¿Qué es el estoicismo? El estoicismo es una escuela
filosófica fundada por Zenón de Citio en Atenas a principios del siglo III a.
C. Su objetivo central es alcanzar la eudaimonía (la felicidad o plenitud de
vida) y la ataraxia (la imperturbabilidad del alma) a través del dominio de las
emociones, la razón y la aceptación de la naturaleza.
El estoicismo es una filosofía práctica que busca dar
dirección a nuestras vidas, aportando herramientas para superar la adversidad
de manera racional. Ante cualquier problema, este pensamiento propone trazar
una ruta muy clara basada en el control individual: si la situación no está en
nuestras manos, la clave radica en enfocar el pensamiento únicamente en aquello
que sí podemos gestionar. Para lograr este estado mental, el objetivo principal
es separar la percepción de la realidad mediante un análisis puramente
racional, logrando así dividir los impulsos emocionales de la lógica fría.
A largo plazo, este enfoque maximiza las posibilidades de
alcanzar la felicidad. Al actuar con virtud, no solo se obtiene el
reconocimiento ajeno inmediato, sino que se abre el acceso a un mayor número de
oportunidades futuras. Asimismo, aceptar la realidad y controlar las emociones
proporciona una base de mejor información y estabilidad emocional que se
traduce directamente en mejores decisiones. Finalmente, al centrarnos
exclusivamente en lo que podemos controlar, reducimos el desperdicio de tiempo
y energía, lo que da como resultado un incremento drástico en nuestra
efectividad y eficiencia personal.
Estoicismo, el valor de la razón para sobrellevar el caos. El
objetivo de los estoicos no era otro que alcanzar la felicidad o la
autorrealización, un concepto al que se referían como eudaimonia. A ella se
llega a través de la virtud moral (o areté) y de la serenidad (o ataraxia).
La virtud. La virtud en los estoicos tiene que ver con la
excelencia y el cumplimiento del potencial propio. Para ello, hay cuatro
cualidades que destacan: la sabiduría, la justicia, el coraje y la disciplina.
Todas ellas formadas siempre por la razón, que nos impulsa a buscar el
conocimiento, actuar con rectitud, sostener la fortaleza y cultivar el
autocontrol.
La serenidad. Si la virtud es uno de los ángulos del
triángulo que encumbra la felicidad, el otro es la serenidad o ataraxia. Se
trata de un tipo de serenidad mental que impide que las emociones negativas
tomen el mando, facilitando así un actuar virtuoso. El estoicismo advierte que
las reacciones emocionales ante la adversidad distorsionan la realidad,
llevándonos a confundir simples pensamientos con hechos inevitables. Esta
confusión es, en última instancia, la raíz de toda agitación mental.
La palabra estoico, en su uso moderno, suele usarse para
referirse a aquella persona que es indiferente al placer, la alegría, así como
la pena o el dolor. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española
(RAE) define estoico en su primera acepción como “Fuerte, ecuánime ante la desgracia”
y lo mismo sucede con el diccionario de Oxford que lo viene a definir como una
persona que sufre dolor o problemas sin quejarse o sin mostrar lo que siente.
Sin embargo, estas interpretaciones simplifican su sentido original: la
doctrina estoica se basa más bien en guiarse por la razón y, debido a que no se
puede controlar lo que sucede a nuestro alrededor, controlar lo que se piensa
al respecto de lo que sucede.
Por ello, el estoicismo se fija especialmente en las
emociones, a las que se refiere como pasiones, y las distingue entre valiosas,
dañinas e indiferentes. Las primeras hay que potenciarlas; las indiferentes,
obviarlas; y las malas, afrontarlas con lucidez. Su idea central es clara: no
nos perturban los hechos, sino la interpretación que hacemos de ellos. Por
ello, propone evaluar nuestras opiniones antes de aceptarlas, tratándolas como
hipótesis y no como verdades absolutas. Al cuestionarlas, podemos corregirlas y
transformar nuestras pasiones desordenadas en emociones más saludables.
En un mundo sacudido por crisis constantes, la vida cotidiana
se torna frenética y nuestra paz mental se ve perjudicada. Ante este escenario
el estoicismo surge como una guía para ayudar a tener una vida plena, basada en
el valor de la razón y en no intentar dominar aquello que escapa de nuestro
control.
El pilar del estoicismo, postula que debemos diferenciar
estrictamente entre lo que podemos controlar (nuestros pensamientos, juicios,
deseos y acciones) y lo que no (el clima, las acciones de los demás, el pasado
o el destino).
Dicotomía, esa palabra tan rara, simplemente significa que hay dos opciones entre las que elegir: diferencia lo que puedes controlar de lo que no. ¿Qué cosas puedes controlar? Según Epicteto, tres: lo que deseas, lo que haces, lo que te dices.
Lo que deseas: muy parecido al budismo. Si deseas cosas y no
pasan, sufrirás. Si deseas que no pasen cosas y sí pasan, también sufrirás. Por
lo tanto, céntrate en desear sólo aquello que depende de ti.
Lo que haces: esta es fácil. Tus acciones dependen de ti.
Están influidas por lo externo, pero en última instancia tú decides lo que
haces y cómo lo haces.
Lo que te dices: el discurso interior. Ser consciente de él
para dominarlo es fundamental para una vida feliz y serena.
¿Qué cosas se escapan a tu control? Todo lo demás. El clima,
la política, la economía, las acciones de los demás, lo que otros dicen o
piensan sobre ti, etc. Todo lo que se te ocurra, que no esté dentro de lo que
sí puedes controlar.
“Algunas cosas dependen de nosotros y otras no dependen de
nosotros”: Frase de Epicteto… Pues eso, lo que no dependa de mí,
no tendría porque afectarme.
“Cuando por la mañana salga el sol, recordaré que: tropezaré
con algún inoportuno, con alguien ingrato, con algún insolente, un mentiroso,
un envidioso, un egoísta. Todos estos vicios les sobrevinieron por ignorancia
de lo que es bueno y lo que es malo. Pero yo, habiendo observado que la
naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo mezquino y, que la
condición misma del que comete un error es tal que no deja de ser de los míos,
compartiendo el potencial de la razón y siendo una parte divina del todo en el orden
natural y que, además, nada de lo que haga puede afectarme, porque nadie puede
mancharme con su bajeza. Entonces, tampoco podría enojarme contra mi prójimo ni
aborrecerle, porque hemos nacido para trabajar en conjunto; como lo hacen los
pies, las manos, los párpados, y las dos filas de dientes— la inferior y la
superior. Actuar, pues, como adversarios los unos con los otros es ir en contra
del orden natural. Y, ¿no son acaso el enojo y el rechazo una forma de
mezquindad?” Marco
Aurelio.
Fotografía: Internet
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