
«Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra ¡ay, ay, ay!…» Canción de Cecilia.
España la malquerida, la denostada, vapuleada y sonrojada por los malajes de tanto reinos de taifa, cobardes vasallos que como gallos la picotean y la dejan tan desplumada y sin alas para volar, y las alforjas están vacías de parné y pan, dejando el hambre se van contentos… se van, se van.
No sé, no sé, con qué «talante» se puede despedir una persona dejando tras de sí los mayores desbarajustes y desaciertos, pero pretendiendo escabullirse se protege bajo el paraguas de la crisis mundial y así quedar libre de responsabilidad moral. Sepa usted que aunque se va con la garantía de tener los garbanzos en sobreabundancia, no va a quedar libre porque la historia se lo recordará por siempre. Sacudirse no le exime de las culpas.







