El término nihilismo es uno de los conceptos más populares de la historia reciente de la filosofía. Con frecuencia decimos que nuestra sociedad es nihilista o que los jóvenes de hoy rezuman nihilismo. Digamos que la filosofía nos ayuda a entender el pensar y el actuar de ciertas personas.
¿Qué es el nihilismo? El nihilismo es una idea bastante básica de que no hay un significado objetivo a la vida. ¿O es la idea de que no hay significado alguno? Una persona nihilista es aquella que se identifica con el nihilismo, una filosofía que sostiene que la vida carece de significado, propósito o valor intrínseco.
Según la RAE, el nihilismo es la negación de cualquier
principio, creencia o valor religioso, político o social, y también se refiere
a una doctrina filosófica que niega la existencia de un fundamento objetivo en
el conocimiento y la moral. En resumen, implica rechazar la existencia de un
propósito o valor inherente a la existencia, la vida y el conocimiento.
Esta doctrina filosófica niega la existencia de un sentido,
propósito o valor inherente en la vida, la verdad, la moralidad o la existencia
misma. Proviene del latín nihil (nada) y, en su forma más radical, sostiene que
la realidad carece de fundamentos objetivos y que todos los valores son
creaciones humanas vacías. Filósofos como Nietzsche exploraron el nihilismo y
su relación con la "muerte de Dios", viéndolo como un vacío que
necesita ser superado para crear nuevos valores.
La palabra nihilismo tiene su origen en el vocablo nihil, que en latín significa «nada». Añadiendo el sufijo «-ismo», la palabra «nihilismo» significa etimológicamente la postura o doctrina de la nada. Así, el nihilista —atendiendo a su significado etimológico— es aquella persona que cree en la nada o, dicho de forma parecida, pero no igual, aquella persona que no cree en ningún principio.
El concepto no surge, como suele creerse, en el siglo XIX con
la filosofía nietzscheana. De hecho, tiene un vasto recorrido histórico: en el
siglo IV d. C., San Agustín acusaba de nihilistas a los no creyentes; en la
Revolución Francesa, nihilistas eran aquellos indiferentes al gran
acontecimiento y, en el marco de la filosofía alemana, nihilistas eran —para
Jacobi— los idealistas que pretendían conocer el fundamento de la realidad. Sin
embargo, es cierto que a partir de Nietzsche es cuando el concepto adquiere la
importancia filosófica que hoy tiene.
Si hay un autor central en la historia del nihilismo ese es,
sin duda, Nietzsche. Discípulo de Schopenhauer, recoge toda la tematización
anterior sobre la nada y dota al nihilismo de una importancia central en el
corpus de su filosofía. En ella, el nihilismo es un concepto fundamental en
torno al cual gravitan el resto de propuestas y conceptos (como la muerte de
Dios o el eterno retorno). Es tal la influencia de la concepción nietzscheana
del nihilismo que los autores posteriores que abordan el tema son solo
reformulaciones de su pensamiento, matizaciones débiles, de lo que ya apuntó
Nietzsche al decir: «Ahora bien, tan pronto como rechazamos lejos de
nosotros la interpretación cristiana y consideramos su ‘significado’ como
moneda falsa, nos asalta la pregunta de Schopenhauer de la manera más terrible:
¿tiene la existencia algún sentido? Cuestión que necesitará varios siglos para
ser percibida en toda su profundidad. La respuesta que le dio el propio
Schopenhauer —pido perdón por lo que voy a decir— era algo precipitada,
juvenil, una forma de transacción, un quedarse atascado en las perspectivas
morales, en las del ascetismo cristiano precisamente».
Dentro de la filosofía de la Antigua Grecia, merece la pena
mencionar a propósito de una concepción amplia y vitalista del nihilismo a los
sofistas, su actitud de cuestionar y debatir, sobre todo, o incluso a un
escepticismo radical; todo esto tiene mucho que ver con la afirmación de que
todo se encuentra en permanente movimiento y, consecuentemente, todo varía en
función de nosotros mismos. No pocas veces se identifica el nihilismo, no solo
con negación, también con una intención aniquiladora; bien, pues viene también
al caso traer la máxima del bueno de Bakunin, al que en ocasiones también se ha
calificado de nihilista, «¡La pasión por la destrucción es también una pasión
creativa!»; como debe interpretar cualquier mente bien oxigenada, esto no
supone en absoluto arbitrariedad y, de nuevo, aparece un horizonte que parece
una realidad más decente, ya que el anarquista ruso se refería de forma obvia a
todo institución que favorezca la injusticia social.
Hay filósofos que han afirmado que la filosofía nihilista es
un magnífico equilibrio para un pensamiento y unas prácticas anarquistas,
basadas en una fuerte moral solidaria y de apoyo mutuo.
Hay quién cree que vivimos en una sociedad nihilista, cuando te
das cuenta y llegas a pensar que la idea de felicidad, libertad, amor, éxito, honor
y victoria son sólo constructores del intelecto humano en un intento de darle
sentido a una existencia carente de él. Esos idealistas se tendrían que
preguntar si nuestro destino ha de ser para toda la eternidad o es algo efímero
del pensamiento. Yo tengo otra creencia y otro pensar…
Fotografía: Web: Awen Psicología

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