Heráclito, el filósofo que lloraba: "Llorar limpia el alma y nos recuerda que sentir profundamente nos hace vivir más plenamente".
Heráclito, un filósofo de la Antigua Grecia, conocido como
“el melancólico” por su compromiso para escribir acerca de los sentimientos más
profundos del hombre. Por esa razón se le atribuyó la frase: “Llorar limpia el
alma y recuerda que sentir profundamente nos hace vivir más”
El sabio llora... Lo vamos a ver de la mano de uno de los primeros filósofos de
los que se tiene conocimiento, Heráclito. Ese sabio griego que puso el cambio
en el centro de la vida (“todo fluye”), el que dijo que nadie se baña dos veces
en el mismo río. Heráclito se ha hecho popular también como el filósofo que
llora. No tuvo una vida fácil, pese a que procedía de una familia aristócrata
de Éfeso. Quiso renunciar a su estatus social y centrarse en el estudio y la
meditación.
No se dedicó solo en buscar explicaciones cosmológicas.
También critica a su sociedad. No se mordía la lengua y se enfrentó a algunos
prohombres y pensadores de la época. No obstante, era de carácter frágil y el
aislamiento al que se sometió le llevó a recibir el sobrenombre del “filósofo
oscuro” o ese “filósofo llorón”. Las lágrimas dan vida. Se ha hecho una especie
de pareja simbólica por contraposición entre él y Demócrito, que sería el
filósofo sonriente. Una dualidad que la tradición ha convertido casi en una
pantomima. Dos maneras de mirar el mundo.
"Llorar limpia el alma
y nos recuerda que sentir profundamente nos hace vivir más plenamente". Llorar
tiene sentido y beneficio. El que llora se abre a todos sus sentimientos.
Heráclito replica a sus coetáneos que la mayoría de la gente oye, pero no
escucha." Quien llora percibe, siente más la vida", vendría a decir.
Llorar es sano y liberador. La hipocresía es creer que el
mundo solo es feliz con la sonrisa. Heráclito ya nos hacía entender que somos
seres complejos y que hemos de abrazar diferentes sentimientos. Cuántas veces
no habremos oído o incluso dicho “no llores”, ya está o ya ha pasado. Como si
llorar fuera un fallo de nuestro sistema, como si el cuerpo estuviera dando
aviso de una avería.
El lloro no es un aviso, aunque lo interpretamos muchas veces
como tal. Nos ocurre como con la fiebre. Si preguntas, la mayoría consideran la
fiebre un aviso de enfermedad. Es algo más importante. Es un mecanismo de
nuestro sistema inmune para defenderse y poner más difícil las cosas a los
microbios que nos invaden. Así que no corras a bajar la fiebre en cuanto
aparece y tampoco corras a querer frenar las lágrimas en cuanto surgen.
Es bueno llorar, ahora bien, ¿sirve para algo llorar? La psicología considera el lloro como una catarsis, como si las lágrimas fueran un desagüe perfecto. Hay que decir que el llanto no es solo descarga, también es una manera de comunicar y conectarse con otros. El llanto compartido puede acabar en sonrisa cómplice. Un estudio internacional confirmó que ver lágrimas incrementa la intención de ofrecer apoyo. Esto nos lleva a un matiz filosófico interesante. Aristóteles habló de la catarsis en el contexto de la tragedia. El arte que despierta pena e induce a la lágrima transforma algo dentro del espectador. (No confundir con las lágrimas de cocodrilo de los hipócritas, esas que falsamente muestran penas, pero el fin es convencerte sin que detectes su intención malévola de perjudicar a la persona que quiere dañar).
Volviendo a Heráclito, vemos que no estaba tan lejos de lo
que ha ido averiguando la ciencia. En el fondo, para conocer el alma humana no hacen
falta instrumentos modernos. Llorar puede ser una forma de higiene emocional
cuando cumple dos condiciones muy humanas. La primera es que no lo convirtamos
en un mandato. Ha de ser espontáneo. No vale “tengo que llorar para soltarlo
todo”. La segunda es que no se viva con vergüenza.
También hay un detalle que suele quedar afuera cuando se usa
la frase como slogan: El llanto no siempre llega por tristeza. Puede aparecer
por alivio, por cansancio acumulado, por emoción ante un recuerdo o por
empatía. En esos casos, la frase encaja porque no habla de 'dolor', habla de
intensidad. La cita no promete soluciones mágicas ni 'arregla' la vida, pero
propone un gesto: permitir que la emoción haga su recorrido, en vez de
convertirla en algo que hay que ocultar.
Reímos y lloramos de manera espontánea, pero lo cierto es que
detrás de estas simples acciones se esconde un mundo de sentimientos y
emociones. De hecho, desde hace décadas los psicólogos, neurólogos y
bioquímicos están estudiando ambas reacciones y ahora sabemos que tanto reír
como llorar ejercen un poderoso efecto sanador.
En la actualidad se sabe que el llanto emocional libera
hormonas como la oxitocina y endorfinas, además de hormonas del estrés.
Por ende, el llanto literalmente 'limpia' y relaja el cuerpo a nivel biológico,
“...y nos recuerda que sentir profundamente nos hace vivir más”. Esta sección
resuena con el existencialismo y la psicología humanista del siglo XX. Sostiene
la premisa de que una vida plena no se mide solo en años cronológicos, sino en
la profundidad de nuestras experiencias y emociones.
Reprimir el dolor adormece también nuestra capacidad de
sentir alegría. Aceptar el sufrimiento a través de las lágrimas es un
recordatorio de nuestra vulnerabilidad y, por extensión, de que estamos
verdaderamente conectados con el presente y con la realidad de la vida.
Llorar no te hace débil, te hace humano. Es una manera
natural de liberar lo que el cuerpo y la mente ya no pueden sostener.
Fotografía: Internet
.jpg)
No hay comentarios :
Publicar un comentario