“En aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de
nuevo se juntó tanta gente que no lo dejaban ni comer. Al enterarse su familia,
vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí”. (Mat. 3, 20-21).
La locura de Jesús. ¿Te han llamado loco alguna vez? A Jesús
sí, y fue porque, la Ley era su testimonio de vida, dejando al descubierto a los maestros de la Ley, que en sus enseñanzas no cumplían con los mandatos, y que Jesús actuara saliéndose de las normas de ellos, les enfurecía. Ya le pasó en la sinagoga de su pueblo, cuando proclamó el
cumplimiento de las profecías mesiánicas en su persona y quisieron despeñarlo
porque les contrariaba. (Lc 6, 16-29), y la cosa continuó con múltiples
amenazas de denuncia, porque, simplemente, irritaba a los jefes del pueblo y a
los muy piadosos con su predicación y actuación, aparentemente contrarias a las
leyes y tradiciones de su pueblo. Seguramente este fue el primer reto de Jesús:
tener que contrariar a sus seres más próximos y queridos para poder llevar a
cabo su misión. Tenía por fuerza que ser consecuente y chocar incluso con los suyos para hacer la voluntad del Padre. Y nosotros esteremos dispuestos a cargar con crítica y ser tenidos por locos por seguir las enseñanzas de Jesús, y de nuestros padres.







