Cada mañana al despertarnos nos contemplamos y acicalamos frente
al espejo, desayunamos y partimos a nuestros quehaceres. No parece haber nada
de extraordinario en esto; pero, sin darnos cuenta estamos emprendiendo una de
las tareas más asombrosas de nuestra vida, nos preparamos para el encuentro con
los demás. Toda nuestra jornada está destinada a crear relaciones, a trazar
lazos que nos permitan ser Hombres. ¡Sí! Digo ser Hombres, pues sólo ante la
presencia del otro nos descubrimos, sólo con los ojos del otro nos vemos. Somos
seres para el encuentro, estamos llamados a la apertura a los demás. Pero, ¿qué
significa abrirnos a los demás? La respuesta no es otra que crear lazos con
nuestros semejantes, que nos permitan comprendernos. Pues el hombre, ser para
el encuentro, comprende su misterio cuando encuentra al otro y crea con él una
relación interpersonal. Ante la trascendencia del tú nos descubrimos como
personas, justamente por eso la verdad más profunda del hombre es su relación
con los otros. Existir es co-existir.






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