«La justicia implica un deber, dar a cada uno lo que le corresponde. Y la generosidad escapa a lo estrictamente debido».
Decía Don Quijote de la Mancha que: «La pluma es la lengua de la mente» y reflexionando sobre la generosidad y cómo
tratar a los demás: «La ingratitud es hija de la soberbia».
La frase "La pluma es la lengua del alma" sugiere
que la escritura es un medio a través del cual se expresan los pensamientos y
emociones más profundos de una persona. Cada palabra escrita refleja la esencia
del autor, permitiendo que su intención y miedo sean revelados sin las máscaras
sociales que a menudo ocultamos en la conversación cotidiana. Esta metáfora
invita a la reflexión sobre la autenticidad de nuestras expresiones y cómo la
escritura puede ser un puente entre el mundo interior y externo, ofreciendo a
los demás una ventana a nuestro mundo interior.
Por otra parte, la frase "La ingratitud es hija de la
soberbia" sugiere que la soberbia, que implica una actitud de
superioridad, fomenta la ingratitud, ya que las personas altivas tienden a
despreciar la ayuda y el apoyo que reciben. Esto se debe a que la soberbia
limita la capacidad de valorar lo ajeno, haciendo que se ignoren los gestos de
gratitud y reconocimiento hacia los demás. En resumen, la ingratitud es una
consecuencia natural de la soberbia, ya que esta actitud distorsiona la
percepción de lo que se recibe y fomenta la falta de agradecimiento.
Don Quijote de la Mancha es una de las obras más importantes de la literatura española y su trascendencia ha traspasado fronteras hasta convertirse en uno de los escritos más importantes de la literatura universal. Escrita en 1605 por Miguel de Cervantes bajo el nombre de ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’, el éxito de su primera entrega obligó al escritor español a publicar en 1615 la ‘Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha’.
El 16 de enero de 1605 fue publicado uno de los libros más
importantes de la historia de España y que marcó un antes y un después en
nuestra literatura. En su día fue considerada como una de las primeras novelas
modernas y también obtuvo una buena crítica por desmitificar y dar un trato
burlesco a la tradición caballeresca. Por ello, incluso en el año 2002 estuvo
en el primer puesto de las mejores novelas de la historia en una votación
llevada a cabo por escritores de 54 nacionalidades diferentes que realizó el
Club Noruego del Libro y Bokklubben World Library.
Miguel de Cervantes también deja en Don Quijote de La Mancha
un sinfín de frases que han sido una enseñanza de vida para las generaciones
que han crecido leyendo uno de los mejores libros de la historia de nuestro
país. «La ingratitud es hija de la soberbia» es la última reflexión viral que
se puede leer a lo largo de las páginas de esta novela que perdurará hasta el fin
de los tiempos.
«Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería.
Son mis leyes: el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de
la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria
la senda más angosta y difícil. ¿Es eso, de tonto y mentecato?».
Don Quijote también deja una lección magistral a Sancho Panza sobre la justicia: «Que no te ciegue la pasión propia en la causa ajena».
En el capítulo 42 de la segunda parte de Don Quijote de la
Mancha (1615), Don Quijote le da a Sancho Panza una serie de consejos sobre
cómo gobernar con justicia, antes de que el escudero asuma el gobierno de la
ínsula Barataria. Entre esos consejos, hay uno dedicado a los pleitos entre
enemigos.
«Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo,
aparta las mientes de su injuria y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue
la pasión propia en la causa ajena», le advierte Don Quijote a su escudero.
¿Qué le pide Don Quijote a Sancho Panza al juzgar la causa de
un enemigo? La respuesta está en el propio pasaje de la novela. Don Quijote le
pide a Sancho Panza que no dejar que «su injuria», el agravio personal hacia el
otro, pese más que «la verdad del caso», los hechos que corresponde evaluar.
La frase separa dos planos que, según Don Quijote, un juez no
debe confundir: la ofensa personal recibida y los hechos objetivos del caso. Le
pide a Sancho Panza que deje de lado el rencor propio antes de fallar sobre la
causa de un tercero. Así, Don Quijote convierte esa distinción en la primera
condición para impartir justicia.
Don Quijote suma otras advertencias en la misma línea, todas
dirigidas a que Sancho Panza no deje que un interés ajeno a los hechos tuerza
su fallo. Le pide que no se guíe por la intuición: «Nunca te guíes por la
ley del encaje, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de
agudos».
También le marca a Sancho Panza un límite frente al llanto
del pobre y el soborno del rico: «Hallen en ti más compasión las lágrimas
del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico» y «procura
descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre
los sollozos e importunidades del pobre».
El pensamiento de Don Quijote matiza a favor de la compasión,
puesto que explica que «Cuando pudiere y debiere tener lugar la capacidad,
no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del
juez riguroso que la del compasivo». El eje de la justicia que propone Don
Quijote se mantiene igual en todos los casos, apartar el interés propio o ajeno
de la evaluación de los hechos.
¿Quién fue Miguel de Cervantes, el autor de la frase? Miguel
de Cervantes nació en 1547 en Alcalá de Henares y murió en Madrid en 1616.
Participó en la batalla de Lepanto en 1571, donde perdió el uso de la mano
izquierda, y pasó cinco años cautivo en Argel después de que unos corsarios
capturaran su galera.
Su obra mayor, Don Quijote de la Mancha, apareció en dos partes, en 1605 y 1615. Entre ambas publicó las Novelas ejemplares en 1613, doce relatos entre los que figura La Gitanilla, según el Centro Virtual Cervantes. Antes de esos títulos había publicado La Galatea en 1585, una novela pastoril. La herida de Lepanto le valió el apodo de manco de Lepanto, y buena parte de su vida transcurrió entre apuros económicos, pese a la fama que hoy rodea su figura.
Quiero mencionar también la reflexión del pacifista Gandhi, sobre la justicia: «Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena». Gandhi recuerda que la injusticia no sólo prospera por quienes la cometen, sino también por la pasividad de quienes pueden combatirla.
Mahatma Gandhi no sólo pasó a la historia por liderar la independencia de la India mediante la resistencia pacífica, sino también por el legado ético que dejó a través de sus discursos y reflexiones. «Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena». Con estas palabras, Gandhi resumía una de las ideas que marcaron toda su trayectoria, que habla de la responsabilidad moral de actuar cuando se presencia una injusticia y la importancia de no permanecer indiferente ante el sufrimiento ajeno.
La reflexión de Gandhi parte de
una idea sencilla, pero profundamente transformadora. Para el líder indio, las
injusticias no prosperan únicamente por la acción de quienes las cometen, sino
también porque muchas personas que las rechazan optan por guardar silencio. Esa
pasividad, sostenía, permite que los abusos continúen y que quienes los
provocan encuentren menos resistencia para actuar.
Su mensaje no pretendía fomentar el enfrentamiento, sino
impulsar una respuesta basada en la responsabilidad, el compromiso y la defensa
pacífica de los derechos humanos. A lo largo de su vida insistió en que cada
persona podía convertirse en un agente de cambio mediante sus acciones
cotidianas, por pequeñas que parecieran.
Un hombre que cambió la historia. Mohandas Karamchand Gandhi
nació en 1869 y desarrolló la filosofía de la satyagraha, un método de
resistencia basado en la verdad, la desobediencia civil y la no violencia.
Gracias a este enfoque, lideró diferentes movilizaciones que terminaron
convirtiéndose en un referente internacional para otros movimientos sociales,
inspirando posteriormente a figuras como Martin Luther King Jr. y Nelson
Mandela.
Su liderazgo demostró que era posible desafiar a un gran imperio sin recurrir a las armas. Décadas después de su muerte, Gandhi sigue siendo uno de los grandes referentes de la paz y la defensa de los derechos humanos. Su célebre frase continúa inspirando a millones de personas porque resume una enseñanza universal, ya que el verdadero compromiso con la justicia no consiste únicamente en rechazar el mal, sino en tener el valor de no permanecer en silencio cuando este aparece. Frente a la maldad de los malos la gente buena no debe callar.
«Cuando se mira la hermosura del alma, y no la del cuerpo, nace el amor». Don Quijote de la Mancha.
Fotografía: Internet

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