sábado, 10 de enero de 2026

Vivir, ¿para qué vivimos?

 


¿Para qué vivimos? ¿Te has planteado para qué vivimos? Yo creo,  que todos vivimos para ser felices, para sentirnos bien en cada momento de la vida, rodeados de la gente que nos quiere y queremos. Eso es lo que buscamos y lo que deseamos para nosotros y para cualquier persona que amamos.

Según los neurocientíficos, eso depende, en gran medida, de lo que pensamos. Por ello, hay que pensar bien para sentirse bien. Y para ello, lo primero que tenemos que saber hacer, es reconocer y dar espacio a nuestras emociones y después, saberlas gestionar. Somos altamente imperfectos, forma parte de nuestra divinidad, así que cuando otros cometen errores, y todos cometemos errores, hay que aceptarlo, siempre que se reconozca. "Cometer errores es humano, reconocerlos es virtud y rectificar es santidad".

Pensar, a diferencia de lo que creemos, es más emocional que racional. Para pensar y hacerlo bien, hay que aprender a detectar lo que sientes y mostrarte amable y sincera, porque en la hipocresía se esconden malas intenciones y esa gente no es de confianza. En los momentos que te sientas mal, en lugar de buscar culpables fuera, debemos mirar lo que ocurre dentro, porque, a veces, hay que cambiar la impronta percepción de nosotros mismos.

No hagamos mal a nadie, pero creo que debemos aprender a pensar bien de uno mismo. Todas las personas necesitamos sabernos y sentirnos aceptados, reconocidos, valorados, queridos, respetados y ayudados; por encima de cualquier otra cosa somos seres relacionales y emocionales. Lo que no necesitamos es sentirnos cuestionados, aleccionados, reprochados e ignorados. Los pensamientos negativos hacia uno mismo y hacia otros son muy dañinos, por eso hay que mantener pensamientos positivos el máximo tiempo posible, aunque sea imaginando aquello que nos gusta y nos hace sentir bien, así conseguimos que el pensamiento negativo tenga el menor espacio y tiempo posible. Nuestro cerebro se modifica continuamente en base a aquello que hacemos, pensamos y sentimos. Así que, si no queremos sentirnos mal, debemos aprender a sentirnos bien.

Ante los malos momentos, esos en los que se hace difícil pensar bien cuando la cosas van francamente mal, es el momento de hacerse la gran pregunta ¿Para qué vivo? nos ayudará a relativizar, a aceptar y a reenfocar. Hazte alguna pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te apasionaste por algo? ¿Dónde se han escondido la chispa que iluminaba tus ojos y la ilusión que despertaban tus palabras? ¿Dónde ha ido a parar tu pasión, tu entusiasmo, tus ganas de vivir?

Emilio Duró dice que: “El 80 ó 90% del éxito en la vida está en la actitud, el 10% es conocimiento. Lo importante es la actitud con la que te enfrentas a la vida y a los problemas. Aquí es donde entra el coeficiente de optimismo. La Nasa, cuando tiene que enviar un tío a la Luna, no mira la inteligencia, mira el coeficiente de optimismo. ¿Tú te imaginas ir de aquí a la Luna con un pesimista? Te imaginas escuchar: "Esto se va a caer, escucho ruidos raros... Si lo sé, no vengo, como esto se caiga nos recogen con pinzas..." Este tipo de personas te sacan de quicio. 

Tu cerebro no ve nada más que lo que tus emociones quieren, y por eso hay personas que hagan lo que hagan consiguen salir adelante, y hay gente que haga lo que haga, siempre termina por hundirse.

Antes de hundirte tus emociones radiaban optimismo, y por eso los problemas los veías como retos que siempre conseguías superar. Antes solías vivir cada día, cuando te hundes solo te conformas con sobrevivir. Por ello tienes que volver a encontrarte, cuanto antes, a ti y a la razón que te hace levantarte con ganas por las mañanas y preguntarte ¿para qué vivo? Y ver que la vida es maravillosa.

Ámate, pon tu mano izquierda sobre el hombro derecho y tu mano derecha sobre el hombro izquierdo, mírate en el espejo y sonríete. Sal a pasear, párate en un parque infantil y déjate contagiar de la alegría de los niños. Búscate hobbies, dedica tiempo a la lectura, renuévate por dentro y por fuera. Todo depende de tu perspectiva y de la felicidad interna que haya dentro de ti. Porque tu vives, para vivir tu vida. 



Fotografía: Internet


 

No hay comentarios :

Publicar un comentario