“La gente que tiene recuerdos que le inspiran no se muere”: Marian Rojas Estapé, explica la
logoterapia y la importancia del amor a los recuerdos. La conocida psiquiatra y
divulgadora, ha compartido una de las enseñanzas que, según ella, pueden
cambiar nuestra forma de afrontar la vida: “el poder del amor a los recuerdos y
del sentido vital”. Además, recomendó un libro que puede ayudarnos a entender
la importancia de los recuerdos: “El hombre en busca de sentido”, del
psiquiatra austriaco Viktor Frankl.
Viktor Frankl, de origen judío, fue prisionero en Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial, y desde ese infierno surgió su mayor aportación al mundo de la psicología: la logoterapia. Como relata Rojas Estapé, “Viktor Frankl se da cuenta cuando está en el campo de concentración de que hay gente que llega al campo y al cabo de unos días muere, y en cambio hay otras personas que pasan semanas o meses, y no se mueren”.
Esa diferencia, según el psiquiatra, tenía una raíz profunda:
el sentido vital. “La logoterapia explica que la gente que tiene un sentido en
su vida, la gente que tiene motivos por los que levantarse cada mañana, la
gente que tiene recuerdos que le inspiran… esa gente no se muere”, subraya la
doctora.
Para Marian Rojas Estapé, no se trata solo de una teoría
filosófica o clínica, sino de una herramienta real y transformadora. “Aquellas
personas que tienen un motivo por los que levantarse cada mañana son mucho más
felices y nada se les pone por delante”, explica, reforzando la idea de que
la ilusión, el amor a los recuerdos y el hecho de tener un propósito en la
vida, son pilares fundamentales para la salud mental.
Frankl observó que quienes pensaban en su familia, quienes
recordaban momentos felices o esperaban volver a abrazar a alguien querido,
sobrevivían con más fortaleza. “La gente
que se levanta y piensa en su pareja y en sus hijos, en sus padres, y se ilusiona y
rememora eso en su cabeza, esas personas no mueren”, concluye Marian.
"Recordar es volver a vivir" significa que, al
revivir un recuerdo, se experimentan de nuevo las mismas emociones y
sensaciones que se tuvieron en ese momento… Según un proverbio celta “el
recuerdo no envejece” y, como decían los clásicos “lo que permanece en el
recuerdo, nunca muere”. Esto quiere decir que “recordar es vivir”, aunque no se
pueda vivir sólo del recuerdo.
Si las personas careciesen de la facultad de recordar, la
vida quedaría reducida a una mera sucesión de puntos suspensivos o a una
yuxtaposición de etapas y momentos, sin relación ni conexión alguna. Se viviría
sólo el “aquí y ahora”. Una vida sin proyecto, anclada en el presente, no tiene
sentido y estaría condenada al vacío. Por eso la vida, más que un “hacer” es un
“quehacer” y, desde esa perspectiva, recordar es vital, porque da sentido a la vida. No se puede rehusar el pasado creyendo que se vive permanentemente en el
presente y pensar en el futuro.
Por lo tanto, el recuerdo es un fuerte aliado de la vida; el olvido es un inseparable compañero de la muerte. Tan es así que, el olvido aflige, tanto al que piensa que le ha de seguir a su muerte, como al que no quiere que se olvide a quienes le precedieron en la misma. Este sentimiento obedece al deseo innato de todo ser humano de sobrevivir, aunque sólo sea en el recuerdo. Así se explican los múltiples ejemplos de ofrendas funerarias que expresan el deseo de los vivos de no olvidar a los muertos, por tanto, el deseo de mantenerlos vivos en su recuerdo y memoria.
Lo que no se recuerda desaparece de nuestra consciencia y equivale a su no existencia. El olvido es peor que la ausencia, pues ésta puede existir sin aquél; en cambio, el olvido borra todo vestigio del pasado y de su existencia. La ausencia, además, presupone que la persona ausente existe y vive; por el contrario, el olvido, cuando es completo y no pasajero; es decir, cuando priva a las personas de su capacidad de recuerdo y memoria, anula todo lo pasado como si no existiera. Como expresiones relativas al recuerdo pueden mencionarse, como más socorridas las de desear “muchos recuerdos” o “dejar recuerdos”.
Se vive recordando a los demás y se desea que los demás nos
recuerden a nosotros. En definitiva, recordar es, esencialmente, “tener
presente el pasado”. Por eso, “rememorar” es traer a la memoria algo que en
ella se conserva y “conmemorar” es rememorar con los demás cualquier
acontecimiento histórico digno de recuerdo y celebración.
Algo de la historia de la memoria... En la mitología romana existía el Leteo o río del
olvido, que se creía tenía la propiedad de borrar la memoria de quienes lo
cruzaban. Precisamente, en el año 138 a.c. el general romano, Décimo Junio Bruto
intentó deshacer el mito, que dificultaba sus campañas militares en tierras gallegas. Se dice que cruzó el río Limia, cerca de Ginzo de Limia, en Galicia y
llamó a sus soldados desde el otro lado, uno a uno por su nombre, y éstos
asombrados de que su General recordara sus nombres, cruzaron también dicho río
sin temor alguno, acabando así con su fama de peligroso. La importancia del
recuerdo se demuestra con la historia, ahí precisamente está la memoria de la
humanidad.
Fotografía: Internet

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