jueves, 12 de febrero de 2015

El círculo del odio

Cuando somos capaces de culpar a todos de todo lo que nos pasa, ese día lo convertimos en pesadilla.
Un día un director de empresa gritó a su delegado porque estaba enojado en ese momento. 
El delegado llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que gastaba demasiado porque había abundante comida en la mesa. 
Su esposa gritó a la empleada porque rompió un plato. 
La empleada dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar. 
El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la calle porque estaba obstaculizando su salida por la puerta. 
Esa señora fue al hospital para ponerse la vacuna y gritó al joven médico, porque le dolió que le curara la herida. 
El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado. 
Su madre, un manantial de amor y tolerancia, acarició sus cabellos diciéndole:
Hijo querido, prometo que mañana haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho, estás muy cansado y necesitas descansar bien toda la noche para que puedas recuperar la serenidad. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras limpias y perfumadas, para que la calidez te arrulle en paz y mañana te sentirás mucho mejor.
Bendijo a su hijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos…
En ese bendito momento, se interrumpió el CÍRCULO DEL ODIO porque topó con la TOLERANCIA, la DULZURA, el PERDÓN y el AMOR de una buena madre. Nunca te dejes atrapar por el círculo del odio, pon a tu servicio tus valores y virtudes para no ser atrapado por la espiral del mal.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La belleza del saludo

Esta es la historia que se cuenta de un hombre que trabajaba en una industria envasadora de carnes. Un día al término de su horario de trabajo, fue a uno de los refrigeradores para inspeccionar su funcionamiento, pero inesperadamente se cerró la puerta con el seguro y se quedó atrapado dentro. Golpeó fuertemente la puerta y empezó a gritar, pero nadie lo escuchaba. La mayoría de los trabajadores se habían retirado ya a sus casas y era casi imposible escucharlo por el grosor que tenía esa puerta.
Llevaba cinco horas en el refrigerador al borde de la muerte, pero de repente se abrió la puerta. El guardia de seguridad entró y lo rescató.
Después de esto le preguntaron al guardia el por qué se le ocurrió abrir esa puerta, siendo que los frigoríficos no eran parte de su rutina de trabajo.
Él explicó:
Llevo trabajando en esta empresa 35 años. Cientos de trabajadores entran a la planta cada día, pero él es el único que me saluda cuando llega en las mañanas y se despide de mí al marcharse. El resto de los trabajadores me tratan como si fuera invisible. Yo espero por su hola y su adiós cada día. Hoy me dijo ¡Hola! a la entrada, pero nunca escuché ¡Hasta mañana! Sabiendo que todavía no se había despedido de mí, pensé que debía estar en algún lugar del edificio, por eso lo busqué hasta encontrarlo…

Es hermoso saludar y que te correspondan con una sonrisa; una buena costumbre que está desapareciendo.

martes, 10 de febrero de 2015

La bolsa de carbón

Un día Pablito entró a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto. Su padre lo llamó y Pablito se acercó diciendo en forma irritada:
Papá, ¡te juro que tengo mucha rabia! Carlitos no debió hacer lo que hizo conmigo. Por eso, le deseo todo el mal del mundo. ¡Tengo ganas de matarlo!
Su padre, un hombre sencillo pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al hijo que continuaba reprochando al compañero:
Imagínate que el estúpido de Carlitos me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él se enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.
El padre al ver que no se calmaba, se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, cogió una bolsa llena de carbón, la llevó hasta el final del jardín y le propuso lo siguiente:
¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte a la idea de que es Carlitos y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en la bolsa, hasta el último pedazo. Después yo regreso para ver como quedó.
El niño lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones pero como el tendedero estaba algo alejado, pocos carbones acertaron a dar en la camisa. Cuando el padre regresó le preguntó:
Hijo, ¿qué tal te sientes?
—Cansado, pero contento, porque acerté dar con algún carbón a la camisa.
El padre tomó al niño de la mano y le dijo:
Ven conmigo, quiero mostrarte algo. 
Lo colocó frente a un espejo donde podía verse todo su cuerpo… ¡Qué susto! Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:
Hijo, cómo pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseas a otros rebota contra ti perturbando tu paz. Por mucho que queramos incomodar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros.

Buena enseñanza de este padre, ciertamente es así, por eso:
Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras.
Ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones.
Ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos.
Ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter.
Y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá tu destino.

lunes, 9 de febrero de 2015

El divorcio

Un anciano llama a su hijo en Nueva York y le dice:
¡Siento arruinar estos días festivos, pero tengo que decirte que tu madre y yo nos estamos divorciando, 45 años de matrimonio y ya he aguantado suficiente!
—Papá, ¿qué estás diciendo? —grita el hijo.
El padre le explicaba:
No podemos seguir juntos, la convivencia se ha vuelto insoportable. Estamos hartos el uno del otro.
¿Por qué papá? !Si estaban de maravilla la última vez que fui a visitarlos!
—Hijo, ya estoy harto de hablar de esto y es caro hacerlo por teléfono, por favor encárgate de llamar a Hong Kong a tu hermana y cuéntale lo que pasa.
Frenético, el hijo llama a su hermana y ésta al enterarse explota en el teléfono.
¿Cómo diablos se están divorciando? ¡Yo me encargo de esto!
De inmediato ella llama a su padre y le grita:
No se divorcien aún. No hagan una sola cosa hasta que yo llegue. Voy a quedar con mi hermano y los dos estaremos ahí mañana. Hasta entonces, no hagan nada, ¿me oyes?
El hombre cuelga el teléfono y se dirige a su esposa:
Mi amor, lo conseguimos. Nuestros hijos estarán aquí en Navidad y se pagarán ellos el pasaje.

Es triste ver cómo unos padres necesitados de cariño, se ven obligados a llamar la atención de sus hijos porque esos egoístas ocupados en sus afanes no reparan en quienes les ofrecieron sus mejores años…

sábado, 7 de febrero de 2015

El amor y el tiempo

Erase una vez una isla paradisíaca en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre: el buen humor, la tristeza, la sabiduría, el orgullo, la tristeza, el amor…
Un día, los meteorólogos anunciaron la llegada de un tifón destructor que inundaría la isla. Entonces, todos se apresuraron a embarcarse y huir… todos, menos el amor, que permaneció allí hasta el último momento.
Cuando el agua había llegado al punto más elevado de la isla, el amor pidió auxilio. La riqueza pasó en un barco lujosísimo y el amor le dijo:
—Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?
—No hay sitio para nadie, porque todo está lleno de oro y plata —le respondió.
Entonces, el amor se dirigió al orgullo, que surcaba a toda vela el mar:
—Orgullo, ¿tienes un hueco para mí en tu nave?
A lo que éste, casi sin mirarle a la cara, contestó:
—Aquí no hay lugar para ti. Todo es aparentemente perfecto y arruinarías mi reputación.
Así fue preguntando a todos los que pasaban cerca hasta que un viejo le dijo:
—Ven, amor, te llevo conmigo.
Cuando llegó a tierra firme quiso agradecerle la ayuda, pero se marchó rápidamente. Al preguntarle a la sabiduría quién era aquel anciano generoso, ésta le dijo:
—Era el tiempo, el único que es capaz de comprender cuán importante es el amor en la vida.

viernes, 6 de febrero de 2015

Un país de vergüenza

Maniquí con traje y bolso de mano rodeado de cámaras que lo enfocan.

Un país es la nación por la que su gente trabaja, lucha y hasta expone su vida para defenderla. Yo, estoy orgullosa de mi país, España, del aire que respiro en mis Canarias, de la tierra que piso en mi isla Gran Canaria y del lugar donde nací, mi Juncalillo de Gáldar. Tengo un país maravilloso para extasiarme contemplando sus hermosos paisajes. Un país para gozarlo por su clima y por su ambiente acogedor. Un país fértil para comérselo por la gran variedad de alimentos que ofrece la tierra, pero su gente, alguna de su gente lo ha convertido en el país de la vergüenza.

jueves, 5 de febrero de 2015

Te deseo que...

Que el camino salga siempre a tu encuentro.
Que el viento vaya detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Que hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano y que vivas plenamente por el tiempo que tú quieras.
Que siempre recuerdes olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.
Que puedas recordar siempre olvidar a los familiares y amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles.
Que puedas olvidarte de los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones que recibes cada día.
Que siempre hayan palabras cálidas entre todos los que se cobijan bajo tu techo y que el camino siempre se abra a tu puerta.
Que la buena suerte te persiga y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, comida junto al fuego, risas que te consuelen en sintonía con quienes amas y que se colme tu corazón con todo lo que desees.
Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja.
Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero.
Que vivas cien años, con un año extra para poder hacer y decir lo que te quede pendiente.
Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones.
Que no conozcas nada más que la felicidad desde este día en adelante.
Que el viento siempre esté detrás de ti, la lluvia te acaricie y la brisa te bese…
¡Así sea cada año y para siempre!

miércoles, 4 de febrero de 2015

Un café y una sonrisa

Quiero relatarles una linda experiencia… 
Soy madre de tres hijos de 14, 12 y 3 años, y recientemente terminé mi carrera universitaria. En la facultad de Sociología pude descubrir, gracias a la profesora, las cualidades con las cuales cada ser humano es agradecido.
Su último proyecto fue titulado «SONRÍE». Pidió a la clase que saliéramos y le sonriéramos a tres personas y documentáramos sus reacciones. Como yo soy una persona muy extrovertida y siempre sonrío, y a todos digo «hola», así que pensé que esto era «pan comido».
Tan pronto nos fue asignado el proyecto, una mañana fría de marzo, mi esposo, mi hijo pequeño y yo fuimos a McDonald’s, era la manera de compartir un tiempo de juego con nuestro hijo. Estábamos en fila esperando ser atendidos, cuando de repente todos se hicieron para atrás, incluso mi esposo. Yo no me moví ni una pulgada y un abrumador sentimiento de pánico me envolvió cuando di vuelta para ver qué pasaba. Cuando giré percibí un horrible olor a «cuerpo sucio» y junto a mí, vi que estaban parados dos hombres harapientos. Miré a la cara al hombre más bajo que estaba cerca de mí, él me sonreía y sus hermosos ojos azul cielo estaban llenos de la luz de Dios buscando aceptación. Dijo:
—Buen día —mientras contaba las pocas monedas que traía.
El acompañante manoteaba en un estado de ausencia; era un ser dependiente y su salvación era el que contaba las monedas. Contuve las lágrimas. La camarera le preguntó qué quería y él dijo:
—Café…, es todo, señorita —porque el dinero que tenía no le daba para más, ya que si les apetecía sentarse en el restaurante para calentarse un poco, tenían que consumir algo.
En ese momento, comprendiendo la triste situación de estos dos hombres y como un impulso, sentí la necesidad de abrazar a estos seres desvalidos. Todas las miradas se posaron sobre mí como juzgando mi acción. Sonreí y le pedí a la camarera que me diera dos desayunos más en bandejas separadas y caminé hacia la mesa donde estaban los dos hombres sentados, puse la bandeja en su mesa y mi mano sobre la mano fría del hombre pequeño; él me miró con lágrimas en los ojos y dijo:
—¡Gracias!
Me incliné dándole palmaditas en su mano y le dije:
—No lo hice por ustedes, Dios está aquí actuando a través de mí para darles esperanza.
Comencé a llorar mientras caminaba para reunirme con mi esposo e hijo, al sentarme mi marido sonrió y dijo:
—¡Es por eso que Dios te trajo hasta mí, cariño, para darme esperanza!
Por un momento nos tomamos de la mano y en ese instante supimos que fuimos bendecidos por la gracia para ser capaces de dar.
El día de nuestra última clase llegué a la universidad con esta historia en mano. Entregué mi proyecto y la profesora lo leyó. Entonces me miró y preguntó:
—¿Puedo compartir esto?
Yo asentí mientras ella pedía la atención de la clase. Comenzó a leer. Entonces me di cuenta que nosotros, como seres humanos y siendo parte de Dios, necesitamos compartir para sanar a la gente y para ser sanados.

martes, 3 de febrero de 2015

Auxilio en la carretera

Era las 11:30 p.m. de una noche tormentosa y una mujer de edad avanzada estaba parada en el arcén de una autopista, tratando de soportar tanto contratiempo. Su coche se había averiado y ella necesitaba desesperadamente llegar a su destino.
A pesar de la intensa lluvia, se puso en medio de la carretera decidida a detener al primer coche que pasara. Un joven se detuvo y se ofreció a ayudarla. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada, así que anotó la dirección del joven, le agradeció su amabilidad y se fue.
Siete días pasaron cuando tocaron a la puerta de la casa del joven. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a todo color le fue entregado por correo. Tenía una nota especial adjunta al paquete. Esta decía:
«Muchísimas gracias por ayudarme la otra noche en la autopista. La lluvia anegó no solo mi ropa sino mi espíritu. Entonces apareció Usted. Gracias a Usted pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente. Sinceramente, la Sra. García».
Toda ayuda se agradece, pero hay momentos que la valoras mucho más.

lunes, 2 de febrero de 2015

La mujer perfecta

Nasrudin y su amigo hacía mucho tiempo que no se veían y, mientras tomaban un té, hablaron de lo divino y de lo humano y rememoraron cómo habían transcurrido sus vidas. Omar le contó que era muy feliz con su mujer, que le había dado tres hijos maravillosos.
Como Nasrudin no explicaba nada sobre su estado civil, su buen amigo le preguntó:
Entonces, ¿nunca te has planteado casarte?
Tras permanecer un rato callado, le confesó:
En mi juventud decidí buscar a la mujer perfecta que tenía en mi mente. Crucé las dunas del desierto, llegué a Damasco y allí conocí a una muchacha muy religiosa y de gran belleza, pero que no tenía ningún interés por las cosas de este mundo. Un tiempo después, atraído por los jardines del palacio de Chehel Sotún, encaminé mis pasos a otra gran ciudad, Isfahan. Paseando, encontré una mujer que conocía lo material y lo espiritual, pero desgraciadamente no era bonita. Entonces, viajé a El Cairo. Allí, uno de mis mejores clientes me invitó a cenar en su casa donde me sentaron al lado de una joven preciosa, religiosa y conocedora de todo lo terrenal.
¿Y te casaste con ella? —le preguntó ilusionado Omar.
A lo que Nasrudin respondió:
¡Ah!, compañero, lamentablemente ella también soñaba con un hombre perfecto.
¿Y quién no sueña con un ser perfecto para compartir la vida?