miércoles, 14 de enero de 2026

Nihilismo

 


El término nihilismo es uno de los conceptos más populares de la historia reciente de la filosofía. Con frecuencia decimos que nuestra sociedad es nihilista o que los jóvenes de hoy rezuman nihilismo. Digamos que la filosofía nos ayuda a entender el pensar y el actuar de ciertas personas. 

¿Qué es el nihilismo? El nihilismo es una idea bastante básica de que no hay un significado objetivo a la vida. ¿O es la idea de que no hay significado alguno? Una persona nihilista es aquella que se identifica con el nihilismo, una filosofía que sostiene que la vida carece de significado, propósito o valor intrínseco.

Según la RAE, el nihilismo es la negación de cualquier principio, creencia o valor religioso, político o social, y también se refiere a una doctrina filosófica que niega la existencia de un fundamento objetivo en el conocimiento y la moral. En resumen, implica rechazar la existencia de un propósito o valor inherente a la existencia, la vida y el conocimiento.

Esta doctrina filosófica niega la existencia de un sentido, propósito o valor inherente en la vida, la verdad, la moralidad o la existencia misma. Proviene del latín nihil (nada) y, en su forma más radical, sostiene que la realidad carece de fundamentos objetivos y que todos los valores son creaciones humanas vacías. Filósofos como Nietzsche exploraron el nihilismo y su relación con la "muerte de Dios", viéndolo como un vacío que necesita ser superado para crear nuevos valores.

La palabra nihilismo tiene su origen en el vocablo nihil, que en latín significa «nada». Añadiendo el sufijo «-ismo», la palabra «nihilismo» significa etimológicamente la postura o doctrina de la nada. Así, el nihilista —atendiendo a su significado etimológico— es aquella persona que cree en la nada o, dicho de forma parecida, pero no igual, aquella persona que no cree en ningún principio.

El concepto no surge, como suele creerse, en el siglo XIX con la filosofía nietzscheana. De hecho, tiene un vasto recorrido histórico: en el siglo IV d. C., San Agustín acusaba de nihilistas a los no creyentes; en la Revolución Francesa, nihilistas eran aquellos indiferentes al gran acontecimiento y, en el marco de la filosofía alemana, nihilistas eran —para Jacobi— los idealistas que pretendían conocer el fundamento de la realidad. Sin embargo, es cierto que a partir de Nietzsche es cuando el concepto adquiere la importancia filosófica que hoy tiene.

Si hay un autor central en la historia del nihilismo ese es, sin duda, Nietzsche. Discípulo de Schopenhauer, recoge toda la tematización anterior sobre la nada y dota al nihilismo de una importancia central en el corpus de su filosofía. En ella, el nihilismo es un concepto fundamental en torno al cual gravitan el resto de propuestas y conceptos (como la muerte de Dios o el eterno retorno). Es tal la influencia de la concepción nietzscheana del nihilismo que los autores posteriores que abordan el tema son solo reformulaciones de su pensamiento, matizaciones débiles, de lo que ya apuntó Nietzsche al decir: «Ahora bien, tan pronto como rechazamos lejos de nosotros la interpretación cristiana y consideramos su ‘significado’ como moneda falsa, nos asalta la pregunta de Schopenhauer de la manera más terrible: ¿tiene la existencia algún sentido? Cuestión que necesitará varios siglos para ser percibida en toda su profundidad. La respuesta que le dio el propio Schopenhauer —pido perdón por lo que voy a decir— era algo precipitada, juvenil, una forma de transacción, un quedarse atascado en las perspectivas morales, en las del ascetismo cristiano precisamente».

Dentro de la filosofía de la Antigua Grecia, merece la pena mencionar a propósito de una concepción amplia y vitalista del nihilismo a los sofistas, su actitud de cuestionar y debatir, sobre todo, o incluso a un escepticismo radical; todo esto tiene mucho que ver con la afirmación de que todo se encuentra en permanente movimiento y, consecuentemente, todo varía en función de nosotros mismos. No pocas veces se identifica el nihilismo, no solo con negación, también con una intención aniquiladora; bien, pues viene también al caso traer la máxima del bueno de Bakunin, al que en ocasiones también se ha calificado de nihilista, «¡La pasión por la destrucción es también una pasión creativa!»; como debe interpretar cualquier mente bien oxigenada, esto no supone en absoluto arbitrariedad y, de nuevo, aparece un horizonte que parece una realidad más decente, ya que el anarquista ruso se refería de forma obvia a todo institución que favorezca la injusticia social.

Hay filósofos que han afirmado que la filosofía nihilista es un magnífico equilibrio para un pensamiento y unas prácticas anarquistas, basadas en una fuerte moral solidaria y de apoyo mutuo.

Hay quién cree que vivimos en una sociedad nihilista, cuando te das cuenta y llegas a pensar que la idea de felicidad, libertad, amor, éxito, honor y victoria son sólo constructores del intelecto humano en un intento de darle sentido a una existencia carente de él. Esos idealistas se tendrían que preguntar si nuestro destino ha de ser para toda la eternidad o es algo efímero del pensamiento. Yo tengo otra creencia y otro pensar…


Fotografía: Web: Awen Psicología


 

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