"Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas": La célebre frase atribuida a Jean-Jacques Rousseau, destaca la superioridad de la consideración genuina y duradera sobre la fascinación superficial o efímera. Esta reflexión subraya la importancia de la autenticidad en las relaciones humanas y la ética sobre la mera fama o el elogio.
El respeto comienza por casa. Por lo tanto, no vas a lograr que los demás te respeten si no lo haces tú. Por otro lado, entiende que el respeto no significa miedo o reverencia, sino aceptación y valoración. El respeto es el pilar de toda buena convivencia, ya que nos permite reconocer, valorar y aceptar a los demás.
Respeto vs. Admiración: El respeto es percibido como algo
sincero, profundo y duradero, mientras que la admiración puede ser ficticia,
ligada al ego y como algo pasajero.
Los humanos somos una especie que se asocia profundamente con
la vida en sociedad. Necesitamos de la relación con otros individuos para
realizarnos en diferentes ámbitos, como el personal o el profesional. Es por
ello que la aceptación ajena es un elemento intrínseco a nuestra persona que se
recibe con muy buenas sensaciones. Reconocer a los demás, así como a sus
acciones y opiniones con tolerancia, es parte de lo que permite mantenernos
unidos y lo que ayuda a forjar vínculos verdaderamente estrechos.
Este tema ha sido objeto de análisis entre algunos de los
usuarios más brillantes de su época. El filósofo suizo hablaba del respeto como
un recurso útil para la convivencia entre individuos y su practicidad en la
trayectoria vital de cada uno de nosotros. Una relación equilibrada, además de
autenticidad, permite una confianza que nos ayuda a evitar destinos
desfavorables para nosotros gracias a mecanismos como la crítica constructiva.
Por otro lado, la admiración supone una relación desigual por
parte de las personas implicadas. Si bien es bueno el reconocimiento hacia una
acción o actitud que nos fascina, no debemos dejarnos caer por un fanatismo que
nos distorsione la realidad sobremanera. Evitar dicha fe ciega nos ayuda a
hacer un ejercicio de conciencia sobre lo que nos rodea.
Otorgar y recibir respeto es la base de una relación sana e
igual. Generar un fervor excesivo hacia un tercero puede hacernos caer en una
verdad maquillada que condicione nuestra visión de ese mismo individuo, en el
que el único culpable seremos nosotros. Mantener una actitud moderada y crítica
con respecto a los demás nos permitirá mantenernos fieles a nosotros mismos.
Con el respeto y la admiración se edifica un espacio sagrado (no
precisamente un pedestal) en el que te ubican los demás, y es algo que no se
gana de la noche a la mañana. Se cultiva con la paciencia de un sembrador.
Puede que te admiren en un aspecto de la vida y no en otros.
O que te respetan por algunas decisiones, pero no por otras.
No basta con ser útil para que te valoren. La gente se quita
el sombrero al notar que no sólo te enfocas en ayudarte a ti mismo, sino que te
comprometes en ayudar a otros. Todo el que te admira por ende te respeta. Sin
embargo, no todo el que te respeta está obligado a admirarte…
Fotografía: Internet

No hay comentarios :
Publicar un comentario