El
Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo es la conmemoración del
movimiento obrero mundial. Es una jornada que se ha utilizado, habitualmente,
para realizar diferentes reivindicaciones sociales y laborales a favor de las
clases trabajadoras. Es día festivo nacional en la mayoría de países.
Este
día es una fecha señalada en el calendario laboral de muchos países, incluido
España. Esta jornada no solo representa un merecido descanso para millones de
personas, sino que tiene un profundo significado histórico y social que conviene
conocer.
El
1 de mayo es el Día Internacional del Trabajador y es el aniversario de la
lucha y celebración por los derechos de los trabajadores. Tiene su origen en el
siglo XIX a raíz de movilizaciones obreras que exigían mejores condiciones
laborales, entre ellas una jornada de 8 horas de trabajo como máximo.
En
España este día está dedicado a conmemorar los logros del movimiento obrero y
los derechos conquistados por los trabajadores a lo largo de la historia. En
esta fecha se reivindica la dignidad laboral, la justicia social y la igualdad
de oportunidades en el mundo del trabajo. Se celebran manifestaciones,
concentraciones y actos organizados por sindicatos y asociaciones laborales en
todo el país.
El
origen del Día Internacional del Trabajador se remonta al 1 de mayo de 1886 en
Estados Unidos, específicamente en la ciudad de Chicago. En esa época, los
trabajadores reclamaban la jornada laboral de ocho horas, ya que era habitual
que se trabajaran entre 12 y 16 horas diarias.
La
huelga general convocada en Chicago derivó en una serie de enfrentamientos
conocidos como los sucesos de Haymarket. Tras una manifestación pacífica, una
bomba explotó y murieron varios policías. En respuesta, se condenó a muerte a
varios líderes sindicales, conocidos como los “Mártires de Chicago”. Este
trágico episodio marcó el inicio de una conmemoración anual en honor a los
derechos laborales.
En
1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en
París, declaró el 1 de mayo como el Día Internacional de los Trabajadores, en
homenaje a aquellos que lucharon y dieron su vida por condiciones laborales
justas.
En
España, el Día del Trabajador se celebró por primera vez en 1890, apenas un año
después de su institucionalización internacional. La iniciativa partió de
asociaciones obreras que convocaron manifestaciones pacíficas en ciudades como
Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, reclamando mejores condiciones de
trabajo, reducción de jornada y salarios dignos.
Durante
el régimen franquista, esta celebración fue suprimida y sustituida por el
llamado «Día de la Exaltación del Trabajo», celebrado el 18 de julio, con un
enfoque deferente. De ahí le recordada paga extra del 18 de julio. No fue hasta
la llegada de la democracia, en 1978, cuando el 1 de mayo volvió a ser
reconocido oficialmente como fiesta nacional en España, recuperando su sentido
original.
Aunque
muchos consideran el 1 de mayo como un simple día de descanso, su valor
reivindicativo sigue plenamente vigente. Y, resulta paradójico que, a día de
hoy se siga reivindicando lo que es de justicia: la precariedad de los trabajos
y de los salarios; también la igualdad salarial entre varones y mujeres, a esto
no hay derecho, que a una mujer se le page menos que a un varón por desempeñar
el mismo trabajo, y eso que tenemos a esta gente mal llamada ‘feminista’ que no
hacen nada, ellas sí cobran como ministras lo mismo que el ministro, y ya está resuelto
el tema. Lo de cobrar el mismo sueldo por el mismo trabajo, no es cuestión de
feminismo ni de igualdad, es cuestión de justicia.
El
paisaje laboral en España, pinta feo. Los sindicatos se han echado a la buena
vida, pagada por el gobierno y su voz se ha apagado. Cuando desde el gobierno escuchamos
esa propaganda triunfalista, de trabajo, de riqueza y de bienestar, dan ganas
de llorar, porque te toman por tonto y te canta victoria en tu cara.
La
sociedad no está ciega y ve un panorama bien distinto: ve no se crea empleo, se
destruye, todo son impuestos, cargas y prohibiciones: a los que trabajan el
campo los obligan a abandonarlo; a las pequeñas y medianas empresas las obligan
a cerrar, y si quieres montar un negocio, todo son papeles y mil vueltas hasta
aburrirte. A los jóvenes desmotivados se les ofrece 400 euros para ayudas al
alquiler, o para ir al cine, y les parece un chollo y no se esfuerzan por conseguir
un trabajo que les haga prosperar y salir adelante por sí mismos, porque
teniendo a sus padres viven de sus padres. Aunque tampoco lo tienen fácil los
que sí quieren trabajar para vivir su vida.
La
tristeza más grande es que hoy en España tengamos que hablar de pobreza, de los
que no trabajan, de los que no encuentran trabajo, y de la pobreza del
trabajador. Ese trabajador que sale todos los días a trabajar y que el salario
no le dé para vivir y se ve obligado a ir a los servicios sociales para poder
comer.
Y,
por si esto fuera poca tristeza, tenemos que hablar de la pobreza infantil. En
términos generales, España ocupa el quinto puesto entre los países con mayor
tasa de pobreza o exclusión social de la Unión Europea.
Según
un estudio, España volvió a registrar en 2025 la tasa de pobreza infantil más
elevada de la Unión Europea con un 28,4 % y se sitúa 8,8 puntos por encima de
la media, según datos de Eurostat, publicados por la Red Europea de Lucha contra
la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES).
En
concreto, el 25,7 % de la población española –el equivalente a casi 12,6
millones de personas– se encontraba en esta situación en 2025, frente al 20,9 %
de la media europea. Los porcentajes más bajos de pobreza se registraron en la
República Checa (11,5 %), Polonia (15 %) y Eslovenia (15,5 %).
Las
mujeres, especialmente aquellas más jóvenes o con menores a cargo, registraron
una tasa superior a la de los hombres (21,9 % frente a 19,8 %), mientras que
entre los jóvenes de 18 y 24 años se registra el nivel más elevado de riesgo
(26,3 %), seguidos por los menores de 18 años (24,3 %).
Las
personas desempleadas constituyen el colectivo más vulnerable, con un 66,3 % en
riesgo de pobreza o exclusión social, seguidas por las personas inactivas (44,3
%). En cambio, el riesgo se reduce considerablemente entre la población ocupada
(10,9 %) y jubilada (17,6 %).
Llaman
la atención los datos que reflejan que en España el 11,2 % de la población
empleada está en pobreza, lo que supone la segunda tasa más elevada de la Unión
Europea, por detrás de Bulgaria (11,5 %).
Asimismo,
los hogares con hijos a cargo presentan una mayor exposición (22,1 %) que
aquellos formados por personas adultas (19,8 %). En el caso de España, casi
tres de cada diez personas en hogares con menores se encuentran en esta
situación de pobreza severa.
Estos
datos contradicen el optimismo del vicepresidente primero del Gobierno y
ministro de Economía, Carlos Cuerpo: la pobreza infantil se dispara con Sánchez
y el salario real disminuye. Por eso, desde EAPN-ES, reclaman la adopción
«urgente de medidas eficaces para combatir la pobreza estructural», que
incluyan políticas fiscales redistributivas y soluciones en materia de
vivienda. Asimismo, exigen una Estrategia Europea de Lucha contra la Pobreza
«ambiciosa, integral y firmemente basada en el enfoque de derechos humanos».
Mientras
Sánchez se empodera, se engrandece, se vanagloria, diciendo que,
en España, gracias a él, hoy hay más bienestar y más derechos… Lo que hay es
más pobreza y miseria, más inseguridad, más miedo, más polarización, y menos
valores y menos respeto y menos vergüenza.
Pena,
pero, a este paso en España, estamos abocados a llamar al “Día del Trabajo” el
“Día de la Pobreza”.
Fotografía: Internet

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