«'Dichosos los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios'. Son verdaderamente pacíficos aquellos que, en medio de todas las cosas que
padecen, conservan por el amor de Nuestro Señor Jesucristo, la paz del alma y
del cuerpo». San Francisco
de Asís.
¿Puede haber algo tan fuerte y sólido y, al mismo tiempo, ser
tan frágil y etéreo como es la paz? La paz cuando existe es razón de muchas
cosas buenas, pero en un pestañeo puede hacerse pedazos. Y es que, mientras
exista un corazón no pacificado, la paz siempre estará expuesta y la violencia
y desazón será una amenaza constante.









