jueves, 13 de agosto de 2026

Mentira y falsedad es cosa del diablo

 


Dios es verdadero y puro, y detesta la falsedad. El diablo usó la falsedad para tentar al hombre a pecar. Jesús es la verdad y todo lo que es falso o engañoso se opone a él. La Biblia nos enseña a abandonar la falsedad, pues solo causa problemas, divisiones y trae castigo. Para evitar caer en la falsedad o el engaño, necesitamos ser honestos, leales y tener fe en Dios.

René Descartes, filósofo francés dijo: “Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez”.

Es fundamental escuchar los consejos de filósofos de la antigua Grecia, pero no hace tanto tiempo otros nos dejaron frases célebres sobre la confianza y cómo tratar a los demás. Un ejemplo claro lo encontramos en el francés René Descartes. Porque la desconfianza, cuando nace de una mentira previa, no siempre es rencor, muchas veces es memoria. Y eso es lo que aclara Descartes con su frase “Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez”. 

En pocas palabras, el filósofo francés convierte una experiencia común en una regla de prudencia. No se trata de vivir a la defensiva ni de sospechar de todo el mundo. Basta con aprender de lo ocurrido sin dejar que la emoción borre el juicio. No significa que una persona que mintió quede condenada para siempre. Pero hay que recordar que la persona que levanta falsos testimonios y mentiras para dañar tu integridad, lo volverá a hacer, porque esa persona carga rencor y envidia y su alma no está en paz. 

Para el filósofo la confianza no debería volver intacta después de una traición. Descartes no habla aquí de venganza, sino de prudencia. Si alguien ya ha demostrado que puede engañarnos, con la apariencia de oveja camuflando a un lobo ¡cuidado! Lo razonable no es cerrar los ojos, sino mirar con más atención sus actos posteriores. La frase “Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez” es aplicable a todo tipo de relaciones personales; no obliga a cortar a la primera, pero sí obliga a observar y no olvidar su mala acción.

La confianza completa se construye con coherencia. Si una persona falla, puede reparar, explicar y cambiar. Hay que aceptar que perdonar no siempre significa volver al mismo punto, pero quien recibió el daño tiene derecho a no entregar de nuevo toda su seguridad y confianza en el primer gesto amable. Un daño no se repara con amabilidad, se repara confesando que hubo malas intenciones de dañar. 

En el fondo, Descartes propone una especie de duda práctica. Igual que en su pensamiento la razón sirve para distinguir lo verdadero de lo falso, en la vida cotidiana la prudencia sirve para no confundir deseo con realidad, es decir, acción con intención.

Una persona puede merecer una segunda oportunidad, pero eso no implica recuperar de inmediato el mismo grado de intimidad, acceso o poder sobre nuestra vida. A veces, la confianza vuelve por partes, hay que ganarla.

Esto sirve lo mismo para la familia y los amigos, ya que la prudencia no es frialdad. Es una forma de autocuidado. Nos permite convivir sin quedar expuestos otra vez al mismo daño. Quién ha mentido, ha manipulado una situación o ha usado nuestra confianza en contra, lo volverá a hacer, conviene ser prudente y no entregarle de nuevo nuestra amistad sin antes comprobar su lealtad.

Descartes también ocupa un lugar central en la historia de la ciencia. Se le considera padre de la geometría analítica y una figura decisiva en el nacimiento de la filosofía moderna. Su nombre quedó unido al racionalismo, al cartesianismo y a una de las frases más conocidas de la historia de la filosofía: «Pienso, luego existo». Esa idea aparece ligada a su empeño por encontrar una base segura para el conocimiento.

Entre sus obras más importantes figuran Discurso del método, de 1637, y Meditaciones metafísicas, de 1641. En ellas desarrolló una forma de pensar basada en la duda, el análisis y la búsqueda de ideas claras. Su método proponía no aceptar algo como verdadero si no se presentaba con suficiente evidencia. Esa actitud explica por qué una frase sobre no fiarse del todo de quien ya engañó encaja tan bien con su manera de entender la razón.

Seis cosas que aborrece el Señor, y aun siete abomina su alma:

“Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies que se apresuran a correr al mal, el testigo falso que respira calumnias y el que provoca discordia entre los hermanos”. Proverbios 6:16-19.


Fotografía: Internet


 

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