sábado, 30 de mayo de 2015

Mi corazón


Mi corazón es palmera.
Es rosa, es una tabaiba.
Es un canario que libre
en una retama canta.

Es pino recio y verde
de las cumbres escarpadas.
Es playa donde calienta
la suave arena dorada.

Es silbo de la Gomera.
Un riachuelo en La Palma.
Un volcán de Lanzarote.
Roque Nublo en Gran Canaria.
De Fuerteventura arenas.
Tenerife las Cañadas.
Del Hierro es el garoé.
En La Graciosa, esperanza.

Mi corazón es el Atlante
que custodia a mis Canarias,
cual tesoro muy valioso
de perlas y esmeraldas.

Mi corazón es un timple
que se escucha en la alborada,
para despertar con cantos
a mis islas afortunadas.

viernes, 29 de mayo de 2015

No llores

No llores por lo que perdiste,
lucha por lo que te queda.
No llores por lo que ha muerto,
lucha por lo que ha nacido en ti.
No llores por quien se ha marchado,
lucha por quien está contigo.
No llores por quien te odia,
lucha por quien te quiere.
No llores por tu pasado,
lucha por tu presente.
No llores por tu sufrimiento,
lucha por tu felicidad.
Con las cosas que a uno le suceden vamos aprendiendo que nada es imposible de solucionar, solo sigue adelante.
Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco.

Cada pensamiento nos lleva a una profunda reflexión, meditemos este mensaje de un hombre sabio que va tocando cada corazón y está despertando las almas adormecidas: las que están saturadas de tóxicos ambientales y las que están ahogadas por sus propios rencores.

jueves, 28 de mayo de 2015

Aprender a callar

Los estudiantes de la escuela Tendai solían practicar la meditación mucho antes de que el Zen llegase al Japón. Cuatro de estos estudiantes, amigos íntimos, se prometieron estar siete días de absoluto silencio.
Durante el primer día todos permanecieron callados. Su meditación había empezado con buen pie, pero al caer la noche, como quiera que la luz de las lámparas de aceite había empezado a palidecer, uno de los estudiantes no pudo evitar decir a un sirviente:
Recarga esas lámparas.
Un segundo estudiante se quedó estupefacto al oír hablar al primero.
Se suponía que íbamos a guardar silencio.
Entonces, el tercero dijo:
Sois los dos unos estúpidos. ¿Por qué habéis hablado?
Y el cuarto estudiante concluyó:
Yo soy el único que no digo nada.
La filosofía del silencio es fundamental para meditar, para conocerse a uno mismo y para conocer a los demás. La práctica del silencio te evitará muchos problemas y será de gran ayuda a la hora de resolverlos. Profundizar en la meditación y en el autoconocimiento te alejan de ser cómplices de la mentira y de alcahuetear. Calla y escucha. En el silencio de tu alma encontrarás tu Paz interior.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Da amor y amor recibes

Era un muchacho que se esforzaba por ser el primero en todo, mejor atleta, mejor estudiante, pero lo que nunca supo fue si era un buen hijo, un buen compañero o un buen amigo. En un día de depresión el muchacho se dejo morir.
Cuando iba camino al cielo se encontró con un ángel y éste le preguntó:
—¿Por qué lo hiciste? si sabias que te querían…
A lo que él respondió:
—Hay veces que vale más una palabra de consuelo que todo lo que te hagan sentir. En tanto tiempo nunca escuché «estoy orgulloso de ti», «gracias por ser mi amigo», ni siquiera un «te quiero mucho».
El ángel se quedó pensativo y el muchacho añadió:
—¿Y sabes una cosa?
El ángel triste le dice:
—¿Qué?
—Que espero oírlo algún día…
El ángel abrazó al muchacho y le dijo que no se preocupara porque se acercaba a la única persona que siempre le dijo al oído que lo amaba, pero él nunca lo escuchó y lo espera con los brazos abiertos…

El silencio es el grito más fuerte… A veces no queremos ver el incondicional cariño que nos demuestra aquellos que nos quieren de verdad.

martes, 26 de mayo de 2015

Qué suerte

Un hombre apasionado por el juego, había pasado una vez más, toda la noche en un casino. Salió del lugar totalmente rendido… estaba a punto de amanecer. Cuando el cielo se tiñó de rojo y el sol empezó a salir, sintió un escozor en sus ojos somnolientos. Vio un gran árbol en el jardín y decidió sentarse a sus pies para descansar un rato antes de volver a su casa. En un abrir y cerrar de ojos el jugador cayó en un sueño profundo. Durmió todo el día y toda la noche. Había dormido exactamente 24 horas cuando se despertó. Era el alba y el sol estaba empezando a encender el cielo.
El hombre, al abrir los ojos, le pareció estar en el mismo escenario porque la imagen semejaba a la del día anterior:
—¡Qué suerte! —exclamó contento— casi me duermo…

No siempre controlamos, hay momentos que la situación nos controla.

lunes, 25 de mayo de 2015

El perro atado

En un lujoso palacio vivía un brahmino, gobernador de una región y dueño de un maravilloso perro. El animal era corpulento, fiero y de temperamento orgulloso. No era difícil que se enfrentara a otros perros, por lo que casi siempre lo paseaban atado con una correa. Perro y amo eran caracteres jactanciosos merecedores el uno del otro.
Cada vez que el perro se encontraba con otro can, empezaba a tirar de la correa con todas sus fuerzas. Su amo, sin dejar de sujetarlo con determinación, intentaba calmarlo hablándole dulcemente:
Tranquilo, no hagas eso… sigamos paseando.
También se agachaba y le rodeaba con el brazo como para protegerle mientras que el bravo animal mostraba su carácter desafiante. Parecía de verdad un perro fiero e implacable, dado su tamaño y su furor, todos le temían.
Un día, el brahmino encargó a un sirviente que paseara al perro, pero olvidó advertirle sobre el carácter del animal, quizás dando por hecho que todo el mundo tenía que saber que el perro era algo especial, pero para el sirviente, este era únicamente un perro como muchos, por lo cual ignoraba su excentricidades.
Como era previsible, nada más ver a otro perro dio rienda suelta a su violento temperamento y, de repente, tiró enérgicamente de la correa. El siervo, que no estaba preparado para tal situación, no supo reaccionar y soltó la cuerda. El perro acostumbrado a estar sujeto por la tensa cuerda, perdió ligeramente el equilibrio y se tambaleó. Ahora estaba libre de sujeción y la acción dependía exclusivamente de él y se encontró frente a un dilema: o dar rienda suelta a sus amenazas empezando la batalla, o evitar la confrontación.
El imperioso animal titubeó: al fin y al cabo el otro perro, aunque más pequeño, no había dado signos de sumisión y estaba listo para la lucha.
Seguramente —se dijo el perro— podría matarle fácilmente, pero si me mordiera, ¿qué sería de mi noble aspecto? No, no merece la pena. Por esta vez le dejaré vivir.
Emitió unos gruñidos y volvió junto al siervo.
Una vez en el palacio, el siervo relató lo ocurrido al brahmino, el cual vislumbró la verdad sobre la naturaleza de su perro y la del hombre, y a partir de entonces paseaba al animal sin ataduras. No sólo el perro dejó de amenazar a los otros perros, sino que también los súbditos del brahmino vivieron más felices... El perro le mostró a su dueño la manera sabia de gobernar.

domingo, 24 de mayo de 2015

Renuevos

Las ramas de un árbol se llenan de brotes verdes.


Rebrotes… Aires nuevos… Renovación…

«Los cristianos no pueden mostrar el Evangelio divididos y entre envidias». El papa Francisco dijo también que el Evangelio tiene que unir y no dividir y que los cristianos no puede presentarlo divididos, entre envidia, egoísmos y rivalidades, sino que tiene que estar reconciliados, en paz y unidos.

El Papa Francisco hizo estas manifestaciones ante unas 70.000 personas que asistieron en la plaza de San Pedro del Vaticano a la audiencia pública de los miércoles, cuya catequesis dedicó a la misión evangelizadora de la Iglesia y al Credo.

viernes, 22 de mayo de 2015

El ladrón de dicha

Cuenta una antigua leyenda que un sabio anciano vivía en las afueras de una pequeña ciudad de provincia. El hombre era muy conocido no sólo por su sabiduría, sino también por su buena suerte.
En la misma ciudad vivía también un joven que, aunque honesto, estaba obsesionado por la suerte, la fama y la riqueza. Su búsqueda y esfuerzos no daban resultado y la «diosa vendada» no quería sonreírle. El joven ya no sabía qué hacer y estaba al borde de la depresión, cuando se le ocurrió ir a ver al sabio para pedirle el secreto de su éxito. En efecto, todo lo que precisaba saber el sabio se lo podría proporcionar, ya que él todo lo que emprendía le salía redondo. No le faltaba ni hogar ni comida ni ropa. La gente lo respetaba y veneraba. Verdaderamente no carecía de riqueza espiritual, pero tampoco de medios materiales.
Aquel día, el joven se levantó muy temprano para evitar las colas interminables que se formaban para pedir consejo al anciano. Se vistió y arregló con esmero y se dirigió a la morada del sabio. Llamó al portal y el sabio le recibió amablemente. Una vez terminadas las presentaciones de rigor el joven fue directamente al grano y dijo:
La razón de mi visita es sencilla: querría saber tu secreto para vivir tan holgadamente. Verás, he notado que no te falta de nada, mientras que a mí me falta todo y eso a pesar de mis esfuerzos y voluntad por conseguirlo. Aunque sé que mucha gente posee bienes materiales, pero son infelices, en cambio a ti no te falta tampoco la felicidad. Dime, ¿cuál es tu secreto?
El sabio le miró atentamente y sonrió diciéndole:
Mi respuesta también es sencilla; el secreto de mi buena suerte es que yo robo…
¡Lo sabía! —exclamó el joven—. Tenía que haberlo deducido por mí mismo.
¡Espera! Todavía no he acabado, —dijo el anciano, pero el joven ya había salido corriendo exultante.
El sabio intentó darle alcance pero no pudo, para explicarle lo que quería decir con sus palabras.
Tras la visita al sabio la vida del joven cambió radicalmente: empezó a robar aquí y allá, a revender las cosas sustraídas y a enriquecerse. Cometió toda clase de hurtos; robaba en tiendas y casas, y la fortuna parecía haber empezado a sonreírle, pero fue pillado y capturado por las autoridades. Fue procesado por numerosos delitos y condenado a cinco años de dura cárcel. Durante su estancia en la prisión tuvo tiempo de meditar y llegó a una conclusión. Según sus deducciones el anciano se había burlado de él y más idiota había sido él mismo por seguir tan necio consejo. Se prometió que una vez saliera volvería a ver al anciano para darle su merecido.
Los años pasaron y el joven, tras pagar su deuda con la sociedad, fue puesto en libertad. Nada más salir, ni siquiera pasó por su casa, se fue directamente a la residencia del sabio. Tras llamar impacientemente a la puerta, el sabio abrió.
—¡Ah, eres tú! —le dijo—.
Sí, soy yo y he venido para decirte lo inútil que eres, viejo tonto. ¿Sabías que gracias a tu consejo me he pasado los últimos cinco años de mi vida en la cárcel? Si todos los consejos que das son así, menudos imbéciles somos los que te escuchamos.
El anciano le escuchaba con paciencia y cuando la rabia del joven remitió, así le contestó:
Comprendo tu rabia, pero el artífice de tu desdicha eres tú y solamente tú, sobre todo por tu incapacidad de escuchar. Cuando viniste aquí hace cinco años te dije la verdad, te dije mi método para asegurarme la dicha, solo que tú no quisiste oír más y entendiste lo que quisiste. Cuando te dije que yo robo, es verdad, solo que no robo a los humanos. Robo aire, luz, agua y energía. Robo «chi». Verás, robo al «Tao» porque el «Tao» es vacío y utilizándolo nunca rebosa, se vacía sin agotarse y su función no se agota nunca. De ahí toda mi dicha.

jueves, 21 de mayo de 2015

Depende de quién son las manos

Una pelota de basketball en mis manos puede ser algo divertido. Pero en las manos de Michael Jordan, es un juego maravilloso.
Todo depende de quién son las manos.
Una paleta y unos pinceles en mis manos sería algo curioso. Pero en las manos de Miguel Ángel sin duda serían una obra de arte.
Todo depende de quién son las manos.
Un lápiz en mis manos puede servir para poner mi nombre. Pero en las manos de William Shakespeare sirve para relatar y crear historias.
Todo depende de quién son las manos.
Una vara en mis manos podrá ahuyentar a un perro hambriento. Pero en las manos de Moisés, hizo que las aguas del mar se abrieran.
Todo depende de quién son las manos.
Una onda en mis manos sería tan solo un juguete. Pero en las manos de David fue arma mortal contra Goliat.
Todo depende de quién son las manos.
Dos peces y cinco panes en mis manos, son un almuerzo para dos. Pero en las manos de Jesús, fue alimento para una gran multitud.
Todo depende de quién son las manos.
Unos clavos en mis manos quizás podrían servir para construir una silla. Pero en las manos de Jesús trajeron la salvación al mundo entero.
¡Todo depende de quién son las manos!

miércoles, 20 de mayo de 2015

El picador de piedra

Cuenta la leyenda que un humilde picador de piedra vivía resignado en su pobreza, aunque siempre anhelaba convertirse en un hombre rico y poderoso. Un buen día expresó en voz alta su deseo y cuál fue su sorpresa al ver que se había hecho realidad: era un rico mercader.
Se sintió muy feliz hasta el día que conoció a un hombre aún más rico y poderoso que él. Entonces pidió ser aún más rico y su deseo le fue concedido. Al poco tiempo comprobó que debido a su nueva condición se había creado muchos enemigos y sintió miedo. Pero al ver el magistral manejo en el arte de las armas de feroz samurái, y su valor para resolver las divergencias con sus enemigos, pensó que tenía que ser un buen guerrero para saber defenderse en combate, para garantizarse la paz y la indestructibilidad. Así que quiso convertirse en un respetado samurái, y así fue. Sin embargo sus enemigos seguían aumentado.
Un día se sorprendió mirando al sol desde la seguridad de la ventana de su casa y pensó:
—Él sí que es superior, nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todas las cosas. ¡Quiero ser el sol!
Pero cuando logró su propósito tuvo la mala suerte de que una nube se interpuso en su camino entorpeciendo su visión, entonces pensó que la nube era realmente poderosa y quiso ser nube.
Se convirtió en nube, pero se desilusionó al ver cómo el viento le arrastraba con su fuerza y decidió que quería ser viento.
Cuando fue viento, observó que aunque soplaba con gran fuerza a una roca, ésta no se movía y pensó:
—¡Ella sí que es realmente fuerte! ¡Quiero ser una roca!
Al convertirse en roca se sintió invencible porque creía que no existía nada más fuerte que él en todo el universo.
Pero cuál fue su sorpresa cuando apareció un labrante de piedra que tallaba la roca y le daba forma a voluntad…
Esto le hizo reflexionar y le llevó a la conclusión de que su condición inicial no era tan mala y aceptando lo que nunca debió despreciar, pidió volver a ser el picador de piedra que siempre fue.