miércoles, 28 de febrero de 2018

Brecha generacional

Un día un joven le preguntó a su abuelo:
—¡Abuelo! ¿Cómo pudieron vivir antes...?
Sin tecnología.
Sin internet.
Sin computadoras.
Sin drones.
Sin bitcoins.
Sin celulares.
Sin Facebook.
El abuelo respondió:
—Al igual que tu generación vive hoy...
Sin oraciones.
Sin dignidad.
Sin compasión.
Sin vergüenza.
Sin honor.
Sin respeto.
Sin personalidad.
Sin carácter.
Sin amor propio.
Sin modestia.
Sin honra.
Nosotros, las personas nacidas entre 1950 y 1980 somos los bendecidos,
nuestra vida es una prueba viviente, porque...
Cuando montábamos en bicicleta no nos poníamos casco.
Íbamos en coche apretujados y sin cinturón de seguridad.
A la escuela íbamos caminando, hiciera sol o tronara y no nos llevaba mamá.
Después de la escuela, hacíamos los deberes y salíamos a jugar a la calle hasta el anochecer.
Jugábamos en contacto con amigos de verdad no con monigotes en internet.
Para saciar la sed, bebimos agua del caño, no agua embotellada.
Nunca nos pusimos enfermos compartiendo el mismo vaso con nuestros amigos, ni mordiendo el mismo bocadillo.
Nunca ganamos peso comiendo pan seco y platos de arroz todos los días.
Nunca usamos dietas ni suplementos para mantenernos saludables.
No le pasó nada a nuestros pies a pesar de andar descalzos.
Cuando nos caíamos nos levantábamos y las heridas se curaban al aire.
Nos entreteníamos haciendo juguetes y jugando con ellos.
Lo poco que teníamos lo compartíamos entre hermanos y amigos.
Nuestros padres nos educaron en valores. No eran ricos, pero nos dieron amor y disciplina, no caprichos materiales.
Nunca tuvimos teléfonos celulares, DVD, Play Station, Xbox, videojuegos, computadoras personales, internet... pero sí tuvimos amigos de verdad.
Visitábamos la casa de nuestro amigo sin haber sido invitados y disfrutamos de la comida con ellos.
Los familiares vivían cerca unos de otros, para ayudarse y disfrutar juntos.
Nuestras fotos eran pocas y en blanco y negro, pero puedes encontrar recuerdos con mucho color en esas fotos.
Somos una generación única; una generación comprensiva, porque somos la generación que escuchó a sus padres, y también la primera que tuvo que escuchar a sus hijos.
Como ves, somos una 'edición limitada'. ¡Disfrútanos y aprende de nosotros!

martes, 27 de febrero de 2018

Bendita inocencia

Él estaba acostumbrado a pagar por todo lo que quería. Se creía poderoso porque nada se le resistía. No en vano había heredado una fabulosa fortuna que le permitía cualquier clase de capricho. Todo su trabajo era buscar el modo de pasar la vida lo más placenteramente posible: “Ausencia de dolores, máximo placer”: ése era su lema. Desde niño siempre había hecho su voluntad. Los grandes esfuerzos de sus padres por educarle se estrellaban con un férreo muro de tozudez, con un salirse siempre con la suya hasta que éstos daban la batalla por perdida. ¿Amor? Lo desconocía. Mejor dicho, no lo entendía porque no era capaz de alcanzarlo. Pensaba que todos los de su alrededor estaban interesados egoístamente por él. Algunas lecturas le habían conducido, siendo ya mayor, a pensar firmemente que el amor es algo puramente biológico, celular, de reacciones químicas, sin mayor relieve; un instinto condicionado por el bagaje cultural recibido; reflejo no libre de la estructura animal de ese ser tan extraño que es el hombre.
Un buen día, paseando por una playa, vio sentado en la orilla a un niño casi desnudo, salvo por su pobre bañador, descolorido y en parte raído. Se lo quedó mirando y enseguida se dio cuenta de que él también lo miraba, con una sonrisa que estuvo a punto de calificarla de angelical, aunque inmediatamente reaccionó, pensando que ésa es la forma instintiva que los niños adoptan para que los mayores les hagan caso. Se acercó con cuidado, se agachó y le preguntó suavemente por lo que estaba haciendo. El niño contestó:
― Alcanzar el cielo.
Él, sorprendido, le hizo esta observación:
― Mira la línea del horizonte, donde se juntan el cielo y el mar, y verás que eso es imposible.
El niño la contempló unos momentos, y girándose volvió a mostrarle de nuevo su sonrisa angelical. Él, por su parte, se quedó pensativo: “Alcanzar el cielo… Le he dicho que es imposible… Aunque para mí nada hay imposible. ¿Cuánto costará ganar el cielo? ¿Lo sabrá este niño? Siendo un niño pobre sin ninguna fortuna… De todos modos, no pierdo nada si se lo pregunto”.
―Pequeño, escúchame, ¿cómo te llamas?
― Mi nombre es muy corriente. ¿Y tú?
― Me llamo Imperial. Ése fue el nombre de pila que eligieron mis padres, pues yo soy un hombre muy rico, ¿lo sabías?
― Sí.
― Pero si yo no te he dicho nada…
― Los niños sabemos muchas cosas que no creéis los mayores. Por ejemplo, yo sé cómo alcanzar el cielo y tú no.
― De eso se trata. Si me dices lo que vale el cielo te compraré lo que necesites: un bañador nuevo, una bonita piragua, aparejos para pescar, todo lo que te haga ilusión.
― A mí me ilusiona estar junto a mis padres. Ellos me quieren mucho.
― Pero, ¿cuánto cuesta el cielo? Dímelo si tan seguro estás de que sabes tantas cosas.
― El cielo no se puede comprar con dinero. Te lo regalan, aunque hay que poner un poquito de esfuerzo. Se posee cuando se llega. Parece muy lejano, pero existe un bote muy pequeño que sólo admite a los niños y puede llevarlos allí de un modo seguro y rápido. Yo estoy a punto de embarcar. ¡Mira, ya viene con el remero!
Al punto, como por ensalmo, el chico saludó al remero, se subió a la embarcación e hizo ademán de despedirse. A continuación, el hombre vio como el bote se adentraba en el mar, en dirección al horizonte infinito.
“Convertirse en niño significa vivir de acuerdo con una segunda inocencia: no la inocencia del recién nacido, sino la inocencia que se consigue haciendo opciones conscientes”.

lunes, 26 de febrero de 2018

El mendigo orgulloso de serlo

Un mendigo vivía en una aldea donde era muy conocido por dar sabios consejos y ayudar a la gente. A cambio, sólo pedía la voluntad. Su fama llegó hasta el Rey, quien decidió visitarle y quedó tan satisfecho con sus consejos, que le pidió que le acompañara a palacio y el mendigo se marchó a vivir con él. El Rey estaba tan encantando con la sabiduría de su nuevo asesor, que decidió prescindir de todos sus consejeros.
Un consejero resentido quiso saber de dónde sacaba la sabiduría su sustituto y decidió seguirle. Fue entonces cuando descubrió que éste se ausentaba todas las noches de palacio y quiso descubrir el misterio de su ausencia, y se llevó una gran sorpresa al ver que el mendigo se iba a una cabaña, se despojaba de sus ricos ropajes, dormía en el suelo sobre un lecho de paja y al día siguiente volvía al palacio antes del amanecer. El consejero le preguntó al mendigo por qué hacía eso, y esta fue la respuesta:
—Muy sencillo, lo hago para no olvidarme nunca del lugar de dónde vengo.
Y es que quién se olvida del lugar de donde viene, olvida parte de su esencia como persona.

sábado, 24 de febrero de 2018

Si te dan limón pide miel

Tal vez no lo sepas, pero es 100 % verdad:
Hay al menos 2 personas en este mundo que se morirían por ti.
Al menos 15 personas en este mundo te quieren de alguna forma.
La única razón por la que alguien te odiaría es porque quiere ser como tú.
Una sonrisa tuya le trae felicidad a todos, hasta a los que no les caes bien.
Todas las noches, alguien piensa en ti antes de irse a dormir.
Eres el mundo para alguien.
Eres una persona especial y única.
Alguien que tú no sabes que existe, te ama.
Cuando cometes un error muy grande, algo bueno sale de eso. 
Cuando pienses que el mundo se ha vuelto contra ti, míralo de otra manera.
Siempre acuérdate de los cumplidos que recibas.
Olvida los comentarios ofensivos.
Los grandes amigos no se pierden en pequeñas disputas, si se pierden, es porque no eran amigos y mucho menos grandes.
Y siempre recuerda que cuando la vida te traiga limones, pide té y miel, y, llámame…

viernes, 23 de febrero de 2018

Cuánto amor me llevo

Recuerda, te di amor.
Amor de mi misma vida.
Si sólo amor yo te di...
era del que yo tenía.
Amor puro y verdadero
que del alma me salía.
Todo era para ti;
mi flor, mi luz, mi alegría.
Cada día más te quiero.
Crecen mis sentimientos,
que ni siquiera la muerte
podrá apagar este fuego.
¡Cuánto amor yo te di! 
¡Cuánto amor yo me llevo! 
Seguirá ardiente y vivo
allá, en el universo.

jueves, 22 de febrero de 2018

Mira que nos miran

Mira, miro que nos miran.
Mira, nos están mirando.
No podemos ocultar
el fuego de enamorados.

Queremos que no se sepa,
no podemos ocultarlo.
Nuestros ojos nos delatan
porque hablan sin quererlo.

Mi cuerpo está temblando,
quiero correr a tus brazos
para fundirme en tu cuerpo
y llenarme con tus labios.

El corazón se acelera,
en mi pecho no me cabe.
Quiero gritarte ¡te quiero!
pero tengo que aguantarme.

Disimular no se puede
aunque la boca se calle.
Es la fuerza que nos une
por mucho que nos separen.

El amor es como el fuego
que arde sin consumir,
porque lo mantiene vivo,
la alegría de vivir.

miércoles, 21 de febrero de 2018

El ciervo

Era feliz en el monte
y de su harén se ocupaba,
pero un día los cazadores
acaban con su manada.

Lo sumen en el dolor
y a cada paso sangraba
aquella herida de muerte.
La soledad lo abrumaba.

Desesperado vagaba.
Clamaba a gritos venganza.
Su vida la destrozaron,
enterraron su esperanza.

Se deja ver por las lomas.
Al pueblo lo amenazaba
y la gente temerosa
del venado se alejaba.

Por la mismo razón que el ciervo
también un hombre vagaba.
Lo había olvidado todo
al creer muerta a su amada.

Pensando que su familia 
en el accidente moría,
al no poder aceptarlo 
loca su mente bullía.

Un día el hombre y el  
se cruzaron la mirada.
Sufrían la misma pena, 
perdieron a su enamorada.

Gracias a aquel encuentro
el ciervo logró perdonar.
Libre de rencor y cornamenta
del pueblo se pudo alejar.

El hombre recordó entonces
que tenía una familia,
y deseando abrazarla,
nace de nuevo la vida.

Celebrar las Letras

Retrato de Pino Ojeda.

21 de febrero, «Día de las Letras Canarias», lo celebramos con el orgullo de contar con excelentes escritores que traspasan fronteras. Aunque, tanto a los escritores de ayer como a los contemporáneos, no les ha sido fácil cruzar el atlántico y llegar a buen puerto con sus libros bajo el brazo.
Canarias ha sido tradicionalmente tierra de poetas, sin mermar a los novelistas, por eso hay que profesarle el agradecimiento a quienes lo han dado todo por estas Islas. Hay que tener en cuenta que, la literatura española, es una de las más rica del mundo, con la aportación de los autores canarios.

La literatura es una de las bellas artes que emplea la palabra como instrumento. En cada edición de las Letras Canarias celebramos la literatura y, por encima de todo, la memoria. La memoria de los que no están, pero bien que pudiera dedicarse a los que están. Canarias es cuna de grandes escritores, pero por desgracia, para poder alcanzar el reconocimiento de su pluma están obligados a salir de las Islas. Celebrar la literatura es traer a la memoria la lista de escritores (escritora y escritor) que contribuyen al enriquecimiento de la cultura canaria, es reconocer la hermosa labor de cultos obreros del arte de escribir.

martes, 20 de febrero de 2018

Mi barca

Mi barca está a la deriva; 
navega por la ribera.
El viento empuja a su antojo 
sin impedirlo su vela.

Aunque me aferro al timón;
ya no me sirve de nada.
No puedo enfilar mi rumbo.
Mi vida está acabada.

La noche se echa encima
y el miedo se apodera.
Mis fuerzas se agotaron; 
veo a la muerte que espera.

No importa que me mire,
le echo un pulso a la vida; 
demostrando fortaleza 
se puede dar por vencida.

Quiero gobernar mi barca
con mucha calma, sin prisas.
Respirar cada minuto.
Disfrutar de cada brisa.

Mi barca marcha serena
porque yo quiero gozar.
Navegando tendré vida,
y remando podré amar.

lunes, 19 de febrero de 2018

Callar...

Callar cuando acusan, es heroísmo.
Callar cuando insultan, es amor.
Callar las propias penas, es sacrificio.
Callar de sí mismo, es humildad.
Callar miserias humanas, es caridad.
Callar a tiempo, es prudencia.
Callar en el dolor, es penitencia.
Callar palabras inútiles, es virtud.
Callar cuando hieren, es santidad.
Callar para defender, es nobleza.
Callar defectos ajenos, es benevolencia.
Callar debiendo hablar, es cobardía.