Cicerón, filósofo romano dijo que: “Sócrates fue el primero
que hizo descender la filosofía del cielo, la metió en las casas y la obligó a
ocuparse de la vida”.
Sócrates es una columna central de la filosofía como la
entendemos hoy en día, nos dio la guía para analizar la ética, la política y
hasta la investigación científica. En suma, aunque nunca lo admitiría, era un
genio.
Sócrates, que nació en Atenas hacia el 469 antes de nuestra
era, pasa por ser la figura que cambió por completo la historia de la
filosofía. Solo has de ver cómo lo hemos situado las generaciones posteriores.
Hemos creado un antes y un después radical.
Todas las escuelas y pensadores anteriores se denominan
presocráticos. No tienen nada en común. Están matemáticos ilustres como
Pitágoras o pensadores como Tales de Mileto. Pero Sócrates, por decirlo de
alguna manera, cambió las reglas del juego. Dio a la filosofía toda su razón de
ser.
Hasta ese momento, los pensadores
trataban todo tipo de temas científicos, como los movimientos celestes, las
distancias o la composición de la materia. Era ya un paso. Antes de la
aparición de los primeros filósofos o sabios, todo se dejaba a la decisión y
acción de los dioses. Pero, entonces, ya se empezó a buscar otros orígenes o explicaciones sobre la vida, a través de la razón: sobre la felicidad, la esperanza...
Pero fue Sócrates el que se interesó por un pensamiento más
mundano, más centrado en el aquí y el ahora de los temas que nos afectan como
sociedad. Pero ojo, mundano no significa fácil. No quiere decir que fueran
temas superfluos. Fueron aspectos que nos afectan mucho más directamente.
La filosofía baja a la tierra. "Sócrates fue el primero
que hizo descender la filosofía del cielo, la colocó en las ciudades, la
introdujo también en las casas y la obligó a ocuparse de la vida y de las
costumbres, del bien y del mal", resumía muy bien el filósofo Cicerón,
casi 400 años más tarde.
Los romanos, grandes esponjas que supieron recoger y asimilar
toda la cultura griega y adaptarla, conocían y veneraban la figura de Sócrates.
A través de ellos, que tradujeron a los discípulos del maestro, como Platón y
Jenofonte, hemos podido conocer su obra, ya que Sócrates nunca escribió ni una
línea.
Era un personaje cuanto menos curioso. Cuentan que algo
deforme de cara, lo que hizo que muchos se burlaran de él. Pero tenía una
inteligencia tal que desmontaba cualquier comentario en su contra. Se pasaba el
día interrogando a sus conciudadanos. La vida no examinada no merece la pena
vivirla, decía. A través de esas preguntas y contra-preguntas a sus respuestas,
les hace ver que lo que creían tan seguro no lo es.
Su método de interrogatorio es tan bueno que se mantiene
inalterable. Hoy filósofos, psicólogos y el mundo científico mantienen el
método socrático como una fuente de inspiración y de acercarnos a la verdad. Lo
explican en el libro La filosofía práctica de los pensadores clásicos (Editorial
Kairós), donde sus autores destacan lo útil que nos puede ser.
El sabio que no sabía nada. En el libro se recupera una de
las historias más famosas de Sócrates. El discípulo Querofonte había acudió al
Oráculo de Delfos para preguntar a la sacerdotisa si había alguien más
inteligente que Sócrates. La sacerdotisa le dijo que no.
Cuando Querofonte se lo contó a Sócrates, este se sorprendió
de la respuesta y quiso comprobar si era cierta. Así que empezó a preguntar a
sus conciudadanos si eran más inteligentes. Empezó por un político con fama de
sabio. Cuando comprobó por sus respuestas que no sabía tanto y así se lo dijo
(Sócrates era un poco bocazas), el otro casi le apaliza.
A partir de ahí Sócrates admite que al menos es más sabio que
ese político. “Yo al menos reconozco mi desconocimiento, este hombre ni
siquiera sabe que no sabe”, vino a decir. Luego se ha popularizado su expresión
“solo sé que no sé nada”, que no se menciona literalmente en ningún diálogo, pero
que resume bien su pensamiento.
Y esta es la base de su método. Sócrates parte de su supuesto
desconocimiento para interrogar a los otros y que le digan lo que ellos piensan
de cualquier tema. Sócrates lo trata todo: la virtud, la justicia, la piedad,
el amor, la amistad, el buen gobierno.
Sócrates crea mucha escuela. Cicerón, en el escrito con el
que hemos encabezado el artículo, explica que le impresionaba de Sócrates su
forma de discutir, la variedad de asuntos y la potencia de su mente. Esa manera
de conversar, sobre todo la inmortalizada por Platón, abrió la puerta a muchas
escuelas filosóficas.
Podíamos decir que con Sócrates llega una de las primeras divisiones
de la ciencia. Se aleja del interés por explicar la naturaleza y se centra más
en el lenguaje y la ética y la vida ciudadana. Nos plantea cómo vivir y lo hace
con preguntas incómodas, preguntas que nos obligan a replantear las respuestas.
El filósofo Fernando Savater, uno de nuestros referentes
actuales, ha insistido muchas veces en que la filosofía, cuando de verdad
importa, nace de perplejidades cotidianas: lo que nos pasa y no entendemos, lo
que discutimos, lo que tememos, lo que deseamos.
Ese gran camino que nos seguimos planteando hoy, ¿qué
significa ser justo, ser valiente o decente?, lo inició con su primer gran paso
Sócrates.
“Sólo sé que no sé nada”… “Sólo sé que nada sé”…
Fotografía: Internet

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