La reflexión de Carl Jung, psiquiatra, sobre la autoestima y
la autonomía emocional que cobra fuerza hoy: “Quienes encuentran valor en sí
mismos dejan de mendigar reconocimiento externo”.
Para el psiquiatra Carl Jung, la autoestima y la autonomía
emocional radican en el autoconocimiento. Su famosa reflexión apunta a que
quien reconoce su propio valor intrínseco deja de mendigar validación externa.
Esto permite establecer vínculos de calidad basados en el respeto mutuo, en
lugar de depender de la aprobación de los demás para sentirse seguro.
“Quienes encuentran valor en sí mismos dejan de mendigar
reconocimiento externo”. Esta frase, sobre autoestima y validación externa, atribuida a Carl
Jung, no suena especialmente compleja, pero cuando se piensa un poco más
despacio resulta bastante incómoda. Sobre todo, porque señala algo que está más
presente de lo que parece en el día a día. No tanto en grandes decisiones, sino
en pequeños gestos que pasan casi desapercibidos.
La frase hace alusión a esa necesidad de validación que
aparece en momentos muy concretos: cuando se espera una respuesta, cuando se
duda si algo está bien hecho o cuando una opinión ajena pesa más de la cuenta.
No es algo nuevo, ni mucho menos extraño, sino que, de hecho, forma parte de la
forma en la que muchas personas se relacionan con su entorno sin darse cuenta
del todo, pero el problema no está en buscar reconocimiento, sino en depender
de él. Ahí es donde la reflexión empieza a tener sentido, porque obliga a
cambiar el foco. A dejar de mirar constantemente hacia fuera para intentar
entender qué ocurre cuando esa validación no llega o no es la esperada. Y eso,
aunque parezca simple, no siempre es fácil de asumir.
Buscar aprobación no tiene nada de raro. A todos nos gusta
que nos valoren, que alguien reconozca lo que hacemos o que confirme que vamos
en la dirección correcta. El problema aparece cuando ese reconocimiento deja de
ser algo puntual y pasa a convertirse en la base sobre la que se construye la
autoestima, algo que ocurre más veces de las que parece.
Cuando eso sucede, el equilibrio emocional se vuelve más
inestable. El estado de ánimo empieza a depender de factores externos que no
siempre se pueden controlar. Un comentario, una reacción o incluso el silencio
pueden cambiar la percepción que una persona tiene de sí misma. Y lo complicado
es que muchas veces esto se normaliza sin que llegue a cuestionarse.
Jung hablaba de la persona, una especie de máscara que se
utiliza para adaptarse al entorno. No es algo necesariamente negativo, porque
todos ajustamos nuestro comportamiento según la situación. El problema surge
cuando esa adaptación deja de ser algo puntual y se convierte en algo
constante, casi automático, hasta el punto de no distinguir bien dónde termina
esa máscara.
En ese punto, la identidad empieza a depender demasiado de
cómo se espera que uno actúe. No suele ser algo brusco, sino un proceso
gradual. Poco a poco se toman decisiones pensando más en la reacción de los
demás que en lo que realmente tiene sentido para uno mismo. Y eso, con el
tiempo, genera una sensación difícil de explicar, como si algo no terminara de
encajar.
Otro concepto clave en el pensamiento de Jung es la sombra,
que hace referencia a todas esas partes de uno mismo que se prefieren evitar
porque no encajan con la imagen que se quiere proyectar. Inseguridades,
errores, aspectos incómodos que se intentan ocultar o minimizar. Lo habitual es
pensar que ignorarlos es suficiente para que no influyan.
Pero no funciona así ya que cuanto más se evita esa parte,
más peso acaba teniendo en la forma de percibirse. No de manera evidente, pero
sí constante. Aceptar esas imperfecciones no significa conformarse, sino
entender que forman parte de la identidad. Y que el valor personal no depende
de mostrar solo lo que resulta más cómodo o aceptable.
El cambio que propone esta idea no es rápido ni especialmente
sencillo. Supone desplazar el centro de referencia desde el exterior hacia el
interior, algo que en la práctica cuesta más de lo que parece. Durante mucho
tiempo se aprende a medir el valor personal en función de lo que otros opinan,
por lo que romper con ese patrón implica cuestionar hábitos bastante
arraigados, pero lo importante es empezar a identificar hasta qué punto esa
necesidad de validación condiciona decisiones que, en teoría, deberían depender
solo de uno mismo. Ese pequeño cambio es el que, poco a poco, marca la
diferencia.
Aunque estas reflexiones tienen décadas, el contexto actual
las hace especialmente visibles. Las redes sociales han amplificado la
comparación constante y han convertido la aprobación en algo cuantificable. Es
fácil caer en la idea de que el valor personal puede medirse en números, en
reacciones o en comentarios, aunque en el fondo se sepa que no es así.
Esa sensación de evaluación continua termina influyendo más
de lo que parece. No hace falta que sea extrema. Basta con que esté presente de
forma constante para que acabe afectando a la forma en la que una persona se
percibe a sí misma. Por eso, construir una base interna más estable se vuelve
especialmente relevante en este contexto.
No se trata de ignorar a los demás. El planteamiento no es dejar de escuchar opiniones ni aislarse del entorno. Eso tampoco sería realista. El reconocimiento y el apoyo sigue teniendo valor y forman parte de las relaciones humanas, pero la diferencia está en no convertirlos en el único criterio para definir el propio valor. Cuando todo depende de esa validación externa, cualquier crítica o ausencia de respuesta se percibe como un problema mayor de lo que realmente es. En cambio, cuando existe una base interna más clara, segura y definida, esa opinión pierde peso sin dejar de ser relevante.
Nos queda claro que todos nos somos iguales y frente a los que te ven como rival, los valores y la seguridad en ti mismo, lo que es lo mismo, la autoestima personal, nos da la fortaleza para soportar los embates de los envidiosos que creen que con sus actos y chismes maliciosos pueden destruir tu reputación. La ética y moral forma parte de la dignidad personal y nadie podrá arrebatártela. Es un equilibrio que
no siempre es sencillo, pero que cambia bastante la forma de vivir estas
situaciones desagradables.
Fotografía: Internet

No hay comentarios :
Publicar un comentario