Escribir es una herramienta para comprender los tiempos, ordenar ideas, crear conocimiento y observar el crecimiento de los pueblos.
Como cada 21 de febrero el archipiélago conmemora el Día de
las Letras Canarias, una cita anual dedicada a reconocer a las figuras más
relevantes de la literatura del país. La edición de 2026 estará protagonizada
por Alfonso García-Ramos (Tenerife, 1930-1980), escritor, periodista y gestor
cultural cuya obra y compromiso intelectual resultaron decisivos en la
renovación de la narrativa canaria contemporánea y en la defensa de la cultura
y la libertad durante décadas clave de nuestra historia reciente.
A pesar de las nuevas tecnologías, la palabra sigue siendo
una herramienta poderosa e indestructible. No solo comunica, sino que
construye, transforma y mueve el pensamiento. Con ellas, creamos historias,
transmitimos emociones y moldeamos nuestra realidad.
Gabriel García Márquez, en su discurso en el Congreso
Internacional de la Lengua Española, nos recordaba el poder de la palabra:
“Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder, no es cierto que la imagen pueda
extinguirlas, al contrario, las potencia, nunca hubo tantas palabras con tanto
alcance como en la vida actual”. A pesar del avance de los medios visuales, las
palabras siguen siendo la esencia de la comunicación. Son ellas las que permiten
dar vida a ideas complejas. “Los inventores de fábulas, a quienes todo es
permitido, nos conocen mejor que nadie, porque saben que somos capaces de lo
peor y también de lo mejor”. En esta afirmación del Premio Nobel se reconoce el
inmenso poder que las palabras tienen para descubrir lo más profundo del ser
humano.
Aunque vivimos en una era donde las imágenes parecen dominar,
la palabra no ha perdido su poder. Las palabras construyen puentes, derriban
barreras y permiten conectar a las personas.
Un buen discurso, un poema o incluso una conversación significativa
tienen la capacidad de transformar. Esto es especialmente relevante en la
comunicación corporativa, donde las empresas no solo buscan transmitir
información, sino también construir una identidad sólida y generar confianza en
sus audiencias. Un mensaje bien articulado puede reforzar los valores de una
compañía, inspirar a sus empleados y conectar emocionalmente con los clientes.
En un entorno saturado de contenido visual, las palabras siguen siendo clave
para humanizar las marcas
Como bien señaló García Márquez, las palabras siguen vivas,
vibrantes, cargadas de fuerza y significado. En tiempos donde parece que la
inmediatez y lo visual han reemplazado la reflexión, es vital recordar que las
palabras, bien elegidas, siguen siendo capaces de transformar el mundo.
Las letras son palabras escritas que trasciende en el tiempo.
El escritor que "domina el arte de la palabra" es aquel capaz de
utilizar el lenguaje oral o escrito no solo para comunicarse, sino para crear
belleza, provocar emociones y construir nuevas realidades. Este dominio implica
una manipulación estética del lenguaje, donde la forma (cómo se dice) es tan
importante como el fondo (qué se dice).
"La pluma es lengua del alma; cuales fueren los
conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos". Esta célebre frase es una
cita célebre de Miguel de Cervantes Saavedra, elogiando la escritura como el
medio más honesto para expresar los pensamientos, sentimientos y la esencia
interior del ser humano.
La labor del escritor es un acto de creación, perseverancia y
pasión que transforma palabras en mundos, siendo considerada una forma de
salvar aquello que, sin la escritura, se perdería. Escribir es un quehacer que
va más allá de la magia, fundamentándose en la constancia para expresar ideas y
emociones. Implica conceptualizar historias, documentarse, redactar, revisar y,
a menudo, gestionar la promoción y publicación de su obra, trabajando
frecuentemente como autónomo.
Escritoras, escritores... Escritores todos. Para muchísima gente la escritura es una actividad que ocupa
su tiempo. Unos escriben cuentos o novelas; otros poemas, ensayos u obras de
teatro. Escriben por gusto, la mayoría no son profesionales y escriben sin que
nadie les haya pedido que escriban, pero desean que se conozca su trabajo. Aunque no en su totalidad muchos
de ellos quieren ser escritores, ver su nombre en la portada de los libros y
dedican tiempo y energías a esa labor. La imagen del escritor transporta mucho
prestigio intelectual, cultural y social. La cultura es la identidad de los pueblos.
En general se piensa que a través de la escritura la
humanidad ha venido expresando los más altos y estimados valores de la
condición humana y quienes escriben quieren, desean y sueñan con llegar a
formar parte de esa constelación de autores a los que se les concede un
estatuto cercano a lo divino. El
paso de la condición de escritor a la de autor no es una cuestión de mera
voluntad personal. Se requiere un reconocimiento público, que legitime y
homologue sus escritos como dignos de merecer la cualidad que lo literario
presupone. Una capacidad de legitimación que tradicionalmente ha venido
desempeñando el mundo editorial al decidir qué textos se publicarán y a que
textos se les negará su posibilidad de llegar al público.
Para los escritores sin duda sus textos conllevan un valor de
uso de carácter personal y subjetivo pues la escritura satisface necesidades
intangibles como la autoestima o cualquier otro deseo intelectual. Y sin duda
ese era el retorno principal que los escritores recibían antes del capitalismo.
Retorno en clave de prestigio, autoridad y renombre que le venían concedido por
sus iguales en un mundo donde las élites conformaban el único espacio posible
para la elaboración y recepción de los textos. Con la llegada de la imprenta y
el capitalismo la cosa cambia…
La pasión de escribir es un acto terapéutico de desahogo
emocional, un refugio creativo y una forma de entender el mundo que permite
organizar pensamientos, aliviar tristezas y potenciar la alegría. Funciona como
una necesidad de expresión personal, una manera de soñar sinceramente, y a
veces, una obsesión intensa por plasmar la realidad.
Escritores, que la pluma no descanse, que las Letras Canarias vuelen alto, que las letras es cultura y la cultura es un bálsamo.
Fotografía: Internet

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