Entre el tiempo de nacer y el tiempo de morir, está el reloj que marca el tiempo de vivir. “Tiempo de nacer tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado…” (Eclesiastés 3:2).
El significado bíblico de esta frase, refleja que cada etapa
de la vida tiene su momento determinado por Dios y forma parte del ciclo
natural de la existencia humana, y se afirma que hay un tiempo para cada
actividad bajo el cielo.
Según el rey Salomón, la vida está compuesta por ciclos y
estaciones, y Dios es la autoridad que determina el momento de cada evento,
desde el nacimiento hasta la muerte. Esto implica que tanto el inicio como el
fin de la vida tienen un propósito y un orden dentro del plan divino. Y mirando
retrospectivamente su vida y considerando la soberanía de Dios, el Rey Salomón
escribió estas palabras: "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere
debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir".
(Eclesiastés 3:1-2).









