lunes, 30 de junio de 2014

Nadie es dueño

Nadie es dueño de tu felicidad, por eso no entregues tu alegría, tu paz, tu vida en las manos de nadie, absolutamente a nadie.
Somos libres, no pertenecemos a nadie y no podemos querer ser dueños de los deseos, de la voluntad o de los sueños de quien quiera que sea.
La razón de tu vida eres tu mismo.
Tu paz interior es tu meta en la vida.
Cuando sientas un vacío en el alma, cuando creas que aún te está faltando algo aun teniéndolo todo, guarda tus pensamientos para tus deseos más íntimos y busca la divinidad que existe en ti.
¡Deja de situar tu felicidad cada día más distante de ti!
No coloques el objetivo demasiado lejos de tus manos, abraza a los que están a tu alcance hoy.
Si andas preocupado por problemas financieros, amorosos o de relaciones familiares, busca en tu interior la respuesta para calmarte, tú eres el reflejo de lo que piensas diariamente.
¡Deja de pensar mal de ti mismo y sé tu mejor amigo, siempre!
Sonreír significa aprobar, aceptar, facilitar. Entonces, habrá una sonrisa para aprobar el mundo que quiere ofrecerte lo mejor.
Con una sonrisa en el rostro, las personas tendrán la mejor impresión de ti, y tú estarás afirmando para ti mismo, que estás «próximo» a ser feliz…
Trabaja, trabaja mucho a tu favor.
Deja de esperar la felicidad sin esfuerzos.
Deja de exigir de las personas aquello que ni para ti has conquistado aún. Antes de criticar, mírate primero a ver en qué tienes que cambiar.
Y no te olvides nunca de agradecer. Agradece todo lo que está en tu vida, en cada momento, inclusive el dolor.
Nuestra comprensión del universo, aún es muy pequeña para juzgar lo que quiere que sea en nuestra vida.
La grandeza no está en recibir honores, está en ofrecer lo mejor de ti mismo.

Aristóteles. 360 A.C.

domingo, 29 de junio de 2014

Las cuatro velas

Cuatro velas se estaban consumiendo lentamente. El ambiente estaba tan silencioso que se podía oír el diálogo entre ellas. La primera dijo:
—¡Yo soy la Paz! A pesar de mi luz, las personas no consiguen mantenerme encendida.
Y disminuyendo su llama, se apagó totalmente.

La segunda dijo:
—¡Yo me llamo Fe! Infelizmente soy superflua para las personas, porque ellas no quieren saber de Dios, por eso no tiene sentido continuar quemándome.
Al terminar sus palabras, un viento se abatió sobre ella, y ésta se apagó.

En voz baja y triste la tercera vela se manifestó:
—¡Yo soy el Amor! No tengo más fuerzas que quemar. Las personas me dejan de lado porque solo consiguen manifestarme para ellas mismas. Se olvidan hasta de aquellos que están a su alrededor.
Y también se apagó.

De repente entró una niña y vio las tres velas apagadas…
—¿Qué es esto? Ustedes deben estar encendidas y consumirse hasta el final.

Y la cuarta vela, habló:
—No tengas miedo niña. Estando yo encendida, podemos encender las otras velas.

Entonces la niña tomó la vela de la Esperanza y encendió nuevamente las que estaban apagadas.
¡Que la vela de la Esperanza nunca se apague dentro de nosotros!

sábado, 28 de junio de 2014

Cómo se mide la vida

La Vida no se mide anotando puntos, como en un juego.
La vida no se mide por el número de amigos que tienes, ni por cómo te aceptan los otros.
No se mide según los planes que tienes para el fin de semana o por si te quedas en casa sólo.
No se mide según con quién sales, con quién solías salir, ni por el número de personas con quienes has salido, ni por si no has salido nunca con nadie.
No se mide por las personas que has besado.
No se mide por la fama de tu familia, ni por el dinero que tienes, ni por la marca de coche que conduces, ni por el lugar donde estudias o trabajas.
No se mide ni por lo guapo ni por lo feo que seas, ni por la marca de ropa y de zapatos que llevas, ni por el tipo que música que te gusta.
La vida, simplemente, no es nada de eso…
La vida se mide según a quién amas y según a quién dañas.
Se mide según la felicidad o la tristeza que proporcionas a otros.
Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas.
Se trata de la amistad, la cual puede usarse como algo sagrado o como un arma.
Se trata de lo que se dice y lo que se hace, sea dañino o benéfico.
Se trata de los juicios que formulas, por qué los formulas y a quién o contra quién los comentas.
Se trata de a quién no le haces caso o ignoras adrede.
Se trata de los celos, del miedo, de la ignorancia y de la venganza.
Se trata del amor, el respeto o el odio que llevas dentro de ti, de cómo lo cultivas y de cómo lo riegas.
Pero por la mayor parte, se trata de sí usas la vida para alimentar el corazón de los demás.
Se trata de que tú y solo tú escoges la manera en que vas a relacionarte con los demás, en la sintonía y armonía de las buenas relaciones, es dónde está toda la riqueza del sentido de vivir y del cómo se mide la vida.

viernes, 27 de junio de 2014

El tazón de madera

El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.
 La familia completa comía juntos en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían que el alimento no llegara correctamente a la boca. Los guisantes se le caían de la cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel, en fin, que el hijo y la nuera se cansaron de la situación:
—Tenemos que hacer algo con el abuelo —dijo el hijo—. Ya he tenido suficiente. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo, no aguanto más…
El matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Allí en el rincón apartado, el abuelo comía solo y triste mientras el resto de la familia disfrutaban el tiempo de la comida. Como el abuelo había roto algunos platos, su comida se la servían en un tazón de madera.
Aunque de vez en cuando miraban hacia el rincón donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida. El niño de cuatro años observaba todo en silencio.
Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba en el suelo jugando con trozos de madera a los que intentaba darle forma. El padre sintió curiosidad y le preguntó dulcemente:
—¿Qué estás haciendo? —Con la misma dulzura el niño le contestó:— Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá, para que cuando yo crezca ustedes coman en ellos.
Sonrió y siguió con su tarea.
Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, y aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.
Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa, por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse cuando la cuchara se caía, ni cuando la leche se derramaba o cuando el mantel se ensuciaba.

No hagas lo que no quieras para ti, porque la conciencia no perdona.

jueves, 26 de junio de 2014

España es… Pues sí

Ciudadanos en una ciudad española.

Por Ángel Ayuda Giménez.
Nací en Asturias, por la gracia de Dios. Mi lengua materna es el asturiano (o, como lo denominan los listos y los finos, el «bable»). En mi aldea, los únicos que hablaban español cuando yo era pequeño, allá por los años 70 del siglo pasado, eran el cura y el maestro. Los del pueblo «hablábamos mal» o «no sabíamos hablar» o, simplemente, éramos aldeanos y hablábamos como tales. Los asturianos nos avergonzábamos de nuestra propia lengua y algunos todavía se avergonzarán hoy. Allá ellos. Yo me siento tremendamente orgulloso de ser asturiano y de hablar asturiano siempre que tengo ocasión; o sea, cuando estoy con asturianos y sé que me van a entender. No se me ocurre hablar asturiano con murcianos o con castellanos, porque sería una ridícula falta de educación y de sentido común.

miércoles, 25 de junio de 2014

Muere Ana María Matute

Ana María Matute.

«No es suficiente una vida para escribir todo lo que quisiera».

Muere Ana María Matute, narradora de historias, testigo mágico de la literatura en España.

Artículo escrito por Luis Alemany el 25/06/2014 en la edición digital de elmundo.es.

martes, 24 de junio de 2014

536 años de la Fundación de la ciudad de Las Palmas

Vegueta. Las Palmas de Gran Canaria. 1905-1910. Jordao Da Luz Perestrello.

Por Teo Mesa.
Nuestra ciudad, El Real de Las Palmas, como así se llamó en sus orígenes fundacionales, sigue cumpliendo afortunados años. Ahora lo hace con la cifra indicada de 536 años del aniversario de su digna vetustez, desde que tuvo su semilla embrionaria el 24 de junio de 1478. Solo fue un arranque fortuito, porque su origen es la construcción de un campamento militar, que serviría de soporte logístico para la conquista total de la isla de Gran Canaria. Hecho histórico que aconteció en el año 1483. El asalto militar de la invasión de esta isla, con el siguiente propósito de anexionarse las demás islas Canarias, fue la primera de las gestas de ultramar que llevaran a cabo la recién iniciada monarquía de los Reyes Católicos (1469).

domingo, 22 de junio de 2014

Nada es absoluto

Un pobre, pero muy sabio, anciano chino estaba trabajando en el campo con su hijo, cuando éste se acercó a él muy triste:
—¡Padre, que desgracia tan grande, se nos ha escapado el caballo!
Lejos de compadecerlo, el anciano le respondió:
—¿Por qué le llamas desgracia? Esperemos a ver qué sucede.
A los pocos días, el caballo había regresado y venía acompañado de otro. Rápidamente, el muchacho fue a ver a su padre y le dijo:
—Qué suerte hemos tenido. Ahora tenemos dos caballos.
Pero el anciano, enigmático como siempre, le respondió:
—¿Por qué crees que hemos tenido suerte? Esperemos.
El joven quiso montar el nuevo caballo y, no estando acostumbrado a llevar jinete lo tiró al suelo rompiéndole la pierna.
—Padre, qué desgracia, me he roto la pierna —se lamentaba.
Y su progenitor le dijo:
— ¿Por qué? Esperemos a ver qué sucede.
El joven lo entendió todo cuando, a la semana siguiente pasaron por el pueblo soldados enviados por el rey para reclutar tropas y al verlo en tan lamentable estado, lo dejaron en casa.
Y es que no hay nada absoluto, lo que creemos bueno puede convertirse en malo y viceversa.
Sólo hay que confiar en que las cosas suceden con un fin positivo en nuestras vidas.

sábado, 21 de junio de 2014

Salvado por el ingenio

Un hombre al que todos tenían en buena consideración fue culpado injustamente del asesinato de una mujer. El verdadero criminal era un hombre muy poderoso y había movido todos los hilos para buscar un cabeza de turco de su horrendo acto. El falso culpable fue llevado a juicio sin dilación y pocos confiaban en que fuese declarado inocente.
Tal era la influencia del poderoso asesino que hasta compró al juez, quien dispuso todo para mantener las apariencias de un juicio justo. Así, el magistrado dijo al encausado:
Dejaremos en manos del Señor tu destino. Escribiremos en dos papeles las palabras «culpable» e «inocente». Tú escogerás uno y será Dios quien decida.
El mal juez había preparado una trampa: en ambos papeles escribió «culpable», de modo que nada importaría cual fuese la elección.
Llegado el momento de la verdad, el hombre ante el asombro de todos los que allí estaban presentes, cogió unos de los papeles y se lo tragó. Cuando el juez, indignado, le preguntó cómo sabrían el veredicto, respondió:
Es muy sencillo, solo hay que leer el papel que queda para saber qué ponía el que me tragué.
Y es que, por más difícil que nos parezca una situación, siempre hay una salida.

viernes, 20 de junio de 2014

El labrador y sus hijos

Un viejo labrador, que había estado toda su vida trabajando sus tierras y sacando el mejor fruto de ellas, empezó a notar que sus fuerzas flaqueaban. Por eso, temiendo que sus hijos abandonarían los campos una vez que él desapareciera de este mundo, pensó un plan para que, sin darse cuenta, acabaran cuidándolos. Los reunió en torno a su cama y les dijo:
—Queridos hijos, presiento que mi fin se está acercando. Os encargo que vayáis a las viñas y excavéis hasta encontrar algo que escondí para vosotros para cuando yo ya no esté.
Creyendo que lo que había ocultado era un valioso tesoro, los hermanos no perdieron ni un segundo y corrieron a las tierras. Allí, cavaron durante horas y horas, de una punta a la otra del terreno, pero no encontraron ni rastro de lo que ellos buscaban, llegando a la conclusión de que su padre había perdido la razón.
Transcurrieron unos meses y, cuando unos de los hermanos pasó por los campos, vio que de las cepas empezaban a colgar racimos llenos de jugosas uvas que podrían vender a muy buen precio.
Así se dieron cuenta de que el tesoro del que habló su padre y que ellos buscaban, se hallaba en los frutos de la tierra cultivada con esfuerzo.