miércoles, 25 de mayo de 2016

Los monjes y la chica

Dos monjes peregrinaban de un monasterio a otro y durante el camino debían atravesar una vasta región formada por colinas y bosques.
Un día tras un fuerte aguacero llegaron a un punto del camino donde el sendero estaba cortado por un riachuelo convertido en un torrente a causa de la lluvia. Los dos monjes se preparaban para cruzar, cuando oyeron unos sollozos que procedían de detrás de un arbusto. Al acercarse comprobaron que se trataba de una chica que lloraba desesperadamente. Uno de los monjes le preguntó cuál era el motivo de su dolor y ella respondió que, a causa de la riada no podía cruzar el torrente sin estropear su vestido de boda y al día siguiente tenía que estar en el pueblo para los preparativos. Si no llegaba a tiempo, las familias e incluso su prometido se enfadarían mucho con ella.
El monje no titubeó en ofrecerle su ayuda y bajo la mirada atónita del otro religioso, la cogió en brazos y la llevó a la orilla. Ya en tierra firme la chica agradecida al monje sus favores, éste la despidió deseándole suerte y cada uno siguió su camino. Al cabo de un rato su compañero comenzó a criticarle por su actitud, especialmente por el hecho de haber tocado a una mujer infringiendo así uno de sus votos. Pese a que el monje acusado no se enredaba en discusiones y ni siquiera intentaba defenderse de las críticas, estas prosiguieron hasta que los dos llegaron al monasterio. Nada más ser llevados ante el Abad, el segundo monje se apresuró a relatar al superior lo que había pasado en el río, su acusación iba con la única intención de que su compañero de viaje recibiera un castigo, pero, tras haber escuchado los hechos el Abad sentenció:
Mira, él ha dejado a la chica en la otra orilla y tú aún la llevas contigo.

sábado, 21 de mayo de 2016

Los zapatos del campesino

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos querían y admiraban por su bondad y paciencia. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que estaba afanosamente, labrando la tierra. El alumno dijo al profesor:
—Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.
—Mi querido amigo —le dijo el profesor—, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.
Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El campesino terminó su tarea y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo. Se puso el abrigo y metió el pie en el zapato, pero al notar algo dentro se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Sorprendido se preguntaba qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar, luego miró a su alrededor pero no vio a nadie. Contento guardó la moneda en el bolsillo y se puso el otro zapato pero, su sorpresa fue doble al encontrar otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron: cayó de rodillas, levantó la vista al cielo y en voz alta pronunció una plegaria de agradecimiento; hablaba de su esposa enferma y de sus hijos que no tenían pan, y que gracias a una mano desconocida no morirían de hambre.
El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Ahora —dijo el profesor—, ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?
El joven respondió:
—Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía… «Es mejor dar que recibir».

viernes, 20 de mayo de 2016

La vida es corta ¡aprovéchala!

Los seres humanos deberíamos pensar profundamente acerca de nuestras acciones. Utilizamos la violencia, la ironía, la agresividad, la sorna y la burla para tratar de lograr nuestros objetivos. Pero no nos damos cuenta de que, con esos métodos son más difíciles de alcanzar.
Una sonrisa siempre puede lograr mucho más que el más fuerte de los gritos. Y basta con ponerse por un momento en el lugar de los demás para comprobarlo. ¿Preferimos una sonrisa o un insulto? ¿Preferimos una caricia o una bofetada? ¿Preferimos una palabra tierna o una sonrisa irónica? Pensemos que los demás seguramente prefieren lo mismo que nosotros… Entonces, tratemos a nuestros semejantes de la misma manera en la que nos gustaría ser tratados. Así veremos que todo será mejor. Que el mundo será mejor. Que la vida será mejor… Pero, nunca hagas a los demás lo que no quieras para ti.

jueves, 19 de mayo de 2016

El jilguero tímido

Una vez había un jilguero que por más que las demás aves le deban ánimos para que cantara, él se negaba a cantar, diciendo:
—No cantaré jamás, no deseo ser motivo de burlas.
Un día se acercó al jilguero un periquito y le dijo:
—No hay porque temer amigo jilguero, vamos a cantar y verás que nadie se burlará.
Pero el jilguero se negaba. Luego se acercó una cotorra y le recordó:
—Amigo jilguero, cierta vez te oí cantar en el bosque, dime ¿por qué no cantas ahora?
Pero el jilguero no cantaba. Más tarde le rondó un ruiseñor y con gran alegría empezó a entonar sus bellos cantos, pero al notar el desinterés del jilguero le preguntó:
—Mi querido jilguero, ¿qué te parece si cantamos juntos?, haremos un gran dúo.
Tímidamente el jilguero le contó sus razones por las que no cantaba, entonces le dijo el ruiseñor:
—Mira jilguero, cantes bien o mal es asunto tuyo, pero si no cantas ni para ti mismo no eres jilguero ni eres nada.
Cada cual posee sus propias cualidades; ni mejor ni peor que otras… Diferentes.

martes, 17 de mayo de 2016

El poder de la música

En la mitología griega Orfeo era el principal representante de las artes del canto y la lira. Su imagen se nos presenta a bordo de una nave con la lira en las manos tocando rodeado de aves y fieras amansadas como héroe liberador y potenciador de las criaturas. Mediante su música amansa y pacifica a todo ser viviente y hasta las plantas crecen exuberantes dando lo mejor de sí.
Es posible que Orfeo no fuese un personaje real, puede que los antiguos lo crearan para simbolizar el cambio hacia la superación de todos los seres. Con esta estampa se verifica lo de que: «la música amansa a las fieras». Pues, en la actualidad no precisamente las fieras necesitan ser amansadas, es la humanidad la que está falta de serenidad y sosiego que amanse la agresividad que les convierte en seres sin piedad.
En el presente se hace hincapié en la humanización y no creo que nadie desconozca que el género humano, dada su insuficiencia radical, debe trabajar en pos de su liberación. En ese intento ha apurado muchos siglos y en la actualidad se nos muestran como entregados al engaño, la crueldad y el cinismo, circunstancia que confirma esta necesidad de liberación de los instintos destructores que —en un movimiento contrario al de las criaturas instigadas por Orfeo— sacan bestialmente lo peor…

Orfeo trae la pacificación de todo lo viviente mediante su música, pues, que suene la música y dejémonos llevar de sus vibraciones para sentir que sentimos y se activen las emociones y nos libere de lastres que lastran las relaciones y la convivencia.

lunes, 16 de mayo de 2016

Nuestro reflejo

Caín y Abel estaban paseando por la montaña y llegaron a un precioso paraje en el que había un lago de aguas cristalinas. Abel vio unos peces bajo la superficie y se acercó a la orilla para observarlos mejor. A los pocos minutos, le comentó a su hermano:
—Aquí hay alguien más.
Aunque él lo ignoraba, se trataba de su propio reflejo. Caín corrió a su lado y, temiendo que fuese alguien violento, cogió con fuerza su bastón y se asomó a las aguas. Viendo la reacción airada de la imagen del lago, se preparó para plantarle cara en una posible pelea. Por su parte, Abel percibió en la figura que había delante de él una amistosa sonrisa. Empezó a reírse a carcajadas y el misterioso ser del lago le respondió con el mismo gesto. De modo que, al alejarse de aquel rincón paradisíaco, Abel pensó: «¡Qué maravilla de lugar! Las gentes que habitan este lago son encantadores, amables y risueños».
Sin embargo, Caín huyó de allí contrariado y con ganas de no regresar jamás: «¡Qué violentos y salvajes son los seres de este lago!», exclamaba.

Esto mismo sucede en la realidad. Los demás son nuestro reflejo y según cómo actuemos, así será la reacción de las personas que nos rodean… Aunque hay casos de todo lo contrario, tú das besos y te dan tortas, pero, sigamos sonriendo para ver sonrisas.

domingo, 1 de mayo de 2016

Mi madre querida

Una niña en brazos de su madre.


La mujer madre es dadora de vida, por eso el amor de madre es sin duda el amor más altruista, generoso y abnegado, y muchas veces el menos valorado porque hay hijos que piensan que es su deber y no valoran su entrega y sacrificios por hacernos la vida más fácil. Todas las madres no son iguales como tampoco lo son todos los hijos, pero los hijos no podemos ser desagradecidos con quienes nos dieron la vida y se han desvivido por nosotros, porque una madre deja de vivir su vida para vivir la de su hijo.

jueves, 28 de abril de 2016

Orgullosas cicatrices

Era un día caluroso de verano y el niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta, se tiro al agua y nadaba feliz. Estaba tan a gusto que no se percató que un cocodrilo se le acercaba. Su madre desde la ventana de su casa, vio con horror la tragedia que se avecinaba. Alarmada gritó al niño para que saliera del agua, el niño asustado intentó huir del peligro pero era demasiado tarde. La madre salió apresurada y desde el embarcadero, agarró al niño por los brazos justo cuando el depredador atrapó las piernas entre sus dientes. La mujer tiraba con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la madre no se rendía, la determinación y el amor no la abandonaban. Un señor que escuchó los gritos se acercó al lugar y con una pistola mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron desgarros consiguió volver a caminar.
Pasado algún tiempo y recuperado del gran susto, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus piernas. El niño levanto los pantalones y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remangó las mangas de la camisa y señalando hacia las cicatrices de sus brazos le dijo:
—Las cicatrices que usted debe ver son estas, estas son las más importantes. Eran las marcas de las uñas de su madre, que al agarrarlo con tantas fuerza para liberarlo del cocodrilo, la presión le dejo unas enormes marcas.
—Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida.

Muchos van por la vida llevando las cicatrices de pasados dolorosos, es que a veces las circunstancias se imponen con crudeza. Otras veces son el resultado de las propias acciones y en estos casos, siempre tratan de echarle la culpa a los demás.

martes, 26 de abril de 2016

Recuerda dar gracias

Un alma recién llegada al cielo se encontró con San Pedro. El Santo llevó al alma a recorrer el cielo. Ambos observaban los grandes talleres llenos de ángeles. San Pedro se detuvo frente a la primera sección y dijo:
—Ésta es la sección de recibo. Aquí todas las peticiones hechas a Dios mediante la oración son recibidas.
El alma miró a la sección y estaba terriblemente ocupada con muchos ángeles clasificando peticiones escritas en voluminosas hojas de papel de personas de todo el mundo.
Ellos siguieron caminando hasta que llegaron a la siguiente sección y San Pedro le dijo:
—Esta es la sección de empaquetado y entrega. Aquí las gracias y bendiciones que pide la gente son empacadas y enviadas a las personas que las solicitaron. El alma vio cuán ocupada estaba. Había tantos ángeles trabajando en ella como tantas bendiciones estaban siendo empacadas y enviadas a la tierra. Finalmente, en la esquina más lejana del cuarto, el alma se detuvo en la última sección. Para su sorpresa, sólo un ángel permanecía en ella ocioso haciendo muy poca cosa.
—Ésta es la sección del agradecimiento —dijo San Pedro al alma.
—¿Cómo es que hay tan poco trabajo aquí? —preguntó el alma.
—Esto es lo peor —contestó San Pedro—. Después que las personas reciben las bendiciones que pidieron, muy pocas envían su agradecimiento.
—¿Cómo se agradece las bendiciones que Dios nos concede?
—Simple —contestó San Pedro—. Solo tienes que decir: Gracias, Señor.

domingo, 24 de abril de 2016

Mírate tú primero

—Cuando mires a los que están a tu alrededor procura mirarte a ti mismo —dijo el maestro al discípulo.
—Pero, ¿no es una actitud egoísta? —cuestionó el discípulo—. Si nos preocupamos por nosotros mismos jamás veremos lo bueno de los demás.
—Ojalá siempre consiguiéramos ver las cosas buenas que posee nuestro prójimo —contestó el maestro—. Siempre que miramos con buenos ojos todo lo vemos bueno, pero cuando queremos hacer daño, miramos al hermano sólo buscando defectos y si no, los inventamos con falsos testimonios para hundirlo. Cuando intentamos descubrir una maldad, es porque deseamos que sea peor que nosotros. Con malas intenciones conseguimos herirlo adjudicándole actitudes y hechos falsos y afirmamos que decimos la verdad, cuando estamos intentando ocultar nuestra inferioridad. Fingimos que somos importantes para que nadie pueda ver nuestra fragilidad. Por eso siempre que estés juzgando a tu hermano ten conciencia de que eres tú quien está en el tribunal.