De la erupción de un volcán nos llama la atención la fuerza con que lanza la lava incandescente a miles de metros de altura y cae formando ríos humeantes. Esto puede ser un espectáculo en un lugar deshabitado, pero cuando le circunda viviendas se convierte en una tragedia difícil de olvidar y difícil de recuperar el espacio por donde pasa las lenguas de fuego. Eso esta pasando en estos momentos en la isla de la Palma. Hace seis días que un volcán en erupción ha sembrado el pánico por varios pueblos colindantes, y toda Canarias vive consternada al ver el dolor de miles de familias que han tenido que abandonar sus casas y la lava las va sepultando a su paso, dejando un panorama aterrador y a las familias desoladas, llenas de angustia y desesperación al ver que lo han perdido todo: su vida, su esfuerzo, sus sueños y esperanzas, sus recuerdos, todo desaparece de la faz de la tierra. La estela de la lava cambia la fisonomía del paisaje y por dónde pasa no crecerá la hierba.





