Tu tiempo es limitado, así que no lo gastes viviendo la vida de otro.
No te quedes atrapado en el dogma, que es vivir de los resultados del pensamiento de otras personas.
No dejes que el ruido de las opiniones del resto tapen tu voz interior.
Y lo más importante, ten el coraje de seguir a tu propio corazón e intuición, porque ya saben en lo que verdaderamente te quieres convertir.
Todo lo demás es secundario.
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miércoles, 15 de abril de 2015
martes, 14 de abril de 2015
El Zar y la camisa
El Zar se encontraba enfermo y, preocupado por los malos pronósticos que le habían dado convocó a sus súbditos y les dijo:
—Daré la mitad de mi reino a quién me cure.
Los sabios de la corte se reunieron a deliberar, pero por más vueltas que le dieron no encontraban la solución.
De repente uno de ellos se levantó y les propuso lo siguiente:
—Si encontramos a un hombre feliz, le compramos la camisa para que el Zar se la ponga. Eso le curará.
Enseguida salieron de palacio emisarios en busca de ese hombre feliz, pero no aparecía. Unos eran ricos pero estaban enfermos; otros gozaban de una salud de hierro, pero eran pobres como las ratas…
Una tarde que el hijo del Zar había salido a cazar con unos amigos, pasó por delante de una humilde cabaña y escuchó lo siguiente:
—Hoy he trabajado y he comido bien. Me puedo ir a la cama satisfecho y feliz.
Al momento quiso conocer a ese hombre y comprarle la camisa, pero resultó ser tan pobre que ni camisa tenía.
Reflexionemos. La felicidad no está en las riquezas materiales ni en desear lo que no tenemos, sino en agradecer cada día lo que la vida nos ofrece, aunque pueda parecer insignificante.
—Daré la mitad de mi reino a quién me cure.
Los sabios de la corte se reunieron a deliberar, pero por más vueltas que le dieron no encontraban la solución.
De repente uno de ellos se levantó y les propuso lo siguiente:
—Si encontramos a un hombre feliz, le compramos la camisa para que el Zar se la ponga. Eso le curará.
Enseguida salieron de palacio emisarios en busca de ese hombre feliz, pero no aparecía. Unos eran ricos pero estaban enfermos; otros gozaban de una salud de hierro, pero eran pobres como las ratas…
Una tarde que el hijo del Zar había salido a cazar con unos amigos, pasó por delante de una humilde cabaña y escuchó lo siguiente:
—Hoy he trabajado y he comido bien. Me puedo ir a la cama satisfecho y feliz.
Al momento quiso conocer a ese hombre y comprarle la camisa, pero resultó ser tan pobre que ni camisa tenía.
Reflexionemos. La felicidad no está en las riquezas materiales ni en desear lo que no tenemos, sino en agradecer cada día lo que la vida nos ofrece, aunque pueda parecer insignificante.
sábado, 11 de abril de 2015
La vasija rajada
Cuenta una leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea, usando dos grandes vasijas sujetas en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesado sobre sus espaldas.
Una de las vasijas era más vieja que la otra y tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa la mitad del agua se perdía.
Durante dos años el hombre hizo el mismo trayecto. La vasija más joven estaba siempre muy orgullosa de su desempeño y tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aun sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo.
Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre se preparaba para sacar agua del pozo decidió hablar con él:
—Quiero pedirte disculpas ya que, debido a mi largo uso sólo consigues entregar la mitad de mi carga y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.
El hombre sonrió y le dijo:
—Cuando regresemos, por favor, observa cuidadosamente el camino.
Así lo hizo. Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba crecían muchas flores y plantas.
—¿Ves cómo la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? —Comentó el hombre—. Siempre supe que tú tenías rajaduras y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres y tú las has regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tú no fueras como eres, ¿cómo podría haberlo hecho?
Todos, en algún momento, envejecemos y pasamos a tener otras cualidades. Es siempre posible aprovechar cada una de estas nuevas cualidades para obtener un buen resultado.
viernes, 10 de abril de 2015
Otra juventud
Hoy quiero inventarme nuevos significados para las palabras, quiero imaginar que las cosas no son como me dijeron, quiero rescribir el diccionario para que describa las cosas que no se ven y no las que saltan a la vista, quiero darle un nuevo significado a la palabra «Juventud».
La juventud no depende de los años cumplidos, ni de la edad que se tiene, sino que es la estación que anida en tu corazón: si vives todo el año con la alegría y el calor de la primavera o verano, vives en juventud, si te abates como el otoño o te enfrías como el invierno, entonces envejeces.
La juventud es voluntad firme de lo que se persigue, es imaginación despierta, es ilusión por lo que queda por hacer, es compartirse uno mismo como un regalo para los demás: es pasión por vivir.
Los años marchitan la piel, pero renunciar a la felicidad o a los ideales marchitan el alma.
Es joven quien es capaz de sorprenderse con cada cosa que le depara la vida, y no se atraganta con preguntas tenebrosas. Desafía los acontecimientos y encuentra alegría en el devenir de cada amanecer.
¿Sabes una cosa? Serás…
Tan joven como tu fe, tan viejo como tu duda.
Tan joven como tu esperanza, tan viejo como tu abatimiento.
Tan joven como tu amor, tan viejo como tu odio.
Tan joven como tu expectativa, tan viejo como tu pasividad.
Tan joven como tu buen ánimo, tan viejo como tu carácter agrio.
Tan joven como tu alegría, tan viejo como tu tristeza…
¿Sabes cuánto tiempo permanecerás joven? Todo el tiempo que mantengas esperanza y seas receptivo a lo bello de la vida, dando oportunidades y aceptando los desafíos aunque no los puedas comprender. Aprovecha las oportunidades y disfruta del viaje, porque Dios aún tiene muchos mensajes para darte.
Cumplir años ya no es excusa para envejecer, es algo que no tiene nada que ver, porque desde ahora se permite vivir en primavera todos los días. Sólo tienes que estar dispuesto.
La juventud no depende de los años cumplidos, ni de la edad que se tiene, sino que es la estación que anida en tu corazón: si vives todo el año con la alegría y el calor de la primavera o verano, vives en juventud, si te abates como el otoño o te enfrías como el invierno, entonces envejeces.
La juventud es voluntad firme de lo que se persigue, es imaginación despierta, es ilusión por lo que queda por hacer, es compartirse uno mismo como un regalo para los demás: es pasión por vivir.
Los años marchitan la piel, pero renunciar a la felicidad o a los ideales marchitan el alma.
Es joven quien es capaz de sorprenderse con cada cosa que le depara la vida, y no se atraganta con preguntas tenebrosas. Desafía los acontecimientos y encuentra alegría en el devenir de cada amanecer.
¿Sabes una cosa? Serás…
Tan joven como tu fe, tan viejo como tu duda.
Tan joven como tu esperanza, tan viejo como tu abatimiento.
Tan joven como tu amor, tan viejo como tu odio.
Tan joven como tu expectativa, tan viejo como tu pasividad.
Tan joven como tu buen ánimo, tan viejo como tu carácter agrio.
Tan joven como tu alegría, tan viejo como tu tristeza…
¿Sabes cuánto tiempo permanecerás joven? Todo el tiempo que mantengas esperanza y seas receptivo a lo bello de la vida, dando oportunidades y aceptando los desafíos aunque no los puedas comprender. Aprovecha las oportunidades y disfruta del viaje, porque Dios aún tiene muchos mensajes para darte.
Cumplir años ya no es excusa para envejecer, es algo que no tiene nada que ver, porque desde ahora se permite vivir en primavera todos los días. Sólo tienes que estar dispuesto.
jueves, 9 de abril de 2015
El águila y la flecha
Estaba en un peñasco un águila vigilante esperando que salieran las liebres de la madriguera, pero fue vista por un cazador y lanzándole una flecha le atravesó su cuerpo.
Viendo el águila que la flecha que la traspasó estaba adornada con plumas de su propia especie exclamó:
—¡Qué tristeza terminar mis días por causa de mis plumas!
Nuestro dolor es muy profundo, cuando nos abaten por nuestros valores…
Viendo el águila que la flecha que la traspasó estaba adornada con plumas de su propia especie exclamó:
—¡Qué tristeza terminar mis días por causa de mis plumas!
Nuestro dolor es muy profundo, cuando nos abaten por nuestros valores…
miércoles, 8 de abril de 2015
El águila, el cuervo y el pastor
Un águila se lanzó desde una cima y arrebató un corderito del rebaño. Un cuervo que vio lo que hizo el águila trató de imitarla y se lanzó sobre un carnero, pero la envergadura de su presa y su poca destreza en la caza dejó en evidencia sus inalcanzables pretensiones. Con tan mal arte sus garras se enredaron en la lana y por mucho que batió sus alas para liberarse no logró soltarse.
Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo y cortando las puntas de sus alas se la llevó a sus hijos, éstos preguntaron de qué ave eran las plumas y el padre contestó:
—Es de un pobre cuervo que se cree águila…
Cada uno es lo que es y por mucho que se quiera aparentar, nunca será lo que no se es.
Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo y cortando las puntas de sus alas se la llevó a sus hijos, éstos preguntaron de qué ave eran las plumas y el padre contestó:
—Es de un pobre cuervo que se cree águila…
Cada uno es lo que es y por mucho que se quiera aparentar, nunca será lo que no se es.
lunes, 6 de abril de 2015
Días oscuros
Días oscuros se acercan sin piedad,
Inquietantes momentos que nadie quisiera vivir,
Oscura penumbra de miseria y dolor que amenaza
Siempre que cierras los ojos y piensas en tus muchos fallos.
Tienes la impresión de que se acabó la esperanza,
Es como si la vida terminara y no quedasen más oportunidades.
Silencioso, bajas la mirada preocupado,
Intuyendo que tus muchos errores pesan demasiado ya.
Gimes de pura amargura y dolor, mientras
Una extraña sensación te invade, y te quita las ganas de
Existir por más tiempo en esta vida que no entiendes.
Añoras los momentos felices del ayer, o los que soñaste, y el
Mañana se levanta amenazante, porque piensas que
A nadie dará descanso, que será impasible,
Negro oscuro, como la sensación de sentirte sucio
Día tras día, porque tus muchos fallos, o te deprimen
O te hacen creer que no hay perdón para ti, pero…
Hoy, ahora, lee solo la primera letra de cada renglón,
Observa esas letras, empieza por arriba y lee hacia abajo,
Y verás un mensaje escondido que no debes olvidar.
Inquietantes momentos que nadie quisiera vivir,
Oscura penumbra de miseria y dolor que amenaza
Siempre que cierras los ojos y piensas en tus muchos fallos.
Tienes la impresión de que se acabó la esperanza,
Es como si la vida terminara y no quedasen más oportunidades.
Silencioso, bajas la mirada preocupado,
Intuyendo que tus muchos errores pesan demasiado ya.
Gimes de pura amargura y dolor, mientras
Una extraña sensación te invade, y te quita las ganas de
Existir por más tiempo en esta vida que no entiendes.
Añoras los momentos felices del ayer, o los que soñaste, y el
Mañana se levanta amenazante, porque piensas que
A nadie dará descanso, que será impasible,
Negro oscuro, como la sensación de sentirte sucio
Día tras día, porque tus muchos fallos, o te deprimen
O te hacen creer que no hay perdón para ti, pero…
Hoy, ahora, lee solo la primera letra de cada renglón,
Observa esas letras, empieza por arriba y lee hacia abajo,
Y verás un mensaje escondido que no debes olvidar.
¿Encontraste la clave del mensaje? ¿Te detuviste a seguir las últimas instrucciones? Es como un crucigrama, solo debes leer de arriba hacia abajo la primera letra de cada renglón, y descubrirás la solución. Si no la encontraste, o no entiendes bien qué hacer, te dejo a continuación la solución, para que no quedes intrigado.
Y es que a pesar de todo… ¡Dios te sigue amando hoy!
jueves, 2 de abril de 2015
Dios te mira
Cuando te levantas cada mañana te observo y espero que te acuerdes de mí, y me saludes y me cuentes tus proyectos del día, tus inquietudes y tus alegrías. Pero veo que siempre empiezan la mañana demasiado apurados, como si el día no tuviera suficiente tiempo.
Mientras van de un lado a otro yo sigo esperando a que me digan «hola» pero están muy ocupados. Cada día enciendo el cielo para ti. Lleno el día de colores y dulces cantos de pájaros para ver si así me oyes, pero no, ni siquiera te das cuenta de los cambios en la naturaleza.
Te miro mientras vas y vienes atareado y mientras descansas, y espero pacientemente todo el día por tu saludo, pero tanto en las tareas de la casa como en el trabajo fuera, están afanados y demasiado distraídos como para pensar en mí y decirme algo.
Terminas la jornada agotado y cuando regresas veo tu cansancio y si te rocío un poco para que el agua se lleve tu estrés y enfurecido ofendes mi nombre, cuando yo sólo quiero agradarte para que pienses en mí. Deseo tanto que me invoques y me hables… Aunque nunca pierdo la esperanza y mientras queda algo de día, cabe la posibilidad de que me digas algo.
Pero nada.
Llegada la noche en las casas se enciende el televisor, mientras ven la tele cenan y nuevamente se olvidan de hablar conmigo. Entendiendo que están cansados comprendo tu silencio, apago el resplandor del cielo, aunque no les dejo a oscuras, lo cambie por un lucero brillante y hermoso, pero no están interesados en verlo. A la hora de dormir, ya agotados caen en la cama y casi de inmediato se duermen y yo te acompaño en tu sueño… Pero, ¿cómo no te das cuenta que siempre estoy ahí para ti?
Quiero que sepas que siempre estoy a tu lado pero, no me tomas en cuenta y está claro que me gustaría que me hablaras con toda confianza. Tengo más paciencia de la que te imaginas y quisiera enseñarte como tener paciencia para con los otros.
No vayas de juez por la vida, no seas justiciero con los demás. No juzgues a nadie sin antes mirar dentro de ti, porque todos se equivocan al juzgar sin enmendar los propios errores que juzgan.
Te amo tanto que espero todos los días por una palabra o un cántico o una oración. Recuerda que cada día sale el sol sólo para ti, y hasta en el aire que no se ve, ahí estoy yo esperando.
Yo doy la vida por ti, porque mi vida es la de cada hijo que vive y mi muerte por la vida de todos y cada uno.
Bueno, voy a encender el sol. Amanece de nuevo, espero que en el día de hoy me dediques un poco de tiempo. Hoy y todos los días es el Día del Amor Fraterno.
¡Que tengas un buen día!
Tu amigo, DIOS.
Loa al Papa Juan Pablo II (Karol Wojtyla)
El Papa amigo,
testigo de esperanza
y de humildad.
El Papa de los gentiles,
de la tolerancia,
de la fraternidad.
El Papa del diálogo,
que escucha
y acepta.
El Papa viajero,
un peregrino
evangelizador.
El Papa de la unidad
que derriba fronteras
con la verdad.
El Papa conciliador
entre religiones
y entre pueblos.
El Papa humilde
que por la iglesia
pide perdón.
El Papa defensor
de la familia
y de la paz.
El Papa comunicador
que la juventud
respeta y admira.
El Papa romántico,
poeta optimista
lleno de fe.
El Papa que sufre
al ver el dolor
y a tanto pobre.
El Papa cristiano
que predica
con el ejemplo.
El Papa que ha sabido
hacer presente
a Jesús.
El Papa de la oración
que en silencio
llega a Dios.
miércoles, 1 de abril de 2015
El tenedor
Había una mujer que había sido diagnosticada con una enfermedad incurable y a la que le habían dado sólo tres meses de vida.
Así que empezó a poner sus cosas en orden.
Contactó con un sacerdote y lo citó en su casa para informarle de su última voluntad. Le dijo qué canciones quería que se cantaran en su misa de cuerpo presente, qué lecturas y con qué traje deseaba ser enterrada. La mujer también solicitó ser enterrada con su libro favorito.
Todo estaba en orden y el sacerdote se estaba preparando para irse cuando la mujer recordó algo muy importante para ella.
—¡Hay algo más! —dijo ella exaltada.
—¿Qué es? —respondió el sacerdote.
—Esto es muy importante —continuó la mujer—. Quiero ser enterrada con un tenedor en mi mano derecha.
El sacerdote se quedó confundido mirando a la mujer sin saber exactamente qué decir.
—¿Es que le sorprende? —preguntó la mujer.
—Bueno, para ser honesto, estoy intrigado con la solicitud —dijo el sacerdote.
La mujer explicó:
—En todos estos años que he asistido a eventos sociales y cenas de compromiso, recuerdo que siempre que iban a retirar los primeros platos alguien me advertía: «Quédate con tu tenedor». Los postres son mi debilidad y después de los entrantes, llega mi parte favorita y sé que algo mejor está por venir: pastel de chocolate o de manzana, helados, flanes… ¡Algo maravilloso y sustancioso! Así que quiero que la gente me vea dentro de mi ataúd con un tenedor en mi mano y quiero que se pregunten, «¿Por qué tiene ese tenedor?» Después quiero que usted les diga: «Se quedó con su tenedor porque lo mejor está por venir».
Los ojos del sacerdote se llenaron de lágrimas de alegría mientras abrazaba a la mujer despidiéndose. Él presentía que ésta sería la última vez que la vería antes de su muerte. Pero también reconocía que la mujer tenía un mejor concepto del Cielo que él mismo porque ella sabía que algo mejor estaba por venir.En el funeral la gente pasaba por el ataúd de la mujer y veían el precioso vestido que llevaba, su libro favorito y el tenedor puesto en su mano derecha. Una y otra vez el sacerdote escuchó la pregunta, «¿Y ese tenedor?», y una y otra vez él sonrió.
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