jueves, 5 de marzo de 2026

Tu escuela...

 

“En la escuela de la vida, nadie te pregunta si quieres matricularte. Basta con nacer y ya estás matriculado.

No hay uniformes ni pupitres asignados. Y el curso escolar, nunca termina.

Lo curioso es que, en esta escuela, somos alumnos y profesores.

Pero el gran maestro es el tiempo: ese profesor exigente, paciente y a veces severo.

No avisa de los exámenes. Un día te despiertas y ahí está el examen en el pupitre. Y si no has estudiado, no tiene sentido pedir un nuevo examen.

Algunas materias son fáciles: el Amor, la Amistad, la Alegría. Otras requieren más esfuerzo: la Paciencia, la Tolerancia, el Perdón.

También hay materias que preferiríamos no cursar: el dolor, la pérdida, la soledad.

Pero es a través de ellas que el aprendizaje se profundiza.

El director de la escuela (a quien muchos llamamos Dios) tiene una forma muy particular de preparar las clases.

A veces enseña desde el cariño; otras, desde la dificultad. Y así acumulamos calificaciones, sin una libreta de notas, pero con un registro invisible en nuestros corazones.

En el conflicto, aprendemos a valorar la paz.

En la escasez, descubrimos lo suficiente.

Al presenciar la injusticia, practicamos la empatía.

Y en la vida diaria, aprendemos el difícil arte de amar al prójimo, una lección que algunos repiten durante años sin llegar a dominarla.

En esta escuela no hay vacaciones. No suena la campana para terminar el día. Cada día es una nueva lección.

Y quizás el diploma final sea la serenidad de mirar atrás y decir:

Aprendí. Cometí errores, pero aprendí. Viví la lección hasta el último capítulo”.  

Anónimo

 

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