Decía
Pablo Motos, hace un tiempo en su programa, que no hay nada más inteligente en
la vida que marcharse a tiempo. "De lo que sea. De un familiar que te hace
la vida imposible, de un matrimonio que hace aguas, de un amor que se acaba, de
una fiesta que empieza a ponerse penosa, de una adicción que nos esclaviza, de
un trabajo que nos desespera… marcharse a tiempo de cualquier lugar, persona o
cosa que nos amarga, que nos corta las alas y que no nos deja vivir es lo más
inteligente que se puede hacer". Aunque con una excepción. No tengo nada
claro que haya que marcharse a tiempo de la vida, porque la vida a veces nos
sorprende con un as en la manga cuando ya no esperamos nada de ella. Así que de
la vida mejor que nos echen a empujones, no vaya a ser que cuando ya te creas
que no aguantas más, te espere lo mejor". Escuchando este monólogo que el
periodista lanzaba tras su show de El Hormiguero se me venían a la cabeza un
millón de situaciones que vivimos últimamente y a las que podríamos aplicar
este discurso como el mejor remedio para corazones rotos.
En el
ámbito amoroso, es curioso cómo a pesar de que vivimos en una sociedad que se
cansa rápido de todo, hay un sentimiento generalizado de miedo a la soledad.
Hay una necesidad de compañía que, muchas veces, se confunde con amor y por
aferrarnos nos olvidamos de nosotros mismos y de disfrutar de la vida.
Aferrarse te lleva a sufrir, te hace gris y, en última instancia, te borra
hasta el ADN. Mejor no hablamos de quienes sufren maltrato (eso ya es llevarlo
al límite) porque nadie más que el abusador es el culpable, pero muchas
lágrimas se evitarían si aprendiésemos a alejarnos en ese preciso momento en el
que dejamos de sentirnos nosotros mismos.
Marcharnos
es la decisión más acertada. Dar un paso atrás a veces es la mayor muestra de
amor hacia ti y, ¿por qué no? hacia la persona, situación o cosa que ya no te
hace feliz. Si todos supiéramos poner distancia de por medio cuánto daño
evitaríamos. Dentro de unos días se conmemora el Día de la Mujer. El 8 de marzo
de 1908, 129 mujeres murieron en un incendio en una fábrica de Nueva York
porque decidieron "marcharse". Dejar de trabajar y ponerse en huelga
porque no querían vivir explotadas. Querían los mismos derechos que los
hombres. Ellas no dieron un paso atrás y hoy son el símbolo de la lucha por la
igualdad. No les importó perderlo todo por un ideal. Por ser quienes eran.
Mujeres valientes que aspiran a lo mismo que toda la humanidad: a ser felices,
en libertad y con las mismas oportunidades. Marcharse a tiempo cuando ya no
puedes más no debería ser una opción. Tendría que ser el camino.
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