«La
envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual»:
Acertada reflexión de Miguel de Unamuno.
En
esta cita, Unamuno estaba hablando de la necesidad humana de sobrevivir y de
cómo esa necesidad no terminaba necesariamente con mantenernos vivos, sino que
también queríamos dejar algo atrás. El
escritor llevaba este razonamiento al terreno del reconocimiento. Al ser humano
no siempre le basta con existir: quiere permanecer de alguna forma en los
demás, ocupar un lugar en su memoria y evitar caer en el olvido.
La envidia es un veneno que pudre un cuerpo carente de alma. Se cree que es un sentimiento arraigado al individualismo y al egoísmo o un pecado capital. Unamuno señala que el envidioso no es aquel que desea lo que el otro tiene, sino que desea que el otro no lo tenga, una «carencia del alma que se alimenta del fracaso ajeno». Seguramente se llevaría las manos a la cabeza si escuchara el término que habla de tener «envidia sana».









