sábado, 23 de mayo de 2026

Vivir es un largo camino hacia Dios

 


Creo que la vida del hombre es un largo camino hacia Dios. Unos lo buscan en la naturaleza, otros en el arte, muchos, sin saberlo, en el amor de las criaturas. A mí me seduce más la idea de que Dios se encuentra en el fondo de nosotros mismos, en el yo absoluto, reducto insobornable del ser.

"¿Por qué buscas en el fondo del cielo lo que se halla dentro de ti?", exclama uno de los personajes del extraordinario Julien Green. Lo contrario de Dios es la nada, el no ser. Ascender hacia Dios es acercarse a la luz, a la cumbre. No sé quién decía que gustaba de leer los místicos como los relatos de viajes a regiones extraordinarias a donde uno no podía ir nunca, pero que fascinaban al lector. Y en esas experiencias se halla quizá la mejor explicación del universo y del hombre que ninguna ciencia alcanzó todavía". A esto lo podríamos reforzar diciendo, que es necesaria la intervención de un ser sobrenatural capaz de dar la existencia a los que no la tienen. Pero ¿por qué vivimos?

El hombre de hoy es poco propenso a aceptar misterios, pero si no acepta el misterio de Dios, tiene que aceptar el misterio, yo diría más bien, el absurdo de la nada produciendo la vida, o de una materia ciega o inerte viniendo no se sabe de dónde y creada no se sabe por quién. Esta materia resulta así ser infinitamente sabia, ya que es el principio ordenador del complejo universo que todos conocemos. En realidad, el misterio del Ser Supremo lo que hace es dejar patente la grandeza de Dios y la limitación de la inteligencia humana.

Es evidente que la presencia de un hombre en el mundo no se explica sólo por la intervención generadora de sus padres. Ellos recibieron a la pequeña que era yo y nací maravillosamente formada. Yo era la realización de un proyecto que ellos no trazaron, pero soy fruto de su amor creador. Detrás de mis padres está el Planeador universal, el verdadero Creador, que con su sabiduría infinita coordina un mundo en movimiento, y aquí estoy yo dando vueltas y vueltas, hasta que Dios quiera.

El conjunto del mundo es maravilloso. Somos perpetuos viajeros de un globo terráqueo que se desliza en torno al sol con una velocidad promedio de 108,000 kilómetros por hora… Viajamos, viajamos y viajamos y estamos sujetos a tres movimientos y ni siquiera nos percatarnos de que nos movemos. Movimientos reales, movimientos fantásticos, movimientos uniformes y, sin embargo, son movimientos no perceptibles. ¿A dónde vamos?

Esa armonía no puede ser casual, sino que responde a un proyecto inteligente. Al Creador inteligente, al que llamamos Dios, que puso en órbita a los mundos. Dios crea los mundos, los ordena y Dios crea al hombre para que habite los mundos. Pero, ¿Por qué los crea? ¿Por qué esa inmensa cadena de seres humanos que pueblan la tierra? 

Yo he meditado mucho en este tema: ¿por qué vivo? ¿por qué morimos, si morir no es muerte y nos duele tanto despedirnos? ¿Cuáles son las razones para vivir una vida humana con conciencia responsable? ¿Aceptan todos los hombres la razón de su vida?

Pero sabiendo que Dios es Amor y que todo lo hace por amor, sabemos que estamos en manos de Dios. El amor es el eje del mundo y el eje de la Creación. La creación de los hombres es una obra de Amor. Entonces, la razón principal para vivir es el Amor que Dios no tiene. Y si entendemos esta razón, podemos encontrar sentido a la vida.

Cada uno de nosotros está conectado con lo Divino. El Ser Superior que está dentro de nosotros trasciende por mucho la comprensión de nuestras mentes conscientes y ese es el poder del milagro de nuestra vida. La esencia divina es eso: Difundir el bien, comunicarlo, desinteresadamente. Comunicar el bien es sencillamente, Amar. Hemos, pues, llegado al término de nuestro raciocinio. Dios crea al hombre por Amor.

La filosofía nos enseña que el motivo por el cual una persona actúa o se decide por una acción, es para alcanzar un bien. Siempre se mueve el hombre para obtener un bien. Hasta los que se suicidan, creen con su terrible acción alcanzar un bien, aunque el término de su sufrimiento es espantoso.

Podemos con toda justicia decir, que la razón de vivir no es tanto la expresión de un silogismo de un pensamiento humano, sino, en tanto en cuanto, exista la presencia amorosa y operativa de alguien. En los momentos dolorosos de la vida se requiere un punto de apoyo muy sólido para poder respirar y seguir viviendo.

Y el tiempo pasa… “El tiempo: esa gota que se desliza y no podemos parar con la mirada”.


Fotografía: Internet


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