miércoles, 6 de mayo de 2026

Alma y espíritu no es lo mismo


 

La naturaleza del hombre consta de dos substancias: del alma y de la carne. El alma con la razón, la carne con sus sentidos; a los que sin embargo la carne no imprime movimiento alguno sin la unión del alma; en cambio el alma sí retiene su ser racional sin la carne.

Alma y espíritu no es lo mismos, sin embargo, lo utilizamos como sinónimos. “Alma” y “Espíritu”: ¿qué significan realmente? Según la Biblia, el alma (hebreo nefesh, griego psujé) y el espíritu (hebreo rúaj, griego pneuma) son aspectos inmateriales distintos del ser humano. El alma representa la personalidad, la mente, las emociones y el ser individual (vida consciente), mientras que el espíritu es la fuerza vital o la parte que conecta y se relaciona con Dios.

Cuál es la diferencia entre Alma y Espíritu: El alma y el espíritu son los dos principales aspectos inmateriales que la Escritura atribuye a la humanidad. Puede ser confuso intentar distinguir las diferencias exactas entre los dos. La palabra “espíritu”, se refiere sólo a la parte inmaterial del hombre. La raza humana tiene un espíritu, pero nosotros no somos un espíritu. Sin embargo, en la Escritura, sólo los creyentes, aquellos en quienes habita el Espíritu Santo, se dice que están “espiritualmente vivos” (1 Corintios 2:11; hebreos 4:12; Santiago 2:26), así como los no creyentes están “espiritualmente muertos” (Efesios 2:1-5; Colosenses 2:13). En los escritos de Pablo, el “espíritu” era el eje de la vida espiritual de un creyente (1 Corintios 2:14; 3:1; Efesios 1:3; 5:19; Colosenses 1:9; 3:16). El espíritu es el elemento que le da al hombre la habilidad para tener una relación íntima con Dios. Siempre que se usa la palabra “espíritu”, se refiere a la parte inmaterial del hombre que se “conecta” con Dios, quien en sí mismo es espíritu (Juan 4:24).

La palabra “alma” se refiere no solamente a la parte inmaterial del hombre, sino también a la parte material. A diferencia de que el hombre tenga un “espíritu”, el hombre es un alma. En su significado más básico, la palabra “alma” significa “vida”. Sin embargo, la Biblia va más allá de la “vida” y se adentra en muchas áreas. Una de esas áreas es el deseo del hombre por pecar (Lucas 12:26). El hombre es malo por naturaleza y por consecuencia, su alma está dañada. El principio de la vida del alma es quitado al momento de la muerte física (Génesis 35:18; Jeremías 15:2). El “alma” como el “espíritu” es el centro de muchas experiencias espirituales y emocionales (Job 30:25; Salmo 43:5; Jeremías 13:17). Siempre que la palabra “alma” se usa, se puede referir a toda la persona, viva o después de muerta.

El alma y el espíritu forman nuestro ser interior. Podemos decir que el alma contiene nuestra personalidad, nuestras emociones y nuestros pensamientos. El espíritu es la parte con la que nos relacionamos con Dios y le respondemos a él.

En el alma están nuestra capacidad de tomar decisiones y todo lo que forma nuestro carácter. Con el espíritu nos conectamos con Dios y nos dejamos guiar por él. Por lo tanto, mientras más se conecta y se acerca nuestro espíritu a Dios, más se transforma nuestra alma reflejando el carácter de Cristo.

Podemos decir que las experiencias espirituales moldean el alma. Cuando permitimos que el Espíritu Santo se mueva en nuestro espíritu acercándonos a Dios, nuestras emociones y pensamientos lo reflejan. Pasan a estar bajo el dominio del Señor. Poco a poco, el alma se alineará con esa relación personal que el espíritu tiene con Dios. Eso se notará en las decisiones tomadas y en el comportamiento.

De la misma manera, el alma de las personas que endurecen su corazón frente a Dios refleja esa elección espiritual. Su personalidad, sus emociones y sus pensamientos reaccionarán conforme a esa elección de no tener una relación personal de amistad con Dios. Esa elección se notará en su diario vivir.

En la Biblia, el alma y el espíritu están muy ligados. De hecho, algunas traducciones usan los términos corazón, espíritu o vida al referirse al alma. Esto es así, porque la palabra hebrea para alma, nepesh, no tiene una traducción literal perfecta en el idioma español.

Si fuéramos a adjudicar rangos, el espíritu está a un nivel más elevado que el alma. Esto se debe a que el espíritu es el propio aliento de vida dado por Dios, mientras que el alma se va moldeando según las experiencias vividas. Con el espíritu nos acercamos a Dios y nos comunicamos con él, y esa relación se refleja en nuestra alma.

Nos queda claro que, el alma alude a lo que somos por creación; el espíritu se refiere a lo que hemos recibido gracias a la fe. Para san Pablo (1 Cor. 14:14-15, Ef. 4:23, 1 Tes. 5:23, Heb. 4:12, 1 Cor. 15:45, Rom 1:18) el alma es parte de lo que nosotros los seremos humanos somos por naturaleza. El alma alude a lo que todos somos y tenemos: todos "tenemos" alma. En cambio, según este mismo apóstol, no todos tenemos "espíritu." Esta palabra alude a la novedad de la acción de Dios en la vida humana, es decir, aquel actuar que ha sido posible por la redención.

El apóstol nos recuerda que tenemos "espíritu" porque se ha restablecido la amistad entre Dios y nosotros, gracias al sacrificio de Cristo y a la efusión del Espíritu Santo. Tener "espíritu" es ser "espiritual," o sea, haber sido renovado por el Espíritu Santo, que es el fruto precioso de la pascua de Cristo.

En resumen, el alma alude a lo que somos por creación; el espíritu se refiere a lo que hemos recibido gracias a la fe, en cuanto redimidos por Jesucristo y morada de su Espíritu. Las personas que viven una vida pegada a las cosas de esta tierra son cuerpo y alma solamente; san Pablo las llama "psiquikoi." Las personas que conocen al Señor y viven en amistad con él por la fe y la caridad son llamadas en cambio "pneumatikoi": gente con espíritu.


Fotografía: Internet

 

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