidado que se profesan dos personas realmente enamoradas y comprometidas.
Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Ese tipo de amor era algo que no conocían. Realmente hermoso…
El verdadero amor dura toda la vida y es uno de los más grandes tesoros que podemos tener en nuestras vidas. El tiempo no espera a nadie. Atesora cada momento que puedas compartir con quienes amas.

miércoles, 18 de febrero de 2015

A ti que lo estas pasando mal

No llores por alguien que te hizo daño, sólo sonríe y dile: «Gracias por darme la oportunidad de encontrar a alguien mejor que tú».

No trates como TODO a quien te trata como NADA.

VALORA a quien te busque. QUIERE a quien te encuentre y sólo AMA a quien no te deje ir.

Sé valiente para decir adiós, la vida siempre te recompensará con un nuevo ¡hola! Recuerda que cada día es un nuevo comienzo.

Aprendamos del reloj que sin importar lo que haya pasado antes, todos los días arranca de cero.

No puedes hacer que alguien te ame, pero puedes hacer de ti mismo alguien a quien valga la pena amar.

Regala tu Sonrisa a quien la merezca. Tu Amor a quien lo valore. Tus Lágrimas a quien te acompañe y tu Vida a quien te ame.

Nunca te rindas, a veces la última llave es la que abre la puerta.

Ayer fue para aprender y mañana será la consecuencia lógica de lo que hoy puedas realizar.

Es el hoy lo que te interesa y lo que realmente merece toda nuestra atención.

martes, 17 de febrero de 2015

Globos

Hacía días que había llegado a la feria del pueblo un vendedor de globos que siempre tenía clientes alrededor, porque sabía cómo atraer su atención.
Un niño negro, que se pasaba las horas muertas delante de él, vio cómo soltaba un globo rojo, todos los presentes lo contemplaban mientras ascendía lentamente y se perdía por detrás del campanario de la iglesia. Aprovechando la expectación que se había creado, el vendedor de globos fue soltando, uno tras otro; un globo azul, después uno verde, más tarde uno amarillo y uno lila, otro blanco…
Todos remontaron el vuelo como había hecho el rojo empujados por una suave corriente de aire, se alejaban y se hicieron, a la vista, cada vez más y más pequeños, arrastrando tras de sí la mirada ilusionada de grandes y pequeños. Mientras todos miraban al cielo, el niño negro no perdía de vista un globo negro que el vendedor aún sujetaba en su mano. 
Tras armarse de valor, se acercó y le preguntó:
Señor, si soltara el globo negro, ¿subiría tan alto como los demás?
El vendedor entendiendo lo que realmente sentía el niño, soltó el globo y le respondió:
No es el color lo que los hace subir, hijo. Es lo que hay dentro. Porque, a pesar de las diferencias externas, por dentro todos somos iguales.

lunes, 16 de febrero de 2015

El caballo y el asno

Un hombre había emprendido un largo viaje en compañía de su caballo y de su asno. Mientras el caballo avanzaba ligero con el amo a cuestas, el asno apenas podía seguirles el paso porque le había tocado llevar toda la carga sobre su lomo. 
El pobre animal aguantó sin quejarse más de la mitad del camino, por pedregales y zonas desérticas bajo un sol de justicia. Sin embargo, hubo un momento en el que las fuerzas le fallaron y no pudo más. El asno se paró y le suplicó al caballo:
¡Amigo, ayúdame! ¡Por lo que más quieras, vamos a compartir mi pesada carga!
Pero el soberbio equino ni se dignó escuchar a su compañero de viaje y siguió adelante como si nada.
Unos metros más, el asno cayó al suelo extenuado casi sin respiración y falleció a los pocos segundos. El dueño enojado por aquel contratiempo, puso toda la carga sobre el caballo incluida la piel del asno que desolló allí mismo y montó para continuar su viaje.
El caballo lleno de rabia pensó:
¡Qué mala suerte tengo! Por no querer ayudar a mi amigo el asno, ahora me toca llevar toda la carga a mí solo.

Siempre hay que tender la mano a quienes piden ayuda; de no hacerlo así, el problema puede acabar siendo nuestro.

sábado, 14 de febrero de 2015

Ese ángel

Cuenta una antigua leyenda que un niño, próximo a nacer, le dijo a Dios:
—Me vas a enviar mañana a la tierra. Pero ¿cómo viviré allá, siendo tan pequeño, indefenso y débil?
—Entre los muchos ángeles escogí a uno que te espera con todo su amor y te colmará de felicidad —contestó Dios.
—Pero aquí en el cielo estoy muy bien, canto y sonrío y eso basta para mi felicidad. ¿Por qué dejar este lugar?
—Ese ángel te cuidará con ternura, te cantará y te llenará de besos todos los días y te sentirás muy feliz con sus abrazos y dulzura.
—¿Y cómo entenderé cuando me hablen si no conozco el extraño idioma de los hombres?
—Ese ángel sonriendo te hablará y te enseñará las palabras más dulces y amorosas que saben decir los seres humanos.
—¿Y, qué haré cuando quiera hablar contigo?
—Ese ángel juntará tus pequeñas manos y te enseñara a orar.
—He oído decir que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?
—Ese ángel te defenderá aunque le cueste la vida misma.
—Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor. Sin verte me sentiré muy solo y desorientado.
—Ese ángel te hablara de Mí y te mostrará el camino para volver a mi presencia —le dijo Dios.
El niño entonces preguntó:
—¿Dime su nombre, Señor.
Y Dios le contesto:
—Ese ángel se llama, MAMÁ.

Valoremos a nuestro Ángel, ese ser tan especial y maravilloso que se desvive cada día por nosotros. Entreguémosle de corazón todo el amor y el respeto que realmente se merece.

viernes, 13 de febrero de 2015

Dar y recibir

Un hombre, profesional y muy trabajador, llevaba tiempo en el paro. Se pasaba el tiempo llamando a las puertas buscando trabajo, y ya estaba desesperado por no encontrar empleo. Una mañana despertó y se dio cuenta de que en sus bolsillos solo le quedaba dinero para poder comer ese día y pensó que a partir de entonces, solo le quedaba esperar la hora de morir porque era demasiado orgulloso como para pedir limosna.
Compró su comida y en cuanto se sentó a comer, un anciano y dos niños pequeños se le acercaron y le pidieron que les diera comida, ya que no habían comido en casi una semana. El hombre los miró y les dio pena. Estaban tan flacos que sus ojos se habían hundido y sus huesos sobresalían. La compasión lo conmovió y le entregó la comida que se disponía a comer. Agradecidos el anciano y los niños oraron para que Dios le diera bendiciones y prosperidad, y le regalaron una moneda muy antigua que llevaban.
Sin dinero, sin empleo y sin comida, el hombre se fue debajo de un puente a dejar pasar el tiempo y a esperar la hora de su muerte.
Abandonado a su suerte, estaba a punto de quedarse dormido cuando vio un viejo periódico en el suelo. Lo levantó y de repente leyó un anuncio dónde pedían a quienes tuvieran monedas antiguas, que se las llevaran que estaban dispuestos a comprarlas. Sobre la marcha decidió ir a ese lugar con la moneda antigua que el anciano le había dado hacía apenas una hora.
Al llegar mostró la moneda al anticuario y este gritó al ver el tesoro que tenía delante. Sacó un libro donde estaban las clasificaciones y valores de esas joyas y entusiasmado le mostró la foto, su moneda estaba valorada en unos 3 millones de dólares.
El hombre estaba muy emocionado. Cobró el valor de la moneda y salió en busca del anciano y los niños, pensando que todavía podían estar en la cantina donde los dejó comiendo, pero no los encontró. Le preguntó al cantinero y éste le dijo que no los conocía pero, que le habían dejado una nota. Rápidamente abrió la nota con la intención de averiguar dónde encontrarlos…
La nota decía: «Nos diste todo lo que tenías y te hemos recompensado con la moneda, firma: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo».

jueves, 12 de febrero de 2015

El círculo del odio

Cuando somos capaces de culpar a todos de todo lo que nos pasa, ese día lo convertimos en pesadilla.
Un día un director de empresa gritó a su delegado porque estaba enojado en ese momento. 
El delegado llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que gastaba demasiado porque había abundante comida en la mesa. 
Su esposa gritó a la empleada porque rompió un plato. 
La empleada dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar. 
El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la calle porque estaba obstaculizando su salida por la puerta. 
Esa señora fue al hospital para ponerse la vacuna y gritó al joven médico, porque le dolió que le curara la herida. 
El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado. 
Su madre, un manantial de amor y tolerancia, acarició sus cabellos diciéndole:
Hijo querido, prometo que mañana haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho, estás muy cansado y necesitas descansar bien toda la noche para que puedas recuperar la serenidad. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras limpias y perfumadas, para que la calidez te arrulle en paz y mañana te sentirás mucho mejor.
Bendijo a su hijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos…
En ese bendito momento, se interrumpió el CÍRCULO DEL ODIO porque topó con la TOLERANCIA, la DULZURA, el PERDÓN y el AMOR de una buena madre. Nunca te dejes atrapar por el círculo del odio, pon a tu servicio tus valores y virtudes para no ser atrapado por la espiral del mal.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La belleza del saludo

Esta es la historia que se cuenta de un hombre que trabajaba en una industria envasadora de carnes. Un día al término de su horario de trabajo, fue a uno de los refrigeradores para inspeccionar su funcionamiento, pero inesperadamente se cerró la puerta con el seguro y se quedó atrapado dentro. Golpeó fuertemente la puerta y empezó a gritar, pero nadie lo escuchaba. La mayoría de los trabajadores se habían retirado ya a sus casas y era casi imposible escucharlo por el grosor que tenía esa puerta.
Llevaba cinco horas en el refrigerador al borde de la muerte, pero de repente se abrió la puerta. El guardia de seguridad entró y lo rescató.
Después de esto le preguntaron al guardia el por qué se le ocurrió abrir esa puerta, siendo que los frigoríficos no eran parte de su rutina de trabajo.
Él explicó:
Llevo trabajando en esta empresa 35 años. Cientos de trabajadores entran a la planta cada día, pero él es el único que me saluda cuando llega en las mañanas y se despide de mí al marcharse. El resto de los trabajadores me tratan como si fuera invisible. Yo espero por su hola y su adiós cada día. Hoy me dijo ¡Hola! a la entrada, pero nunca escuché ¡Hasta mañana! Sabiendo que todavía no se había despedido de mí, pensé que debía estar en algún lugar del edificio, por eso lo busqué hasta encontrarlo…

Es hermoso saludar y que te correspondan con una sonrisa; una buena costumbre que está desapareciendo.

martes, 10 de febrero de 2015

La bolsa de carbón

Un día Pablito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre lo llamó y Pablito se acercó diciendo en forma irritada:
Papá, ¡te juro que tengo mucha rabia! Carlitos no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo. ¡Tengo ganas de matarlo!
Su padre, un hombre sencillo pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo que continuaba reprochando al compañero:
Imagínate que el estúpido de Carlitos me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.
El padre al ver que no se calmaba, se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, cogió una bolsa llena de carbón, la llevó hasta el final del jardín y le propuso lo siguiente:
¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte a la idea de que es Carlitos y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en la bolsa, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.
El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como el tendedero estaba algo alejado, pocos carbones acertaron a dar en la camisa. Cuando el padre regresó le preguntó:
Hijo, ¿qué tal te sientes?
—Cansado, pero contento, porque acerté dar con algún carbón a la camisa.
El padre tomó al niño de la mano y le dijo:
Ven conmigo, quiero mostrarte algo. 
Lo colocó frente a un espejo donde podía verse todo su cuerpo… ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:
Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseas a otros rebota contra ti perturbando tu paz. Por mucho que queramos incomodar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros.

Buena enseñanza de este padre, ciertamente es así, por eso:
Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras.
Ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones.
Ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos.
Ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter.
Y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá tu destino.

lunes, 9 de febrero de 2015

El divorcio

Un anciano llama a su hijo en Nueva York y le dice:
¡Siento arruinar estos días festivos, pero tengo que decirte que tu madre y yo nos estamos divorciando, 45 años de matrimonio y ya he aguantado suficiente!
—Papá, ¿qué estás diciendo? —grita el hijo.
El padre le explicaba:
No podemos seguir juntos, la convivencia se ha vuelto insoportable. Estamos hartos el uno del otro.
¿Por qué papá? !Si estaban de maravilla la última vez que fui a visitarlos!
—Hijo, ya estoy harto de hablar de esto y es caro hacerlo por teléfono, por favor encárgate de llamar a Hong Kong a tu hermana y cuéntale lo que pasa.
Frenético, el hijo llama a su hermana y ésta al enterarse explota en el teléfono.
¿Cómo diablos se están divorciando? ¡Yo me encargo de esto!
De inmediato ella llama a su padre y le grita:
No se divorcien aún. No hagan una sola cosa hasta que yo llegue. Voy a quedar con mi hermano y los dos estaremos ahí mañana. Hasta entonces, no hagan nada, ¿me oyes?
El hombre cuelga el teléfono y se dirige a su esposa:
Mi amor, lo conseguimos. Nuestros hijos estarán aquí en Navidad y se pagarán ellos el pasaje.

Es triste ver cómo unos padres necesitados de cariño, se ven obligados a llamar la atención de sus hijos porque esos egoístas ocupados en sus afanes no reparan en quienes les ofrecieron sus mejores años…

sábado, 7 de febrero de 2015

El amor y el tiempo

Erase una vez una isla paradisíaca en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre: el buen humor, la tristeza, la sabiduría, el orgullo, la tristeza, el amor…
Un día, los meteorólogos anunciaron la llegada de un tifón destructor que inundaría la isla. Entonces, todos se apresuraron a embarcarse y huir… todos, menos el amor, que permaneció allí hasta el último momento.
Cuando el agua había llegado al punto más elevado de la isla, el amor pidió auxilio. La riqueza pasó en un barco lujosísimo y el amor le dijo:
—Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?
—No hay sitio para nadie, porque todo está lleno de oro y plata —le respondió.
Entonces, el amor se dirigió al orgullo, que surcaba a toda vela el mar:
—Orgullo, ¿tienes un hueco para mí en tu nave?
A lo que éste, casi sin mirarle a la cara, contestó:
—Aquí no hay lugar para ti. Todo es aparentemente perfecto y arruinarías mi reputación.
Así fue preguntando a todos los que pasaban cerca hasta que un viejo le dijo:
—Ven, amor, te llevo conmigo.
Cuando llegó a tierra firme quiso agradecerle la ayuda, pero se marchó rápidamente. Al preguntarle a la sabiduría quién era aquel anciano generoso, ésta le dijo:
—Era el tiempo, el único que es capaz de comprender cuán importante es el amor en la vida.

viernes, 6 de febrero de 2015

Un país de vergüenza

Maniquí con traje y bolso de mano rodeado de cámaras que lo enfocan.

Un país es la nación por la que su gente trabaja, lucha y hasta expone su vida para defenderla. Yo, estoy orgullosa de mi país, España, del aire que respiro en mis Canarias, de la tierra que piso en mi isla Gran Canaria y del lugar donde nací, mi Juncalillo de Gáldar. Tengo un país maravilloso para extasiarme contemplando sus hermosos paisajes. Un país para gozarlo por su clima y por su ambiente acogedor. Un país fértil para comérselo por la gran variedad de alimentos que ofrece la tierra, pero su gente, alguna de su gente lo ha convertido en el país de la vergüenza.

jueves, 5 de febrero de 2015

Te deseo que...

Que el camino salga siempre a tu encuentro.
Que el viento vaya detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Que hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano y que vivas plenamente por el tiempo que tú quieras.
Que siempre recuerdes olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.
Que puedas recordar siempre olvidar a los familiares y amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles.
Que puedas olvidarte de los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones que recibes cada día.
Que siempre hayan palabras cálidas entre todos los que se cobijan bajo tu techo y que el camino siempre se abra a tu puerta.
Que la buena suerte te persiga y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, comida junto al fuego, risas que te consuelen en sintonía con quienes amas y que se colme tu corazón con todo lo que desees.
Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero.
Que vivas cien años, con un año extra para poder hacer y decir lo que te quede pendiente.
Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones.
Que no conozcas nada más que la felicidad desde este día en adelante.
Que el viento siempre esté detrás de ti, la lluvia te acaricie y la brisa te bese…
¡Así sea cada año y para siempre!

miércoles, 4 de febrero de 2015

Un café y una sonrisa

Quiero relatarles una linda experiencia… 
Soy madre de tres hijos de 14, 12 y 3 años, y recientemente terminé mi carrera universitaria. En la facultad de Sociología pude descubrir, gracias a la profesora, las cualidades con las cuales cada ser humano es agradecido.
Su último proyecto fue titulado «SONRÍE». Pidió a la clase que saliéramos y le sonriéramos a tres personas y documentáramos sus reacciones. Como yo soy una persona muy extrovertida y siempre sonrío, y a todos digo «hola», así que pensé que esto era «pan comido».
Tan pronto nos fue asignado el proyecto, una mañana fría de marzo, mi esposo, mi hijo pequeño y yo fuimos a McDonald’s, era la manera de compartir un tiempo de juego con nuestro hijo. Estábamos en fila esperando ser atendidos, cuando de repente todos se hicieron para atrás, incluso mi esposo. Yo no me moví ni una pulgada y un abrumador sentimiento de pánico me envolvió cuando di vuelta para ver qué pasaba. Cuando giré percibí un horrible olor a «cuerpo sucio» y junto a mí, vi que estaban parados dos hombres harapientos. Miré a la cara al hombre más bajo que estaba cerca de mí, él me sonreía y sus hermosos ojos azul cielo estaban llenos de la luz de Dios buscando aceptación. Dijo:
—Buen día —mientras contaba las pocas monedas que traía.
El acompañante manoteaba en un estado de ausencia; era un ser dependiente y su salvación era el que contaba las monedas. Contuve las lágrimas. La camarera le preguntó qué quería y él dijo:
—Café…, es todo, señorita —porque el dinero que tenía no le daba para más, ya que si les apetecía sentarse en el restaurante para calentarse un poco, tenían que consumir algo.
En ese momento, comprendiendo la triste situación de estos dos hombres y como un impulso, sentí la necesidad de abrazar a estos seres desvalidos. Todas las miradas se posaron sobre mí como juzgando mi acción. Sonreí y le pedí a la camarera que me diera dos desayunos más en bandejas separadas y caminé hacia la mesa donde estaban los dos hombres sentados, puse la bandeja en su mesa y mi mano sobre la mano fría del hombre pequeño; él me miró con lágrimas en los ojos y dijo:
—¡Gracias!
Me incliné dándole palmaditas en su mano y le dije:
—No lo hice por ustedes, Dios está aquí actuando a través de mí para darles esperanza.
Comencé a llorar mientras caminaba para reunirme con mi esposo e hijo, al sentarme mi marido sonrió y dijo:
—¡Es por eso que Dios te trajo hasta mí, cariño, para darme esperanza!
Por un momento nos tomamos de la mano y en ese instante supimos que fuimos bendecidos por la gracia para ser capaces de dar.
El día de nuestra última clase llegué a la universidad con esta historia en mano. Entregué mi proyecto y la profesora lo leyó. Entonces me miró y preguntó:
—¿Puedo compartir esto?
Yo asentí mientras ella pedía la atención de la clase. Comenzó a leer. Entonces me di cuenta que nosotros, como seres humanos y siendo parte de Dios, necesitamos compartir para sanar a la gente y para ser sanados.

martes, 3 de febrero de 2015

Auxilio en la carretera

Era las 11:30 p.m. de una noche tormentosa y una mujer de edad avanzada estaba parada en el arcén de una autopista, tratando de soportar tanto contratiempo. Su coche se había averiado y ella necesitaba desesperadamente llegar a su destino.
A pesar de la intensa lluvia, se puso en medio de la carretera decidida a detener al primer coche que pasara. Un joven se detuvo y se ofreció a ayudarla. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada, así que anotó la dirección del joven, le agradeció su amabilidad y se fue.
Siete días pasaron cuando tocaron a la puerta de la casa del joven. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a todo color le fue entregado por correo. Tenía una nota especial adjunta al paquete. Esta decía:
«Muchísimas gracias por ayudarme la otra noche en la autopista. La lluvia anegó no solo mi ropa sino mi espíritu. Entonces apareció Usted. Gracias a Usted pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente. Sinceramente, la Sra. García».
Toda ayuda se agradece, pero hay momentos que la valoras mucho más.

lunes, 2 de febrero de 2015

La mujer perfecta

Nasrudin y su amigo hacía mucho tiempo que no se veían y, mientras tomaban un té, hablaron de lo divino y de lo humano y rememoraron cómo habían transcurrido sus vidas. Omar le contó que era muy feliz con su mujer, que le había dado tres hijos maravillosos.
Como Nasrudin no explicaba nada sobre su estado civil, su buen amigo le preguntó:
Entonces, ¿nunca te has planteado casarte?
Tras permanecer un rato callado, le confesó:
En mi juventud decidí buscar a la mujer perfecta que tenía en mi mente. Crucé las dunas del desierto, llegué a Damasco y allí conocí a una muchacha muy religiosa y de gran belleza, pero que no tenía ningún interés por las cosas de este mundo. Un tiempo después, atraído por los jardines del palacio de Chehel Sotún, encaminé mis pasos a otra gran ciudad, Isfahan. Paseando, encontré una mujer que conocía lo material y lo espiritual, pero desgraciadamente no era bonita. Entonces, viajé a El Cairo. Allí, uno de mis mejores clientes me invitó a cenar en su casa donde me sentaron al lado de una joven preciosa, religiosa y conocedora de todo lo terrenal.
¿Y te casaste con ella? —le preguntó ilusionado Omar.
A lo que Nasrudin respondió:
¡Ah!, compañero, lamentablemente ella también soñaba con un hombre perfecto.
¿Y quién no sueña con un ser perfecto para compartir la vida?