Si pudiéramos cambiar:
La mentira por la verdad.
El recibir por el dar.
El odio por el perdón.
La duda por la fe.
La envidia por la aceptación.
La intolerancia por la paciencia.
La dureza por la flexibilidad.
El miedo por el coraje.
El desistir por el perseverar.
Las palabras de más por la prudencia.
La soberbia por la humildad.
La burla por la piedad.
El conformarse por el progresar.
El ocio por el trabajo.
Los sueños por su realización.
La ambición desmedida por el honor…
Cambiarlo… depende de ti.
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viernes, 27 de febrero de 2015
jueves, 26 de febrero de 2015
El manzano
Esta es la historia de un manzano y un niño. Para el niño el manzano era su amigo de juegos y se pasaba el día jugando a su alrededor. Pero el pequeño creció y se alejó de su compañero. Pasado un tiempo, ya convertido en un muchacho, regreso junto al árbol y al verlo le dijo:
—¿Juegas conmigo?
Pero el muchacho respondió:
—Ya no soy el niño de antes, lo que ahora quiero son juguetes y no tengo dinero para comprarlos.
—Mira, coge todas mis manzanas y las vendes —le contestó el árbol.
Cogió las manzanas y se marchó, dejándolo solo otra vez.
Transcurrieron unos años y ya hecho un hombre, volvió bajo su sombra protectora.
—¿Vienes a jugar conmigo? —le preguntó el manzano.
—No tengo tiempo, he de trabajar para mantener a mi familia. Necesito una casa. ¿Puedes ayudarme?
Y éste le respondió:
—Yo te puedo ayudar, coge mi madera y construye tu casa.
Y así lo hizo.
Pasaron muchos, muchos años sin que el manzano supiera nada de su amigo, pero un día se acercó un anciano con bastón, el árbol lo reconoció y le dijo:
—Ya no tengo nada que ofrecerte, pero puedes apoyarte en mi seco tronco para que descanse tu cansado cuerpo.
Ésta podría ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres que a lo largo de la vida nos lo dan todo y nos apoyan siempre sin pedir nada a cambio.
miércoles, 25 de febrero de 2015
No te pude esperar
Una vez un hombre muy afortunado había conseguido la mejor entrevista de su vida: Iba a entrevistar ni más ni menos que a Dios.
Esa tarde el hombre llegó a su casa dos horas antes, se arregló con sus mejores ropas, lavó su automóvil e inmediatamente salió de su casa. Conducía por la avenida principal rumbo a su cita, pero en el trayecto cayó un gran aguacero y como consecuencia obligó a paralizar el tráfico, formándose un embotellamiento circulatorio. El tiempo transcurría, eran las 7:30 y la cita era a las 8:00 p.m.
De pronto le tocaron en el cristal de la ventanilla y vio a un niño de unos nueve años que le ofrecía clínex. Buscó unas monedas en su bolsillo y cuando se dispone a entregarlas, el niño no está. Miró hacia el suelo y ahí estaba con un ataque de epilepsia.
Rápidamente el hombre cogió al niño y lo puso en el asiento trasero de su coche y tocando el claxon, le iban abriendo paso y con mucha sangre fría, pudo salir del atasco dirigiéndose al Hospital más cercano.
En urgencias contó lo que pasó, pidió que lo atendiesen de la mejor forma posible, se disculpó con el doctor y salió corriendo para tratar de llegar a su cita con Dios. Sin embargo el hombre llegó 10 minutos tarde y Dios ya no estaba. El hombre se ofendió y le reclamó al cielo:
—Dios mío, pero tú te diste cuenta, no llegué a tiempo porque tuve que atender al niño. No me pudiste esperar. ¿Qué significan 10 minutos para un ser eterno como Tú?
Desconsolado se quedó sentado en su coche. De pronto lo deslumbró una luz y vio en ella la carita del niño a quien auxilió. Vestía el mismo suetercito deshilachado, pero ahora tenía el rostro feliz e iluminado.
En ese momento el hombre escuchó una voz en su interior:
«¡Hijo mío, no te pude esperar… y salí a tu encuentro!».
Nos quejamos de que nuestros días son muy cortos, pero actuamos como si fueran eternos.
martes, 24 de febrero de 2015
Autodescubrimiento
Búscate. Descúbrete. El autodescubrimiento te ayuda a ser un poquito más feliz cada día. Es un retorno a la ciudad de la alegría, el lugar de la luz de donde procedemos. Un lugar por donde caminar sin prisas para encontrar en el silencio la paz deseada.
Mantén buenas relaciones con todas las personas, pero con aquellas que van sembrando la discordia, en cuanto sea posible y sin rendirte, háblale con sinceridad de sus malas acciones.
Enuncia la verdad de una manera serena y clara y escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante; también ellos tienen su propia historia.
Esquiva a las personas hipócritas y mentirosas, y a las ruidosas y agresivas pues son un fastidio para el espíritu.
Eres un ser único. Nunca te compares con los demás, puede que te amargue porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de lo que te rodea. Agradece lo que tienes, no envidies a nadie. Los ricos también lloran y esa riqueza puede que esté sucia. Sé humilde, ser humilde no es ser pobre, pobre lo son muchos ricos. No pierdas el interés en tu propia carrera, márcate objetivos, serán tus éxitos y tu verdadero tesoro.
La vida está llena de heroísmo. Sé sincero contigo mismo pero no finjas el afecto y, no seas cínico en el amor, pues en medio de todos los desengaños es perenne como la hierba.
Acata dócilmente el consejo de los años. Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja de las inesperadas adversidades. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.
Sé disciplinado pero benigno contigo mismo. Tú eres una criatura del Universo, por tanto, tienes derecho a existir. Y lo aceptes o no, el Universo marcha como debiera. Por eso debes estar en paz con Dios, sea cual sea la idea que tú tengas de Él, y sea cual sea tus proyectos, para poder conserva la paz de tu alma en la bulliciosa confusión de la vida…
Al nacer, todo ser humano emprende una búsqueda que supone el regreso a los orígenes, pero antes debe transcurrir el tiempo terrenal. Un tiempo incierto del que no eres dueño, y, aunque tus sueños no se cumplan y te rodee alguna penalidad, el mundo sigue siendo hermoso.
¡Vive! ¡Esfuérzate por ser feliz!
lunes, 23 de febrero de 2015
El hijo
Un hombre rico y su hijo tenían gran pasión por el arte. En su amplia colección había desde Picasso hasta Rafael. Muy a menudo se sentaban juntos a admirar las grandes obras, pero desgraciadamente el hijo tuvo que ir a la guerra y murió. Fue muy valiente, murió mientras rescataba a otro soldado. El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo.
Un mes más tarde, justo antes de la Navidad, alguien tocó a la puerta. Era un joven que portaba un paquete y dijo al padre:
—Señor, usted no me conoce, yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida. Ese día él salvó muchas vidas. Me llevaba a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho y murió en el acto. Él hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte.
En ese momento el muchacho extendió los brazos y le entregó el paquete.
— Yo sé que esto no es mucho. No soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera mi humilde obsequio.
En ese momento el muchacho extendió los brazos y le entregó el paquete.
— Yo sé que esto no es mucho. No soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera mi humilde obsequio.
El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo pintado por el joven soldado. Lo embargó una profunda admiración el ver que el soldado había captado en el retrato la personalidad de su hijo. Estaba tan atraído por la expresión de los ojos de su hijo, que los suyos se llenaron de lágrimas. Le agradeció el detalle al soldado y se ofreció a pagarle por el cuadro.
—¡Oh no, Señor!, yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mí. Esto es un regalo.
El padre colgó el retrato sobre la repisa de su chimenea. Cuando los visitantes llegaban a su casa les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa colección.
El padre colgó el retrato sobre la repisa de su chimenea. Cuando los visitantes llegaban a su casa les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa colección.
Meses más tarde murió el padre y se anunció una subasta de todas las pinturas que poseía. Mucha gente importante acudió con grandes expectativas de hacerse con un famoso cuadro… Sobre la plataforma estaba el retrato de «El hijo».
El subastador golpeó su mazo para dar inicio a la subasta.
—Empezaremos los remates con este retrato de «El hijo». ¿Qué ofrecen por este retrato?
Hubo un gran silencio. Entonces una voz del fondo de la habitación gritó:
—Queremos ver las pinturas famosas, olvídese de esa.
Sin embargo, el subastador persistió:
Sin embargo, el subastador persistió:
—¿Alguien ofrece algo por esta pintura? ¿$100…$200?
Otra voz gritó con enojo:
—No venimos por esa pintura, venimos por los Van Goghs, los Rembrandts… ¡Vamos a las ofertas de verdad!
Pero aun así el subastador continuaba su labor:
—«El hijo». «El hijo»… ¿Quién se lleva «El hijo»?
Finalmente se oyó una voz desde atrás, era el viejo jardinero del padre y del hijo. Siendo un hombre muy pobre, lo único que podía ofrecer eran $10.
—Ofrecen $10. ¿Quién da $20…? —gritó el subastador.
Los presentes se estaban impacientando, porque nadie quería la pintura de «El Hijo». Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones.
El subastador golpeó por fin el mazo:
—Nadie ofrece más…Va una, van dos. ¡Vendida por $10!
Todos pensaron que ya podían pujar por la colección, pero el subastador soltó su mazo y dijo:
—Lo siento mucho, damas y caballeros, pero la subasta llegó a su final.
—Pero… ¿y las pinturas? —dijeron los interesados llenos de estupor.
—Lo siento —contestó el subastador—. Cuando me llamaron para conducir esta subasta, se me informó de un secreto estipulado en el testamento del dueño. Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso momento. Solamente la pintura de «El hijo» sería subastada. Aquel que la aceptara heredaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas. El hombre que aceptó quedarse con «El hijo» se quedó con todo. Quién ama al Hijo ama al Padre y todas sus posesiones serán para él.
viernes, 20 de febrero de 2015
Un día aprendí
Un día, la vida me golpeó tan fuerte que aprendí a resistir.
Un día, me mintieron de tal forma que me dolió y entonces aprendí a ir siempre de frente con la verdad.
Un día, me falló quien menos imaginaba y entendí que las promesas hay que cumplirlas y de los actos hacerse cargo.
Por eso a veces es necesario dejar que el tiempo ponga a cada uno en su sitio, aunque cueste o duela…
El mejor guerrero no es el que triunfa siempre sino el que vuelve sin miedo a la batalla.
Un día, me mintieron de tal forma que me dolió y entonces aprendí a ir siempre de frente con la verdad.
Un día, me falló quien menos imaginaba y entendí que las promesas hay que cumplirlas y de los actos hacerse cargo.
Por eso a veces es necesario dejar que el tiempo ponga a cada uno en su sitio, aunque cueste o duela…
El mejor guerrero no es el que triunfa siempre sino el que vuelve sin miedo a la batalla.
jueves, 19 de febrero de 2015
El verdadero amor
Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando éste se apaga en lugar de entrar en la hueca monotonía del matrimonio. El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente:
Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi madre bajaba las escaleras para prepararle el desayuno a mi padre y sufrió un infarto. Cayó desvanecida… Mi padre corrió y la levantó como pudo y con gran esfuerzo la subió a la camioneta y a toda velocidad la llevó al hospital, pero cuando llegó por desgracia ya había fallecido.Durante el sepelio mi padre no habló ni una palabra y su mirada estaba como perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordábamos hermosas anécdotas familiares, rememorando la figura de mi madre.Mi padre apenado pidió a mi hermano teólogo, que le dijera dónde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte y nos explicaba cómo sería ese Paraíso dónde nuestra madre estaría hasta que nos volviéramos a reencontrar. Mi padre escuchaba con gran atención. De pronto pidió:—Llévenme al cementerio.—Pero, papá, ¡son las 11 de la noche, no podemos ir al cementerio ahora!Alzó la voz temblorosa y con los ojos nublados de lágrimas rogó:—No discutan conmigo por favor. No discutan con el hombre que acaba de perder a su esposa y compañera durante 55 años.Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y con una linterna llegamos a la tumba. Mi padre la acarició, lloró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos:—Fueron 55 buenos años, ¿saben? Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer como ella —hizo una pausa y se limpió las lágrimas—. Ella y yo estuvimos juntos en la crisis que nos afecto por falta de trabajo. Hicimos juntos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad. Compartimos la alegría de ver crecer a nuestros hijos hasta terminar sus carreras y somos felices porque nos han regalado nietos. Juntos hemos llorado la partida de nuestros seres queridos. Rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales. Nos apoyamos en el dolor y el sufrimiento. Nos abrazamos en cada Navidad, y nos perdonamos nuestros errores. Hijos, ahora se ha ido y estoy contento, y ¿saben por qué?, porque se fue antes que yo. No tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera…Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló:—Todo está bien hijos, podemos irnos a casa. Ha sido un buen día.Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. El cariño verdadero dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, más bien se vincula al trabajo y al cuidado que se profesan dos personas realmente enamoradas y comprometidas.
Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Ese tipo de amor era algo que no conocían.
Realmente hermoso…
El verdadero amor dura toda la vida y es uno de los más grandes tesoros que podemos tener en nuestras vidas. El tiempo no espera a nadie. Atesora cada momento que puedas compartir con quienes amas.
miércoles, 18 de febrero de 2015
A ti que lo estas pasando mal
No llores por alguien que te hizo daño, sólo sonríe y dile: «Gracias por darme la oportunidad de encontrar a alguien mejor que tú».
No trates como TODO a quien te trata como NADA.
VALORA a quien te busque. QUIERE a quien te encuentre y sólo AMA a quien no te deje ir.
Sé valiente para decir adiós, la vida siempre te recompensará con un nuevo ¡hola! Recuerda que cada día es un nuevo comienzo.
Aprendamos del reloj que sin importar lo que haya pasado antes, todos los días arranca de cero.
No puedes hacer que alguien te ame, pero puedes hacer de ti mismo alguien a quien valga la pena amar.
Regala tu Sonrisa a quien la merezca. Tu Amor a quien lo valore. Tus Lágrimas a quien te acompañe y tu Vida a quien te ame.
Nunca te rindas, a veces la última llave es la que abre la puerta.
Ayer fue para aprender y mañana será la consecuencia lógica de lo que hoy puedas realizar.
Es el hoy lo que te interesa y lo que realmente merece toda nuestra atención.
No trates como TODO a quien te trata como NADA.
VALORA a quien te busque. QUIERE a quien te encuentre y sólo AMA a quien no te deje ir.
Sé valiente para decir adiós, la vida siempre te recompensará con un nuevo ¡hola! Recuerda que cada día es un nuevo comienzo.
Aprendamos del reloj que sin importar lo que haya pasado antes, todos los días arranca de cero.
No puedes hacer que alguien te ame, pero puedes hacer de ti mismo alguien a quien valga la pena amar.
Regala tu Sonrisa a quien la merezca. Tu Amor a quien lo valore. Tus Lágrimas a quien te acompañe y tu Vida a quien te ame.
Nunca te rindas, a veces la última llave es la que abre la puerta.
Ayer fue para aprender y mañana será la consecuencia lógica de lo que hoy puedas realizar.
Es el hoy lo que te interesa y lo que realmente merece toda nuestra atención.
martes, 17 de febrero de 2015
Globos
Hacía días que había llegado a la feria del pueblo un vendedor de globos que siempre tenía clientes alrededor, porque sabía cómo atraer su atención.
Un niño negro, que se pasaba las horas muertas delante de él, vio cómo soltaba un globo rojo, todos los presentes lo contemplaban mientras ascendía lentamente y se perdía por detrás del campanario de la iglesia. Aprovechando la expectación que se había creado, el vendedor de globos fue soltando, uno tras otro; un globo azul, después uno verde, más tarde uno amarillo y uno lila, otro blanco…
Todos remontaron el vuelo como había hecho el rojo empujados por una suave corriente de aire, se alejaban y se hicieron, a la vista, cada vez más y más pequeños, arrastrando tras de sí la mirada ilusionada de grandes y pequeños.
Mientras todos miraban al cielo, el niño negro no perdía de vista un globo negro que el vendedor aún sujetaba en su mano.
Tras armarse de valor, se acercó y le preguntó:
—Señor, si soltara el globo negro, ¿subiría tan alto como los demás?
El vendedor entendiendo lo que realmente sentía el niño, soltó el globo y le respondió:
—No es el color lo que los hace subir, hijo. Es lo que hay dentro.
Porque, a pesar de las diferencias externas, por dentro todos somos iguales.
lunes, 16 de febrero de 2015
El caballo y el asno
Un hombre había emprendido un largo viaje en compañía de su caballo y de su asno. Mientras el caballo avanzaba ligero con el amo a cuestas, el asno apenas podía seguirles el paso porque le había tocado llevar toda la carga sobre su lomo.
El pobre animal aguantó sin quejarse más de la mitad del camino, por pedregales y zonas desérticas bajo un sol de justicia. Sin embargo, hubo un momento en el que las fuerzas le fallaron y no pudo más. El asno se paró y le suplicó al caballo:
—¡Amigo, ayúdame! ¡Por lo que más quieras, vamos a compartir mi pesada carga!
Pero el soberbio equino ni se dignó escuchar a su compañero de viaje y siguió adelante como si nada.
Unos metros más, el asno cayó al suelo extenuado casi sin respiración y falleció a los pocos segundos. El dueño enojado por aquel contratiempo, puso toda la carga sobre el caballo incluida la piel del asno que desolló allí mismo y montó para continuar su viaje.
El caballo lleno de rabia pensó:
—¡Qué mala suerte tengo! Por no querer ayudar a mi amigo el asno, ahora me toca llevar toda la carga a mí solo.
Siempre hay que tender la mano a quienes piden ayuda; de no hacerlo así, el problema puede acabar siendo nuestro.
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