Nacer y vivir en las Islas Canarias, es tener la auténtica
sensación de haber conocido el verdadero paraíso. No solo por las famosas
playas y por su paisaje, también por su gran cultura, su gente, su gastronomía
y lo que unifica a todas las islas: El orgullo de ser canario.
¡Ser canario es mi razón! Los canarios, unidos todos, con una
sola voz, para gritar a los cuatro vientos el orgullo y la suerte de pertenecer
a este increíble lugar. ¡Qué suerte vivir aquí! Por su clima, por sus playas, por
su mar, por su cielo, por sus montañas, por sus atardeceres… Orgullosa de mi
gente, de mi habla, de mis antepasados y de cada rincón de esta tierra mía, en
la que tuve la inmensa suerte y fortuna de nacer, de vivir y de sentir el latir
de la esencia de mis raíces.
Canarias es diferente, y ser canario es algo mucho más grande
que haber nacido en las islas. Es una forma de vivir, de respetarnos los unos a
los otros y compartir con todo el mundo aquello que nos hace únicos: nuestro
sentimiento. Sentimiento de pertenencia por vivir en unas islas singulares con
gentes especiales, donde el clima y la cultura nos caracteriza. Ser canario es
un sentimiento que nos identifica. Somos salitre en la piel y volcán en las
entrañas: Esa es la razón de ser canarios.
Canarias es tierra de acogida, de gente noble y generosa,
toda persona que llega se siente en casa, sienten la canariedad como
experiencia, no como certificado. La conclusión es clara, la canariedad no se
reduce a una partida de nacimiento ni a una etiqueta administrativa. Para ser
canario no hace falta nacer aquí; hace falta haber mirado este mar, haber
sufrido y disfrutado en estas islas y haber hecho un trozo de vida en ellas. La
identidad se vive y se siente, no se imprime en un documento.
Ser canario y ser español es una compatibilidad, no un
conflicto. Es decir, para la inmensa mayoría, se puede ser canario y español
sin conflicto. Canarias también es España, pero la base, el suelo, la raíz, es
Canarias. La pertenencia no se vive como un dilema, sino como una
compatibilidad natural en la que el territorio cercano, actúa como primer ancla
identitaria: En la escala de pertenencia, primero el pueblo o ciudad, luego la
isla y en tercer lugar Canarias en su conjunto. Luego España y después Europa.
La identidad se construye desde abajo, desde el entorno inmediato hacia lo
global, no al revés.
Canarias no es solo un paisaje para vender vacaciones.
Canarias es un pueblo que se reconoce en su barrio, en su acento y en su manera
de ser. Si queremos estar a la altura de esa identidad, la política tiene que
dejar de mirarse desde su privilegio y empezar a mirar a la plaza. Porque la
canariedad, no se manifiesta con palabras, ni logos, ni banderas, se practica.
Y, al final, un canario no se rinde: se levanta, se sacude y sigue bregando.
Nuestras Islas Canarias esconden mucho más que una belleza
excepcional, atardeceres de ensueño y espectaculares costas. De hecho, se sabe
que hay rincones cuyo protagonismo recae no tanto en su aspecto sino más bien
en las historias que hay tras ellos.
Las leyendas de Canarias son parte de una tradición y del
folclore isleño que dota de vida y poesía a un singular paisaje que a veces
parece de otro planeta de belleza penetrante e intensa. Fábulas o historias de
este tipo hay muchas, sobre todo las que tienen como protagonistas a la
población aborigen de estas ínsulas, quizás por irse mitificando y modificando
los documentos y las historias por medio de la tradición oral, que atestiguan
su vida a lo largo de los siglos. Son una parte fundamental de la cultura e
historia de la región. Transmitidas de generación en generación, estas
historias se han convertido en una parte integral de la identidad canaria. Mitos,
leyendas y misterios en la antigüedad de Canarias, unas más populares que
otras. Cada leyenda cuenta una historia local, única, relacionada con la gente,
la geografía, la flora, la fauna…
La isla de San Borondón. Existe varias versiones:
Los inicios de esta leyenda se remontan al siglo VI y vienen
de la mano de San Brandán, el navegante que dedicó su vida a predicar el
cristianismo en numerosos territorios del océano atlántico. En uno de sus
viajes, se cuenta que San Brandán fue guiado por un pez gigante a un auténtico
paraíso terrenal concebido como la novena isla de Canarias.
A pesar de tratarse de una simple fábula, para los navegantes
más intrépidos esto suponía un auténtico reto. De tal manera, tuvieron lugar
numerosas expediciones destinadas a encontrar aquella misteriosa isla. Fue en
1721 cuando tuvo lugar la última de ellas, organizada por Gaspar Domínguez.
Tras tantos intentos fallidos, San Borondón finalmente quedó
en la imaginación para convertirse en una auténtica leyenda. Dicen que, si
tienes suerte y estás atento, en algún momento de tu vida podrás divisarla en
el horizonte, como si de un espejismo se tratara.
El Salto del Enamorado. La Palma:
Cuenta la leyenda que un pastor de Puntallana en la isla de
La Palma, quedó totalmente prendado de una muchacha que no le correspondía. La
joven, cansada de la insistencia del pastor, decidió ponerle una prueba
imposible para deshacerse de él.
El reto consistía en dar tres vueltas al vacío sobre el filo
de un barranco. Si lograba superar la prueba, la doncella correspondería a su
amor. El intrépido pastor sujetó la lanza y dio la primera vuelta gritando “en
el nombre de Dios” y consiguió pisar tierra. Confiado, colocó de nuevo la lanza
y dio la segunda vuelta exclamando “en el nombre de la Virgen” y la completó de
nuevo con éxito. Finalmente, cuando se disponía a dar la tercera vuelta grito
“en el nombre de mi amada” con tan mala suerte que cayó al vacío. Desde
entonces, los locales denominaron a este risco como ‘El Salto del Enamorado’
para recordar la osadía del pastor.
El diablo de Timanfaya. Lanzarote:
Esta historia tiene lugar en Timanfaya, Lanzarote. En un día
especial para dos enamorados que estaban a punto de casarse. Pero durante la
celebración de la boda, quedaron sorprendidos ante un fuerte estruendo
acompañado de una gran explosión que hizo temblar el suelo. Del cielo empezaron
a caer una gran cantidad de rocas y lava, destrozando todo lo que se les
cruzaba. Ante lo sucedido, los asistentes trataron de escapar esquivando los
trozos de piedra como si de flechas se tratase. Pero para su descontento, una
de estas rocas termina impactando sobre la joven muchacha, quedando sepultada.
Por desgracia, cuando el novio consigue desplazar la enorme piedra con la ayuda
de una forja, descubre que ya era demasiado tarde.
Tras esto, decide tomar el cuerpo sin vida y atravesar el
valle en busca de refugio, aunque esto ya no fuese de ayuda para su amada. Se
dice que a pesar del humo y de las cenizas, algunos habitantes del pueblo
pudieron observar la silueta del joven en una colina a la luz de la Luna. En
ese momento pudieron percatarse de cómo este levantó la forja de cinco puntas
con sus dos brazos listo para desaparecer en el árido terreno de Lanzarote. Al
contemplar el fatídico final de la joven pareja, los testigos allí presentes
solo pudieron suspirar de tristeza al eco de: “pobre diablo”.
El grito de Ferinto. El Hierro:
Ferinto era el nombre de un bimbache, luchador como pocos,
que le hizo frente a las tropas del conquistador. Jean de Bethencourt. Se
cuenta, que siempre escurridizo, lograba librarse de los soldados enemigos. Sin
embargo, un amigo lo traiciona a cambio de dinero, indicando donde vivía. Tras
hacerle una encerrona intenta huir, pero al serle imposible acaba luchando para
salvar su vida. Pero eran demasiados los hombres de Bethencourt. Sabiendo que
iba a morir se lanza al vacío. Fue tan fuerte el grito que dio que según se
cuenta se extendió por toda la isla. Todos supieron que Ferinto había muerto,
incluida su propia madre.
La maldición de Laurinaga. Fuerteventura:
La historia comienza con la seducción por parte de don Pedro
Fernández de Saavedra, señor de Fuerteventura, de una joven indígena llamada
Laurinaga, con la que tuvo un hijo. Sin embargo, él se acabó casando con una
mujer de “buena cuna” con la que tuvo varios hijos. Uno de ellos, Luis
Fernández de Herrera intentó violar a una indígena. Un agricultor intentó
salvar a la joven de manos de don Luis. Don Pedro, que estaba cerca por estar
de cacería, fue en defensa de su hijo y mató al campesino. Una anciana indígena, madre del joven,
también fue. Allí dijo a don Pedro que era Laurinaga y ese su hijo, lanzando
luego una maldición sobre la isla. Según la tradición desde este momento la
isla se hizo desértica.
Leyenda de Iballa. La Gomera:
Iballa era una joven y bella indígena gomera que logró
enamorar al Conde de la isla, Hernán Peraza. Sabiéndolo, un grupo de rebeldes
liderados por Hupalupa y Hautacuperche, preparan una emboscada a Peraza. Una
vez lo descubre Peraza intentó escapar vestido de mujer. Pero fue reconocido
rápidamente. Así el Conde decide finalmente luchar contra los rebeldes. Sin
embargo, logran abatirlo rápidamente. Una vez se entera de la muerte de su
marido Beatriz de Bobadilla prepara su venganza, por miedo a una rebelión. Pide
ayuda al Gobernador de Gran Canaria, Pedro de Vera, quien comienza una dura
represión contra los gomeros. Muchos de los que no murieron fueron vendidos
como esclavos.
Guayota, el diablo que habitaba en el Teide. Tenerife:
Según cuenta la leyenda, en Tenerife existió un ser malvado
llamado Guayota. Un día, este raptó a Magec, el dios del sol y de la luz para
los guanches, dejando así toda la Isla sumida en la más absoluta oscuridad.
Ante ello, los guanches acudieron al dios de los cielos, Achamán, para pedirle
ayuda. Achamán decide enfrentarse a Guayota y da comienzo a una tormentosa
lucha. Pero a diferencia de la anterior, esta leyenda sí que tiene un final
feliz, ya que Achamán logra reducir a Guayota y liberar a Magec, volviendo así
la luz a la Isla. Achamán decide tapar la boca del volcán para que Guayota no
pudiese volver a salir, quedando así atrapado para el resto de los tiempos.
Se dice que desde entonces este demonio sigue viviendo en el
interior del volcán y que puede olerse su maloliente respiración desde la parte
más alta del Teide.
La Leyenda de Bentejuí de Agáldar. Gran Canaria:
Bentejuí era hijo del guanarteme Bentagoyhe, pero no pudo
heredar el cargo debido a que era menor de edad en el momento de la muerte de
su padre. En su lugar, el guanarteme de Agáldar, Tenesor Semidán, asumió el poder
de manera provisional. Bentejui Semidán fue un líder guerrero de Gran Canaria,
que se resistió militarmente a la conquista de la isla por parte de los
conquistadores de la Corona de Castilla.
Al caer Agáldar, la resistencia del guanartemato contra el
tratado con Castilla, se traslada a las zonas montañosas del interior, donde
Bentejuí, contando con el apoyo del faycán de Telde, Tazarte y de la princesa
galdense Guayarmina Semidán, organiza la última resistencia en los altos
rocosos de la isla. Tenesor se reúne con ellos para tratar de convencerlos de
que cesen en la rebelión, conversa con Guayarmina y con Bentejuí en la
fortaleza de Ansite. Tras la reunión, Guayarmina baja y se entrega, mientras
que Bentejuí y el Faycan de Telde se suicidan siguiendo el ritual Canarii,
despeñándose por el barranco. La leyenda cuenta que se lanzaron al vacío al
grito de libertad: ¡Atis Tirma! (Atis o Axit, significa “viva” y Tirma o Dirma,
“montaña sagrada”), encomendándose así a la montaña sagrada desde la que
saltaron, para poder viajar al otro mundo, el de los espíritus.
Cuando me preguntan de dónde soy, esta es mi respuesta: Soy canaria de las 8 islas, de la provincia de Las Palmas, mi isla es Gran Canaria, vivo en las Palmas de Gran Canaria. Nací en los altos del municipio de Gáldar; en la cumbre de Gran Canaria está mi cuna y mis raíces, Juncalillo es el lugar que me vio nacer y crecer. Agáldar, el reino de los Guanartemes, fue la primera capital prehispánica, con un pasado cargado de historia que engrandece hoy a la ciudad de los Caballeros de Gáldar.
Sí, orgullosa de ser canaria de Gran canaria: grancanaria,
canariona, canarii… Ese orgullo se
refleja en una isla única, conocida como un continente en miniatura: dunas que
parecen desiertos, bosques de laurisilva, paisajes petrificados, montañas
imponentes, barrancos profundos, lugares sagrados donde se conservan monumentos
y cuevas cargadas de historias que guardan la memoria de los antiguos habitantes, nuestros ancestros...
Canarias es más que un lugar, es algo que te sigue adónde vayas, porque se lleva dentro del alma.
Fotografía: Internet


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