sábado, 21 de febrero de 2026

El poder de la palabra escrita

 


Escribir es una herramienta para comprender los tiempos, ordenar ideas, crear conocimiento y observar el crecimiento de los pueblos.

Como cada 21 de febrero el archipiélago conmemora el Día de las Letras Canarias, una cita anual dedicada a reconocer a las figuras más relevantes de la literatura del país. La edición de 2026 estará protagonizada por Alfonso García-Ramos (Tenerife, 1930-1980), escritor, periodista y gestor cultural cuya obra y compromiso intelectual resultaron decisivos en la renovación de la narrativa canaria contemporánea y en la defensa de la cultura y la libertad durante décadas clave de nuestra historia reciente.

A pesar de las nuevas tecnologías, la palabra sigue siendo una herramienta poderosa e indestructible. No solo comunica, sino que construye, transforma y mueve el pensamiento. Con ellas, creamos historias, transmitimos emociones y moldeamos nuestra realidad.

Gabriel García Márquez, en su discurso en el Congreso Internacional de la Lengua Española, nos recordaba el poder de la palabra: “Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder, no es cierto que la imagen pueda extinguirlas, al contrario, las potencia, nunca hubo tantas palabras con tanto alcance como en la vida actual”. A pesar del avance de los medios visuales, las palabras siguen siendo la esencia de la comunicación. Son ellas las que permiten dar vida a ideas complejas. “Los inventores de fábulas, a quienes todo es permitido, nos conocen mejor que nadie, porque saben que somos capaces de lo peor y también de lo mejor”. En esta afirmación del Premio Nobel se reconoce el inmenso poder que las palabras tienen para descubrir lo más profundo del ser humano.

Aunque vivimos en una era donde las imágenes parecen dominar, la palabra no ha perdido su poder. Las palabras construyen puentes, derriban barreras y permiten conectar a las personas.  Un buen discurso, un poema o incluso una conversación significativa tienen la capacidad de transformar. Esto es especialmente relevante en la comunicación corporativa, donde las empresas no solo buscan transmitir información, sino también construir una identidad sólida y generar confianza en sus audiencias. Un mensaje bien articulado puede reforzar los valores de una compañía, inspirar a sus empleados y conectar emocionalmente con los clientes. En un entorno saturado de contenido visual, las palabras siguen siendo clave para humanizar las marcas

Como bien señaló García Márquez, las palabras siguen vivas, vibrantes, cargadas de fuerza y significado. En tiempos donde parece que la inmediatez y lo visual han reemplazado la reflexión, es vital recordar que las palabras, bien elegidas, siguen siendo capaces de transformar el mundo.

Las letras son palabras escritas que trasciende en el tiempo. El escritor que "domina el arte de la palabra" es aquel capaz de utilizar el lenguaje oral o escrito no solo para comunicarse, sino para crear belleza, provocar emociones y construir nuevas realidades. Este dominio implica una manipulación estética del lenguaje, donde la forma (cómo se dice) es tan importante como el fondo (qué se dice).

"La pluma es lengua del alma; cuales fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos". Esta célebre frase es una cita célebre de Miguel de Cervantes Saavedra, elogiando la escritura como el medio más honesto para expresar los pensamientos, sentimientos y la esencia interior del ser humano.

La labor del escritor es un acto de creación, perseverancia y pasión que transforma palabras en mundos, siendo considerada una forma de salvar aquello que, sin la escritura, se perdería. Escribir es un quehacer que va más allá de la magia, fundamentándose en la constancia para expresar ideas y emociones. Implica conceptualizar historias, documentarse, redactar, revisar y, a menudo, gestionar la promoción y publicación de su obra, trabajando frecuentemente como autónomo.

Escritoras, escritores... Escritores todos. Para muchísima gente la escritura es una actividad que ocupa su tiempo. Unos escriben cuentos o novelas; otros poemas, ensayos u obras de teatro. Escriben por gusto, la mayoría no son profesionales y escriben sin que nadie les haya pedido que escriban, pero desean que se  conozca su trabajo. Aunque no en su totalidad muchos de ellos quieren ser escritores, ver su nombre en la portada de los libros y dedican tiempo y energías a esa labor. La imagen del escritor transporta mucho prestigio intelectual, cultural y social. La cultura es la identidad de los pueblos.

En general se piensa que a través de la escritura la humanidad ha venido expresando los más altos y estimados valores de la condición humana y quienes escriben quieren, desean y sueñan con llegar a formar parte de esa constelación de autores a los que se les concede un estatuto cercano a lo divino. El paso de la condición de escritor a la de autor no es una cuestión de mera voluntad personal. Se requiere un reconocimiento público, que legitime y homologue sus escritos como dignos de merecer la cualidad que lo literario presupone. Una capacidad de legitimación que tradicionalmente ha venido desempeñando el mundo editorial al decidir qué textos se publicarán y a que textos se les negará su posibilidad de llegar al público.

Para los escritores sin duda sus textos conllevan un valor de uso de carácter personal y subjetivo pues la escritura satisface necesidades intangibles como la autoestima o cualquier otro deseo intelectual. Y sin duda ese era el retorno principal que los escritores recibían antes del capitalismo. Retorno en clave de prestigio, autoridad y renombre que le venían concedido por sus iguales en un mundo donde las élites conformaban el único espacio posible para la elaboración y recepción de los textos. Con la llegada de la imprenta y el capitalismo la cosa cambia…

La pasión de escribir es un acto terapéutico de desahogo emocional, un refugio creativo y una forma de entender el mundo que permite organizar pensamientos, aliviar tristezas y potenciar la alegría. Funciona como una necesidad de expresión personal, una manera de soñar sinceramente, y a veces, una obsesión intensa por plasmar la realidad.

Escritores, que la pluma no descanse, que las Letras Canarias vuelen alto, que las letras es cultura y la cultura es un bálsamo.


Fotografía: Internet


 

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