En psicología, el temperamento es el "lienzo" con
el que se nace, y el carácter es la "obra" que se construye sobre él.
La principal
diferencia radica en que el temperamento es innato y biológico, mientras que el
carácter se adquiere y moldea a lo largo de la vida a través del entorno, la
educación y las experiencias.
El temperamento, es la base biológica de la conducta. Está
determinado por la genética y el funcionamiento del sistema nervioso. Se
manifiesta de forma automática desde la infancia en forma de reacciones
emocionales, niveles de energía o sensibilidad a los estímulos. Por ser
hereditario, es muy difícil de modificar y permanece estable (por ejemplo,
nacer con una tendencia a ser más nervioso o más calmado).
El carácter, es la dimensión aprendida o moldeada. Se forja
durante el crecimiento y la madurez mediante la educación, los hábitos, la
cultura y las decisiones personales. A diferencia del temperamento, el carácter
se puede gestionar, entrenar y modificar conscientemente a lo largo de la vida
(por ejemplo, aprender a ser más paciente, tolerante o disciplinado).

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