miércoles, 21 de enero de 2026

Eudaimonía

 


Eudaimonía o Eudemonía: significa tener buena fortuna, riqueza o felicidad. La eudemonía es una palabra del griego clásico (εὐδαιμονία) generalmente traducida como felicidad o bienestar, pero con un significado más profundo y completo que incluye el florecimiento humano, la plenitud del ser y una vida buena. Se trata de un concepto muy presente en toda la filosofía griega y, en especial, en la aristotélica que entiende, en su ética, que la eudemonía es el bien supremo de la vida humana que se alcanza al vivir de acuerdo con la razón y la virtud a lo largo de toda la vida. La ética Nicomaco es en este sentido, el de la definición de bien, de felicidad, de búsqueda de sentido de la vida, una obra más que vigente en la actualidad, a pesar de los siglos que han transcurrido.

La felicidad ha sido a lo largo de la historia y en todas las culturas un concepto a la vez importante y esquivo, algo deseado y en apariencia inalcanzable, objeto de reflexiones y al mismo tiempo de difícil definición, tema literario, artístico e incluso del pensamiento místico y religioso. A pesar de todo, en la actualidad la felicidad sigue siendo una idea de difícil concreción, que parece escaparse entre nuestros dedos pero que perseguimos ávidamente.

Eudemonía. El secreto de la felicidad perdida, probablemente el deseo más anhelado por los corazones humanos envuelto en una palabra prácticamente desconocida, asociado a "florecimiento humano" o "prosperidad". Para Aristóteles la vida eudaimoníana, es una vida de "actividad virtuosa según la razón". El problema de su definición está, para nuestros oídos modernos, que hace unas cuantas décadas metimos la virtud en el saco de lo moral. Nada que ver con su sentido antiguo. Para los griegos la virtud, por ejemplo, también tenía que ver con la belleza física (salud, cuidado…) o estados como la sabiduría, la compasión y el coraje.

El campo de la Psicología Positiva define la eudemonía como “el autodescubrimiento, el desarrollo percibido de los mejores potenciales, el significado en la vida, la participación intensa en actividades, la inversión de un esfuerzo importante y el disfrute de actividades como relaciones personales expresivas y profundas”. Lo que viene siendo conexión profunda con el propósito. Algo que ya sabemos no es baladí, sino esencial para la supervivencia laboral humana en nuestras nuevas longevas carreras, así como para la obtención de la excelencia en las empresas.

“El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”: Aristóteles.

Aristóteles sostiene que vivir de acuerdo con la razón significa alcanzar la excelencia. Además, en sus textos afirma que esta excelencia no puede ser aislada, por lo que también hacen falta competencias adecuadas para funciones afines. Todos los seres humanos buscamos la felicidad, pero ahora ya sabemos gracias no solo a la filosofía (que siempre lo supo) sino a la ciencia, que ésta no proviene tanto del mundo “material” sino de desarrollar una vida con significado y sentido, así como de las conexiones profundas con los demás, y con uno mismo. Cuando éste es intelectualmente estimulante y satisfactorio, es lo que nos lleva al éxito del “florecimiento humano”, algo a lo que debiéramos poder aspirar todas las personas, y que debiera constituirse como derecho constitucional en este siglo, pero que tan terriblemente lejano está aún para la mayoría.

Decir que, las personas que están más conectadas a la naturaleza tienden a tener niveles más altos de bienestar hedónico y ¡eudemónico! en particular, tienen niveles más altos de crecimiento personal. Se podría decir que la naturaleza y la psique humana están inextricablemente unidas; los riesgos de estar desconectado de la naturaleza son el desarrollo de comportamientos y actitudes que, en última instancia, dañan nuestra salud física y mental, además de un daño irreparable al Planeta (a los hechos nos remitimos).  Así que, retomando la propuesta, concedámosle a la eudemonía su sitio. Quizá sea sentándonos a la sombra del árbol "florezcamos" y encontremos ese propósito de vida amorosa, placentera y feliz.

“El amor está compuesto por un alma habitando dos cuerpos”: Aristóteles.

 

Fotografía: Internet


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