“La sonrisa de los niños de hoy se refleja en los hombres del
mañana”.
La sonrisa de un niño es el símbolo más conocido de la
esperanza y el medidor de la calidad de vida de una sociedad. No la perdamos
nunca.
Sus
sonrisas es un guiño de esperanza. En un momento en el que el mundo necesita
más que nunca creer en que hay algo que puede detener la violencia y contener
la bondad, encontrarnos con la sonrisa de un niño nos envuelve en un halo de
esperanza.
Porque no
podemos olvidar que nuestros niños son el futuro, así como nosotros lo fuimos
hace tiempo. Porque son mentes libres que absorben nuestras enseñanzas como si
fueran esponjas, por eso debemos evitar que nuestro ejemplo les contamine.
“Un niño
siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivos, a
estar siempre ocupado en algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello
que desea”. Paulo Coelho.
Si hay algo que tienen en común todos los niños del mundo,
sin excepción, son sus derechos.
Todos los niños tienen derecho a comer, a no pasar hambre y a
no sufrir malnutrición. De igual forma, todos los niños deben ser protegidos de
enfermedades, deben tener derecho a expresarse, a participar en las decisiones
de aquello que les afecta, a vivir en un entorno seguro y protegido.
Todos los niños tienen derecho a recibir una educación, a
disfrutar de una vida social, a construir su propio futuro. Y, sobre todo, los
niños tienen derecho a vivir en armonía, rodeados de su familia: sus padres
(papá y mamá) sus abuelos, tíos y primos… No se les puede negar relacionarse
con una parte de la familia, por unos supuestos, sin constatar la veracidad de
esos supuestos. Mucho mal se les está haciendo a esos niños que viven bajo una
prohibición que ellos no desean y sufren un daño irreparable que les
marcará de por vida.
Debemos evitar todo maltrato, discriminación y explotación y
permitir que cada niño sea acogido en su familia, para que sea conocedor de su identidad, de su
pasado y de su presente, pues solo de esta manera podremos garantizar su
reconocimiento oficial, su existencia y sus derechos como ciudadano, para que su bienestar prevalezca y esté protegido por Ley.
No hay nada más doloroso que la imagen de un niño con
huracanes en los ojos y una mirada triste, apática y desganada… No hay nada más
angustiante que la sonrisa de un niño mermada, dolorida, perdida y suplicante… No hay nada
más desolador que contemplar cómo un niño ha perdido su energía, su magia, su
brillo, su viveza y su ilusión.
¿Por qué nos duele tanto? Porque la infancia siempre debe ser
reflejo de felicidad, de bondad y de inocencia. Y es que nuestro inconsciente
colectivo se sincroniza con esa ingenuidad que un día nos hizo sentirnos vivos
y que con el tiempo se apaga.
Entonces recordamos que los beneficios de la risa y del juego
son interminables, que una sola carcajada tiene el poder aunar emociones, oxigena nuestra vida y nos ayuda a
tomar aire, a dialogar con nosotros mismos, a ser sinceros ante la vida.
Poder ver la sonrisa de un niño es el mejor regalo de amor,
de magia y de luz de este mundo. Porque cuando un niño se divierte, se siente
bien y se sabe querido ilumina al resto de la humanidad guiñándole un ojo a la esperanza…
Por eso, protejamos a los niños de aquello que resulta
innecesario, que les hace crecer con miedo y no les ofrece oportunidades. Porque ellos son nuestro anclaje, los
artífices de nuestro futuro, las semillas de nuestra historia…
“Si alimentamos a los niños de amor, los miedos morirán de
hambre”.
Fotografía: Internet

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