“La vida es tan frágil que a veces olvidamos que lo único
seguro es el ahora. Hoy respiramos, reímos y abrazamos, pero mañana no tenemos
garantías. Por eso, no guardes amor en silencio ni cariño en espera, no vivas a
medias ni te aferres al orgullo. Atrévete a amar con locura, a equivocarte sin
miedo, a perdonar con el alma y a dejar huellas que hablen de lo que fuiste.
Cada error enseña, cada lágrima limpia y cada abrazo sana; lo que importa no es
cuánto duremos aquí, sino la intensidad con la que vivimos cada instante.” Dario Ambrosil.
La frase "en un instante cambia todo" encapsula la
idea filosófica de la impermanencia y la transformación repentina de la vida,
sugiriendo que un momento puede alterar drásticamente el curso de la
existencia, ya sea por una revelación personal (como la de Virginia Satir:
"Si yo cambio, todo cambia") o por eventos inesperados, invitando a
vivir plenamente y estar abiertos al cambio constante.
En un instante nos cambia la vida: Un diagnóstico, un accidente o una oportunidad pueden alterar la vida de forma abrupta, mostrando lo frágil que es la estabilidad.
“Es difícil mantenerse sereno cuando la vida nos golpea, pero a pesar de las lágrimas hay que sacar fuerzas de donde sea”. Benedetti.
Esperar, Recordar, Reflexionar y Disfrutar, son comportamientos que se han disminuido como consecuencia de la rapidez con que se pasa la vida. Uno ve lo rápido de la vida, cuando en los viajes deje de ver el destino para ver el camino. La meta se antoja un recorrido lento, pero el camino nos muestra la verdadera rapidez.
Vivimos en un mundo extraño, ya no sabemos si estamos en un
cambio de era, o en una era de cambios. En una sociedad difícil de entender,
quiero invitar a la reflexión sobre algo tan simple como la pequeña vela de
cumpleaños. Esa vela de cumpleaños de la infancia, que se apagaban mientras
pedías un deseo. Tenías que ser muy rápido para que la vela no se gastara
mucho, porque la vela se reusaba en muchos cumpleaños, antaño las guardaban en
cajas que eran de galletas, hasta otra ocasión.
Está claro que debemos disfrutar cada momento, encontrar el
valor de cada instante, por más rápido que este sea, observar, disfrutar,
quedar con imágenes en la mente, más que en el celular, para que cada uno de
los momentos especiales, se atesoren y guarden esencias de la propia vida. Como
aquellas velas, que hablaban de los cumpleaños de la infancia. Aprender de esas
velas es saber que no todo es la intensidad de un fuego, que ni calienta ni
alumbra, pero si brilla, Esas velas son el testimonio de una sociedad que
esperando algo simple, puede encontrar algo de valor.
Tengo el alto honor, el mayor honor al que alguien pueda aspirar,
el privilegio de tener nietos. Si a mis dos nietos pudiese en algo aconsejar para
que sigan en su camino y no se distraigan, seria esto, que no dejen de usar
velas cuyo pabilo nos recuerda aun el valor de un instante. Cuando dejamos de
desear solo queda el miedo, ni siquiera la soledad se queda, ella se va junto
con el deseo. Ni lo grande, lo rápido y lo popular merece el instante que
ofrece lo pequeño, lo lento y lo discreto, “el valor de un instante”.
Somos el resultado de un instante de nuestros padres, a partir de ahí, nos toca enfrentar retos constantes: la primera vacuna, los
primeros pasos, el primer tropiezo, el primer diente, el primer amor, las
vicisitudes diarias, etc.
Pero ¿alguna vez pensamos en el valor de un instante? —ciertamente
no, por eso las cárceles están llenas—, decía un pensador. Un análisis oportuno
y objetivo, pensado con la mente, no con el corazón, nos ahorraría problemas en
el futuro, pero hay instantes de instantes, claro. Un retraso puede ser la
clave de no haber perecido en un accidente o de habernos comprometido con algo
o alguien, un mal diagnóstico puede terminar con la vida de un paciente y demás
ejemplos podríamos citar. Un instante puede definir nuestra vida, a largo o
corto plazo.
El ritmo eclosionado de las aves nos devela una nueva
criatura, la crisálida hermosa nos traerá las nuevas mariposas. Todo puede
pasar en fracción de segundos, y no es hasta cuando algo sucede que se revela
nuestro verdadero yo, mientras tanto, nos desconocemos.
El poder de un instante no es definitivo, pero sí marca el
valor dado a nuestra palabra y a nuestro actuar. Es tan valioso como si
estaremos ahí cuando alguien nos necesite, dando lo mucho o poco que guarde
nuestro corazón.
En un instante el poeta desata el encanto de las palabras con
su ánimo introspectivo de los hechos. En un momento así, nació esta reflexión.
En un instante el rumbo de las cosas cambia, como reza el versículo bíblico: “Todo
lo podemos hacer, pero no todo nos conviene”.
¿Qué pasaría si valoraras cada instante de tu vida, que
pasaría si cada uno de estos instantes los usaras para contar tus bendiciones y
buscar soluciones? Cada instante de tu vida vale, porque tú vales mucho más de
lo que te puedas imaginar.
El instante es una reflexión sobre la naturaleza dinámica de la vida, la
capacidad de adaptación y la importancia de vivir el presente, ya que el mañana
es incierto y un simple instante puede ser el punto de inflexión que lo cambia todo.
Pensemos en instantes maravillosos. Que cada respiro te llene de paz. Que cada palabra sea sagrada. Que cada pensamiento sea para crear lo que te hace feliz. Que hoy y siempre tus días estén llenos de amor y agradecimiento.
El valor de cada instante... "La vida está hecha de momentos simples que, sumados, construyen nuestra historia. No siempre será fácil, pero cada desafío enseña, cada sonrisa sana, y cada día trae nueva oportunidad para comenzar de nuevo. Vivir es aprender, crecer y valorar el ahora, porque en cada instante, es donde la vida realmente sucede".
Fotografía: Internet

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