Docentes con corazón de tiza y alma de patio:
Gracias por vuestra incansable raza. "Día del
maestro".
Gracias
docentes: desde la Educación Infantil hasta la Universitaria.
Gracias
por cada tutoría ganada al poco tiempo, ese que nadie te regala.
Gracias
por cada acierto, y también por cada fallo que sin querer a veces se escapa.
Gracias
por cada día que no has querido faltar con esa gripe estacional o ese dolor del
alma.
Gracias
por soportar, demasiadas veces, a los hijos de los maleducados, esos que "revientan" tu aula.
Gracias
por llorar a solas, y por emocionarte con los gestos invisibles que pasan en la
rutina… casi desapercibida y callada.
Gracias
por hacer malabares para que te atiendan, respeten, …y además aprendan.
Gracias
por toda la imaginación con la que compensas las muchas sabidas carencias.
Gracias
por la paciencia, y por dejarte la garganta hecha trizas cada mañana.
Gracias
por las formas: las buenas, las regulares y las otras menos afortunadas.
Gracias
por tus caricias, si, esas que sabemos que haces a traición después de un
esfuerzo y a cambio de nada.
Gracias
porque cuando decidiste dedicarte a esto, seguro que no se parecía en nada a lo
que ahora es, pero gracias por no perder ni un ápice de ganas.
Gracias
por formar parte de la vida de nuestros hijos, porque te recordarán en cada
aprendizaje y en cada encrucijada.
Gracias
por dar sentido, forma y contenido en cada nueva jornada.
Gracias
por preparar cada lección en casa, por corregir a altas horas de la madrugada,
por vivir tu oficio más allá de lo que esperabas.
Gracias
por convertir cada atasco o dificultad en una nueva experiencia de oportunidad.
Gracias
por molestarte en mandar notas con ánimos, ideas y amables palabras.
Gracias
por sentir que cada persona merece la pena y por nunca pensar en tirar la
toalla.
Gracias
por seguir animando a aquellos de quienes muchos ya no esperaban nada.
Gracias
por esas tiritas para la desilusión que siempre sabemos que guardas y llevas preparadas.
Gracias
por resolver y descifrar respuestas enigmáticas envueltas entre imposibles
palabras.
Gracias
por tu corazón de tiza, por tu alma de patio y por tu incansable raza.
Soy
hijo de un "maestro de pueblo" quien dedicó algo más que su vida a la enseñanza,
y de él aprendí lo que no se enseña: "que la vida sin pasión no vale de nada".
No es magia, es educación…
Luis Aretio
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