martes, 30 de diciembre de 2025

Tener recuerdos es haber vivido

 


“Los recuerdos son una forma de aferrarte a las cosas que amas, las cosas que eres, las cosas que no quieres perder”. Anónimo.

Sin atención no hay recuerdo. Cada recuerdo que atesoramos comienza con un momento de enfoque, de atención. Si nuestra mente no está realmente presente para registrar lo que vivimos, los detalles de nuestra vida se desvanecen antes de convertirse en memoria.

La memoria es el arte de retener y recordar. Muchos mecanismos trabajan juntos –y de manera no automática– para conseguir que un recuerdo se forme y persista en nuestro cerebro. Para ello, la atención es un elemento esencial en todo el proceso, una especie de portal que conecta con nuestras experiencias. Sin olvidarnos de la repetición y las asociaciones que forjan nuestros recuerdos.

"Recordar es como vivir de nuevo" esto significa que revivir mentalmente los recuerdos nos hace sentir como si volviéramos a experimentar esos momentos, no solo con las emociones, sino también con las sensaciones físicas asociadas. Esto sucede porque las áreas del cerebro que se activan al recordar son muy similares a las que se activan cuando se vive el momento por primera vez.

Para mí, hoy es un día lleno de recuerdos y nostalgia. Hoy mi memoria reaviva mis mejores recuerdos. Recuerdos que reavivo para reavivar lo mejor de mi vida, y lo mejor de mi vida, la mujer que me dio la vida. Mi madre no es un recuerdo, mi madre es mi realidad: es la que me dio la vida y todo lo mejor que poseía. Mi vida se la debo a ella y a mi padre. Ella, mi madre, nació tal día como hoy, 30 de diciembre de un frío invierno de 1923. Hoy cumpliría 102 años. Aunque la vida sólo me dejó disfrutar 38 años de su presencia, pero fueron muy intensos y cercanos, las dos nos necesitábamos, fuimos cómplices y confidentes, nos confiábamos todas nuestras alegrías y pesares. Ella no hacía nada sin contar conmigo, siempre íbamos juntas a todas partes. Los recuerdos junto a mi madre no son recuerdos, es mi vida misma y está muy presente, porque lo viví con intensidad. Me empapé de su Ser y de su forma de ser.

Hay quien no quiere recordar, porque en sus recuerdos se ve fea y no se siente orgullosa de sus actuaciones. Vivir con honestidad y sin hacer mal a nadie, va dejando recuerdos hermosos dignos de recordar toda la vida. En resumidas cuentas, hay que poner atención a los recuerdos “sin atención no hay recuerdo”, como se puede concluir del estudio sobre la atención de Havas Media Network España, un informe cuyo objetivo es generar un corpus de conocimiento alrededor de esta materia, investigándola y analizándola como vertebradora en la vida de las personas. La atención nos vincula con nosotros mismos y con nuestro contexto, es decir, con el sentido de nuestra vida. En este contexto, la atención y el recuerdo también se conectan con la nostalgia, que se convierte en un refugio seguro para personas que han vivido dignamente, leal a los valores cristianos y que pueden sentir la soledad de su entorno inhóspito, por la ausencia de sinceridad, y los recuerdos son una salvación que nos permiten conectar con lugares felices y personas queridas”.

La memoria es un proceso psicológico clave en nuestra vida que nos permite aprender, adaptarnos a partir de lo que hemos aprendido previamente y construir relaciones. Y se compone de cuatro procesos fundamentales: la codificación, el almacenamiento, la transformación y la recuperación. Y, cuando asociamos esa reminiscencia a un contexto emocional y significativo, el recuerdo se convierte en inolvidable, como los encuentros familiares de cuando eras niño, porque la memoria no actúa por sí sola, se enriquece mediante la interacción con nuestras emociones y con los distintos contextos. Para recordar necesitamos: Emoción, atención, repetición. Existe una relación muy compleja entre las emociones y nuestra atención. Este tándem influye orientando nuestro proceso de atención hacia determinados estímulos concretos, hace que nuestra mente se active y que nuestros sentidos se agudicen. Un elemento crucial en la memoria que hace que las emociones de alta potencia –tanto positivas como negativas– eleven los niveles de intensidad y activación del organismo. Como ese estado de felicidad que vivimos cuando nos enamoramos. O la tristeza de perder a un familiar o a un amigo. Estos estímulos, asociados con mucha carga emotiva, son etiquetados como ‘muy significativos’ por nuestra memoria. Porque las asociaciones son la base del almacenamiento en nuestra memoria a largo plazo.

La vida pasa muy deprisa y si no estamos atentos, nos quedamos sin recuerdos. Los recuerdos son un aspecto fundamental de la memoria, se relacionan estrechamente con las emociones, las cuales son responsables de transformar la experiencia en información que se puede retener y acceder con el tiempo. Qué gratificante es tener recuerdos, es como poder revivir para reavivar esos momentos que son de vital importancia en nuestra vida.

Según un proverbio celta “el recuerdo no envejece” y, como decían los clásicos “lo que permanece en el recuerdo, nunca muere”. Esto quiere decir que “recordar es vivir”, aunque no se pueda vivir sólo del recuerdo.

Recordar a nuestros seres queridos que ya no están es un acto de amor que nos conecta con su esencia y legado. Recordar a los padres es un acto de amor profundo, ya sea para agradecerles en vida, honrar su memoria, si ya no están, o simplemente sentir su presencia rememorando vivencias inolvidables. Yo extraño tanto su presencia, su sonrisa y su forma de ser. Se llevaron una parte de mí, pero me dejaron un poco de fuerzas para seguir… Aunque cada día que pasa, la nostalgia crece, pero también la gratitud por haberlos tenido en mi vida.

¡Mamá! Yo soy gracias a ti, sin ti nada soy... Tú no eres un recuerdo, eres mi vida misma, por eso estás muy presente en el latido de mi corazón, porque anidas en mi alma y en mi ser. Eres mi esencia, la alegría que me saca de mi tristeza y la fuerza que empuja en mi cansancio para no desfallecer.

Siempre doy gracias a Dios por mi madre y por mi padre, por los que me siento bendecida. Soy yo la que me felicito por cada día vivido junto a ellos, esas vivencias son las que me siguen sosteniendo y reavivando mis fuerzas, para seguir caminando por este valle de lágrimas con la mirada puesta en el lugar de eternidad.

Mamá, papá, saben que los quiero con toda mi alma, el amor que nos tuvimos sigue alimentándome cada día... Qué les voy a decir que ustedes no sepan: pidan por sus hijos, que solo Dios sabe qué anida en esos corazones...

“Hay recuerdos que el tiempo no borra. El tiempo no hace la pérdida olvidable, solo superable”. Cassandra Clare.


Fotografía: Internet


 

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