viernes, 1 de mayo de 2026

Día del Trabajador

 


El Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo es la conmemoración del movimiento obrero mundial. Es una jornada que se ha utilizado, habitualmente, para realizar diferentes reivindicaciones sociales y laborales a favor de las clases trabajadoras. Es día festivo nacional en la mayoría de países.

Este día es una fecha señalada en el calendario laboral de muchos países, incluido España. Esta jornada no solo representa un merecido descanso para millones de personas, sino que tiene un profundo significado histórico y social que conviene conocer.

El 1 de mayo es el Día Internacional del Trabajador y es el aniversario de la lucha y celebración por los derechos de los trabajadores. Tiene su origen en el siglo XIX a raíz de movilizaciones obreras que exigían mejores condiciones laborales, entre ellas una jornada de 8 horas de trabajo como máximo.

En España este día está dedicado a conmemorar los logros del movimiento obrero y los derechos conquistados por los trabajadores a lo largo de la historia. En esta fecha se reivindica la dignidad laboral, la justicia social y la igualdad de oportunidades en el mundo del trabajo. Se celebran manifestaciones, concentraciones y actos organizados por sindicatos y asociaciones laborales en todo el país.

El origen del Día Internacional del Trabajador se remonta al 1 de mayo de 1886 en Estados Unidos, específicamente en la ciudad de Chicago. En esa época, los trabajadores reclamaban la jornada laboral de ocho horas, ya que era habitual que se trabajaran entre 12 y 16 horas diarias.

La huelga general convocada en Chicago derivó en una serie de enfrentamientos conocidos como los sucesos de Haymarket. Tras una manifestación pacífica, una bomba explotó y murieron varios policías. En respuesta, se condenó a muerte a varios líderes sindicales, conocidos como los “Mártires de Chicago”. Este trágico episodio marcó el inicio de una conmemoración anual en honor a los derechos laborales.

En 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París, declaró el 1 de mayo como el Día Internacional de los Trabajadores, en homenaje a aquellos que lucharon y dieron su vida por condiciones laborales justas.

En España, el Día del Trabajador se celebró por primera vez en 1890, apenas un año después de su institucionalización internacional. La iniciativa partió de asociaciones obreras que convocaron manifestaciones pacíficas en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, reclamando mejores condiciones de trabajo, reducción de jornada y salarios dignos.

Durante el régimen franquista, esta celebración fue suprimida y sustituida por el llamado «Día de la Exaltación del Trabajo», celebrado el 18 de julio, con un enfoque deferente. De ahí le recordada paga extra del 18 de julio. No fue hasta la llegada de la democracia, en 1978, cuando el 1 de mayo volvió a ser reconocido oficialmente como fiesta nacional en España, recuperando su sentido original.

Aunque muchos consideran el 1 de mayo como un simple día de descanso, su valor reivindicativo sigue plenamente vigente. Y, resulta paradójico que, a día de hoy se siga reivindicando lo que es de justicia: la precariedad de los trabajos y de los salarios; también la igualdad salarial entre varones y mujeres, a esto no hay derecho, que a una mujer se le page menos que a un varón por desempeñar el mismo trabajo, y eso que tenemos a esta gente mal llamada ‘feminista’ que no hacen nada, ellas sí cobran como ministras lo mismo que el ministro, y ya está resuelto el tema. Lo de cobrar el mismo sueldo por el mismo trabajo, no es cuestión de feminismo ni de igualdad, es cuestión de justicia.

El paisaje laboral en España, pinta feo. Los sindicatos se han echado a la buena vida, pagada por el gobierno y su voz se ha apagado. Cuando desde el gobierno escuchamos esa propaganda triunfalista, de trabajo, de riqueza y de bienestar, dan ganas de llorar, porque te toman por tonto y te canta victoria en tu cara.

La sociedad no está ciega y ve un panorama bien distinto: ve no se crea empleo, se destruye, todo son impuestos, cargas y prohibiciones: a los que trabajan el campo los obligan a abandonarlo; a las pequeñas y medianas empresas las obligan a cerrar, y si quieres montar un negocio, todo son papeles y mil vueltas hasta aburrirte. A los jóvenes desmotivados se les ofrece 400 euros para ayudas al alquiler, o para ir al cine, y les parece un chollo y no se esfuerzan por conseguir un trabajo que les haga prosperar y salir adelante por sí mismos, porque teniendo a sus padres viven de sus padres. Aunque tampoco lo tienen fácil los que sí quieren trabajar para vivir su vida.

La tristeza más grande es que hoy en España tengamos que hablar de pobreza, de los que no trabajan, de los que no encuentran trabajo, y de la pobreza del trabajador. Ese trabajador que sale todos los días a trabajar y que el salario no le dé para vivir y se ve obligado a ir a los servicios sociales para poder comer.  

Y, por si esto fuera poca tristeza, tenemos que hablar de la pobreza infantil. En términos generales, España ocupa el quinto puesto entre los países con mayor tasa de pobreza o exclusión social de la Unión Europea.

Según un estudio, España volvió a registrar en 2025 la tasa de pobreza infantil más elevada de la Unión Europea con un 28,4 % y se sitúa 8,8 puntos por encima de la media, según datos de Eurostat, publicados por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES).

En concreto, el 25,7 % de la población española –el equivalente a casi 12,6 millones de personas– se encontraba en esta situación en 2025, frente al 20,9 % de la media europea. Los porcentajes más bajos de pobreza se registraron en la República Checa (11,5 %), Polonia (15 %) y Eslovenia (15,5 %).

Las mujeres, especialmente aquellas más jóvenes o con menores a cargo, registraron una tasa superior a la de los hombres (21,9 % frente a 19,8 %), mientras que entre los jóvenes de 18 y 24 años se registra el nivel más elevado de riesgo (26,3 %), seguidos por los menores de 18 años (24,3 %).

Las personas desempleadas constituyen el colectivo más vulnerable, con un 66,3 % en riesgo de pobreza o exclusión social, seguidas por las personas inactivas (44,3 %). En cambio, el riesgo se reduce considerablemente entre la población ocupada (10,9 %) y jubilada (17,6 %).

Llaman la atención los datos que reflejan que en España el 11,2 % de la población empleada está en pobreza, lo que supone la segunda tasa más elevada de la Unión Europea, por detrás de Bulgaria (11,5 %).

Asimismo, los hogares con hijos a cargo presentan una mayor exposición (22,1 %) que aquellos formados por personas adultas (19,8 %). En el caso de España, casi tres de cada diez personas en hogares con menores se encuentran en esta situación de pobreza severa.

Estos datos contradicen el optimismo del vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Economía, Carlos Cuerpo: la pobreza infantil se dispara con Sánchez y el salario real disminuye. Por eso, desde EAPN-ES, reclaman la adopción «urgente de medidas eficaces para combatir la pobreza estructural», que incluyan políticas fiscales redistributivas y soluciones en materia de vivienda. Asimismo, exigen una Estrategia Europea de Lucha contra la Pobreza «ambiciosa, integral y firmemente basada en el enfoque de derechos humanos».

Mientras Sánchez se empodera, se engrandece, se vanagloria, diciendo que, en España, gracias a él, hoy hay más bienestar y más derechos… Lo que hay es más pobreza y miseria, más inseguridad, más miedo, más polarización, y menos valores y menos respeto y menos vergüenza.

Pena, pero, a este paso en España, estamos abocados a llamar al “Día del Trabajo” el “Día de la Pobreza”.


Fotografía: Internet

 

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