"Ser escritor es, ante todo, un ejercicio de resistencia,
soledad y descubrimiento personal. Lejos de ser un acto puramente mágico, es un
oficio que exige perseverancia, disciplina y la valentía de explorar tanto la
propia realidad como las sombras de la condición humana. Para muchos autores,
escribir es una forma de intentar comprender lo inexplicable, una necesidad
vital de dejar huella y una manera profunda de conectar con los demás".
La felicidad de ser uno mismo...
Nuestros padres, familia, amigos, los medios de comunicación,
la publicidad, las redes sociales… son factores que nos limitan y moldean,
haciendo que nos esforcemos en adaptarnos, en gustar, en encajar en un modelo
que consideramos que se espera de nosotros.
Pero, intentar ser quien no somos nos genera un gran malestar psicológico y nos produce grandes sufrimientos. Ser uno mismo es la única posibilidad que tenemos de aceptarnos y sentirnos bien.
Hay que dedicarse tiempo a conocerse, no compararse,
centrarse en lo que nos hace disfrutar sentirse bien y trabajar la autoestima.
Inténtalo y verás lo que se disfruta siendo uno mismo. Descúbrelo en este
cuento Zen de la psicóloga María Fernández de la Riva…
El árbol que no sabía quién era
Había una vez, en algún lugar que podría ser cualquier lugar,
un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales. Todo
era alegría en dicho jardín; y todos los árboles estaban muy satisfechos y
felices. Sin embargo, uno de ellos, un árbol profundamente triste, tenía un
problema: no daba frutos.
–“No sé quién soy”, se
lamentaba.
– Lo que te falta es
concentración, -le decía el manzano-, si realmente lo intentas, podrás tener
deliciosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?
– No lo escuches,
exigía el rosal. –Es más sencillo tener rosas y ¿ves qué bellas son?
Y desesperado, el
árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no lograba ser igual que los
demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un buen día llegó
hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación
del árbol, le dijo:
– No te preocupes, tu
problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Es
tu enfoque lo que te hace sufrir.
-“No dediques tu vida
a ser como los demás quieran que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo como
eres. Y para lograrlo, escucha tu voz interior”.
Y dicho lo lo dicho,
el búho se fue.
– “¿Mi voz interior…?
¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…?”, se preguntaba el árbol desesperado.
El árbol se puso a reflexionar durante un buen rato. Finalmente, de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar a su voz interior decirle lo siguiente:
– “Tú jamás darás
manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres
un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo
a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje. Eso es quién eres. ¡Sé
lo que eres!
Y el árbol se sintió
fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba
destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y
sólo entonces todo el jardín fue completamente feliz, cada uno celebrándose a
sí mismo y a los otros… Tú eres quien eres... Disfruta siendo tú mismo.
Fotografía: Internet

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