miércoles, 10 de septiembre de 2014

El plebeyo y los 100 días

Una bella princesa estaba buscando marido y hasta palacio llegaron pretendientes nobles y ricos de todas partes del planeta, que le ofrecieron preciados obsequios como joyas, tierras, ejércitos, tronos… Pero entre tan excelsos candidatos se encontraba un humilde joven, que no tenía más fortuna que su amor y capacidad de resistencia.

Cuando le llegó el turno de presentarse ante la princesa, le dijo:
—Siempre te he admirado en secreto. Soy pobre y sólo puedo ofrecerte mi sacrificio como prueba de mi amor. Permaneceré 100 días bajo tu ventana, sin apenas nada que llevarme a la boca y aguantando las inclemencias del tiempo.
—Si pasas la prueba, me casaré contigo —le prometió la hija del rey—.

Y así fue. Pasaron días y días, y el humilde pretendiente sufrió frío, calor y lluvias sin apartar su mirada de la ventana a la que, de tarde en tarde, se asomaba la preciosa muchacha.
Todo apuntaba a que él iba a ser el próximo príncipe pero, apenas un día antes de cumplir su reto y sin dar explicación, se retiró del lugar.

Meses más tardes, mientras caminaba solitario, un chico le preguntó el porqué de su desaparición. Y él, apenas aguantando las lágrimas, le respondió:
—La princesa no me perdonó ni una hora de sufrimiento… No merece mi amor.

martes, 9 de septiembre de 2014

Los dos amigos

Dos amigos se encontraron después de muchos años sin saber el uno del otro. Se echaron a andar contándose todo lo acontecido desde que no se veían, y andando, andando se adentraron en un bosque, de pronto aparece un enorme oso, uno de ellos lo vio y rápidamente se encaramó en un árbol sin advertir ni ayudar a su amigo, el otro se dio cuenta del oso cuando ya lo tenía delante, asustado buscó a su compañero y no lo vio, sin tiempo para huir, se le ocurrió tirarse al suelo y hacerse el muerto.
El que estaba subido en el árbol observaba como el oso se acercaba a oler a su amigo y daba vueltas a su alrededor, mientras este contenía la respiración, de pronto el oso se retira lentamente y se aleja del lugar.
Asegurándose de que el oso no estaba a la vista, bajó del árbol y preguntó al que estaba en el suelo muerto de miedo:
—¿Qué te dijo el oso?
—¡Que amigos como tú no merecen la pena!
Levantándose, se marchó y nunca más quiso saber de él.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Crecer

Muchas veces en la vida pasamos por momentos difíciles en los que tenemos que decidir sobre los nuevos caminos a tomar.
A veces el júbilo nos invade ya que la ruta tomada nos demuestra el acierto, y eso se llama crecer. Otras veces nos desanimamos antes de reemprender nuestra meta, y eso también se llama crecer.
Crecer, una palabra tan común pero tan significativa a la vez, tan llena de vida; definitivamente es un término al que, en particular, tengo muy presente y valoro entrañablemente.
A veces la parálisis nos invade, desarmados completamente caemos en la tristeza, la desilusión, el desánimo; sentimos la horrible sensación de no poder hacer nada bien, tomamos caminos de fácil acceso que a ningún lado nos conducen; nos invade la soledad y ocupamos el vacío con gente vacía y el resultado es una lista interminable de momentos más vacíos aún.
El dolor se esconde detrás de una imagen impuesta cargada de elementos superfluos que no hacen más que alejarnos de nosotros mismos.
El camino hacia la felicidad parece estar lleno de pantanos y grietas infinitas, en esos momentos no podemos ver que ser feliz está en nuestro propio ser, por el solo hecho de existir.
El tiempo oficial pasa pero nos es indiferente, el tiempo real nos encuentra sumergidos y cansados, pero tarde o temprano, desde lo más profundo de nuestra existencia surge una luz, que al principio es pequeña, creo yo que es nuestro instinto de supervivencia más el amor por la vida y por nuestra vida que hace que lentamente nos reubiquemos en el camino correcto, el del amor.
A veces necesitamos pasar por momentos muy duros, cometemos errores, evadimos los problemas y nos disfrazamos de algo que no somos hasta reencontrarnos con nuestros valores, en lo que a mí respecta, el valor de las pequeñas cosas, aquellas situaciones y cosas cotidianas y sencillas que son maravillosas.
A veces necesitamos pasar por momentos tan duros, pero superarlos es también crecer.
La felicidad es un don que poseemos todos, pero cultivarla y compartirla es un hermoso trabajo que implica esfuerzo, dedicación y tiempo, pero por sobre todas las cosas el amor es el sentimiento más hermoso… Y poder amar también es crecer.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Uno aprende

Después de un tiempo uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar el alma, que el amor no significa recostarse y una relación no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender que los besos no son contratos y los regalos no son promesas; 
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, 
porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes…, 
y los futuros pueden caerse a mitad de camino.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado hasta el calor del sol quema, 
que hay que plantar su propio jardín y decorar su propia alma, 
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Y uno aprende que realmente puede aguantar, 
que uno realmente es fuerte, que uno vale, y uno aprende y aprende…
Y con cada adiós uno aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro 
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, 
sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo te das cuenta de que los amigos verdaderos 
valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados y que el que no lucha por ellos, 
tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira 
pueden seguir lastimando a quien heriste durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, 
pero perdonar es sólo de almas grandes.
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, 
muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, 
tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen 
ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, 
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
 añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, 
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, 
decir que quieres ser amigo ante una tumba ya no tiene ningún sentido.
Pero desafortunadamente… uno aprende sólo con el tiempo...

viernes, 5 de septiembre de 2014

Cuando creías…

Nuestros hijos y los niños que nos rodean están más atentos a lo que HACEMOS que a los que DECIMOS.

Los niños son muy observadores, son como esponjas que se van empapando de todo lo que ven hacer para imitar, por eso es importante hacer las cosas para que tomen ejemplo, y ellos nos dirán…

Cuando creías que yo NO estaba mirando, te vi colgar en la pared mi primer dibujo y me fui corriendo a hacerte otro.
Cuando creías que yo NO estaba mirando, te vi llorar y aprendí que hay cosas que hacen daño pero que está bien llorar.
Cuando creías que yo NO estaba mirando, te vi como preparabas mis postres favoritos y entendí que las cosas pequeñas son las que dan color a la vida.
Cuando creías que yo NO estaba mirando, te vi poner comida a nuestro perrito y aprendí que hay que cuidar a los animales.
Cuando creías que yo NO estaba mirando, sentí que me dabas un beso de buenas noches y me sentí protegido y querido.
Cuando creías que yo NO estaba mirando, vi como dedicabas tiempo y dinero a los que más lo necesitaban y aprendí la importancia de la solidaridad.
Cuando creías que yo NO estaba mirando, observé el cuidado que tenías de las cosas y de nosotros y aprendí que hay que valorar aquello que se nos ha dado.
Cuando creías que yo NO estaba mirando, aprendí lo más importante, cómo ser una buena persona y cómo decir mucho con sólo una sonrisa.

GRACIAS POR TODO AQUELLO QUE ME ENSEÑASTE CUANDO CREÍAS QUE NO TE ESTABA MIRANDO.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Los ciegos y el elefante

Seis ciegos del Indostán fueron convocados para mostrarles, por primera vez es sus vidas, lo que era un elefante.

El primero de ellos se recostó sobre el ancho costado del animal y dijo:
—El elefante es muy parecido a una pared.

El segundo, agarrando uno de los colmillos, exclamó:
—¡Caramba!, ¿qué será esto tan largo, redondo y afilado? A mí me recuerda una lanza…

El tercero de estos curiosos hombres agarró con ambas manos la trompa del paquidermo y exclamó sin asustarse:
—Un elefante es igual a una serpiente.

El cuarto de los invidentes alargó la mano hasta la rodilla del animal y se topó con la robusta arrugada rodilla:
—Yo lo tengo muy claro. Un elefante es lo más parecido del mundo a un árbol —aseguró.

El quinto de los hombres allí convocados tocó casualmente una de las enormes orejas y comentó:
—No sé qué pensarán los demás, pero a mí este animal me recuerda a un abanico gigante.

El sexto de los ciegos asió la cola y afirmó:
—El elefante es un animal muy parecido a una cuerda.

Así, convencidos de encontrarse ante seres muy diferentes, los ciegos discutieron sin llegar a ponerse de acuerdo. Lo mismo nos pasa cuando conocemos parcialmente la realidad. Todos podemos tener parte de razón y, a la vez, estar equivocados.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Se terminó lo bueno…

Viajeros en un aeropuerto de vuelta a casa.

Verano es igual a vacaciones. Lo bueno siempre sabe a poco y cuando se termina, tenemos la sensación de no haber tenido tiempo de disfrutar y de descansar lo suficiente, y las energías se desinflan y nos abate el desánimo. Solo con pensar en el regreso a casa vuelves al cansancio de las prisas vertiginosas. El ritmo acelerado hace que el tiempo vuele sin sentir y el estrés se apodera de tu vida y de tu espacio.

Se termina agosto y comienza septiembre, es el comienzo de la rutina anual. Por un mes o dos se relajan los tiempos, dejamos que pasen las horas sin tenerlas en cuenta, pero en el último momento el relax se esfuma y cargamos anticipadamente por lo que se nos viene encima.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Los monos escaleras

Un día, un grupo de científicos metió cinco monos en una habitación donde había un racimo de plátanos y la única forma de alcanzarlos era mediante una escalera. El experimento se diseñó de tal forma que cuando uno de los monos subía la escalera para coger un plátano, automáticamente el resto de los monos eran bañados con agua helada.
Los monos aprendieron rápido. Para cuando el tercer mono quiso subir la escalera, los otros lo agarraban antes de que subiera para evitar el castigo del agua. Muy pronto, ninguno se dejó llevar por la tentación de subir y dejaron la escalera en paz.
Pero entonces los científicos cambiaron uno de los monos por otro nuevo, que, obviamente, no sabía nada del agua. Como buen mono, lo primero que hizo fue intentar tomar un plátano pero de inmediato recibió una buena paliza. Los científicos fueron cambiando a los monos hasta reemplazar a todos los originales, y, sin embargo, los nuevos monos seguían sin atreverse a subir la escalera y le pegaban al que se acercara a ella, a pesar de que ninguno de los cinco monos habían sido jamás bañado con agua fría.
Estoy segura de que este experimento daría los mismos resultados con seres humanos. Hacemos muchas cosas sin saber por qué, simplemente se han hecho así, porque «las cosas son así». Como seres sociales que somos, compartimos una visión del mundo más allá de nuestra mentalidad particular.
De nuestros antepasados heredamos prejuicios, sistemas y tradiciones. Imitamos casi siempre sin cuestionar su razón. Aquí es cuando dos cabezas no siempre piensan mejor que una, no mientras las dos piensan lo mismo o ni siquiera piensan. A esto se le llama «mentalidad colectiva» o, incluso, «inteligencia colectiva» y en la psicología está relacionado con la 'Weltanschauung' o 'Cosmovisión'.
La cosmovisión es una estructura que contiene los paradigmas culturales de una época o región, reglas por las cuales las personas se han de comportar. Por ejemplo, los monos del experimento han decretado que no se puede subir o acercarse a la escalera, y ningún otro mono lo cuestiona. Se tienen que respetar los paradigmas que tu sociedad te impone, si no lo haces, serás etiquetado, excluido o castigado por los demás.
Sí, así funciona la mente humana y nada nos hará cambiar.

domingo, 3 de agosto de 2014

Dos almas y un solo sentir

Dos hermanas comparten sus vivencias a la puesta del sol.


El ejercicio del escritor es llenar de historias páginas en blanco. Los relatos y las novelas se nutren de la ficción y de la vida real que nos toca vivir, unas veces en carne propia y otras en carne ajena, pero para contarlo mejor hacerlo en primera persona. El diálogo es más íntimo y directo. Entre el escritor y el lector existe una línea imaginaria que los conecta y al narrar o relatar cualquier acontecimiento o historia tiene que existir la cercanía e intimidad entre el escritor y el lector —un tú a tú—, para que sea más personal, ya que las historias personales nos sensibilizan y conectan directamente con las emociones.

Willian Shakespeare decía: «Yo siempre me siento feliz, ¿sabes por qué? Porque no espero nada de nadie; esperar siempre duele». La vida es corta, por eso ama la vida, sé feliz y siempre sonríe. Sólo vive para ti y recuerda: antes de hablar, escucha; antes de discutir, respira; antes de criticar, examínate; antes de escribir, piensa; antes de herir, siente; antes de odiar, ama; antes de rendirte, intenta; antes de morir, ¡VIVE!

viernes, 1 de agosto de 2014

La mariposa

Un hombre encontró el capullo de una mariposa y se lo llevó a su casa para poder ver el momento mágico de salir la mariposa del capullo.

Un día notó un pequeño orificio y entonces se sentó a observar como la mariposa se esforzaba por abrir el capullo para volar libremente.

El hombre notaba que la mariposa luchaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que parecía haber cesado su forcejeo, como si se hubiese agotado en el intento. Era como si se hubiera atascado, entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó el agujero para hacerlo más grande y por fin la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo, al salir la mariposa tenía un cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre expectante esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblaran y se extendieran lo suficiente para emprender el vuelo. Pasaba el tiempo y la mariposa no levantaba el vuelo, pero con sus alas deforme su cuerpo solamente pudo arrastrarse en círculos, porque todavía no había terminado su proceso de formación. Las alas de la mariposa no estaban preparada para volar y nunca pudo volar.

Lo que el hombre en su bondad no entendió, fue que queriendo ayudar, adelantó un proceso natural de tiempo y esfuerzo necesarios, para conseguir la formación y fortaleza de las alas para enfrentarse a la vida.

En la vida, todo proceso requiere su tiempo. La metamorfosis es un proceso lento pero hermoso. La apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto agujero, es la forma en que la naturaleza va generando fluidos para que el cuerpo y las alas de la mariposa maduren, crezcan y se fortalezcan para echar a volar.
Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privada su salud.