Convivir en paz y armonía implica aceptar diferencias, comunicarse asertivamente y respetar a los demás para construir relaciones positivas. Para gestionar conflictos sin violencia se requiere empatía, tolerancia y fomentar la unión en casa y en la sociedad. Es una responsabilidad personal que nutre el bienestar colectivo.
El papa León XIV afirmó este martes, desde Argelia, que: “El corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, las injusticias y las mentiras. Pero el corazón de nuestro Padre no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios; el corazón de Dios está con los pequeños y los humildes, y con ellos lleva adelante su Reino de amor y de paz, cada día, tal y como vosotros os esforzáis por hacer aquí en vuestro servicio diario, en vuestra amistad y en vuestra vida en común”.
Con el recrudecimiento de diversos conflictos armados alrededor del mundo, las palabras de Mozi resuenan con más fuerza y con más urgencia... Mozi, filósofo chino tenía un sueño: “Siento que las personas tenderán hacia el amor universal y la ayuda mutua…”.
Ver que el planeta Tierra está inmerso en tantas guerras resulta descorazonador. Pero hay que mantener la esperanza en que la buena voluntad y el amor prevalezcan. Esa era la intención de Mozi hace más de 2.000 años.
Mozi, el filósofo chino del siglo V a. C., abogó por el amor
universal (jian'ai) como la solución para alcanzar el orden y la armonía
social, contraponiéndolo a la "parcialidad" o amor egoísta que causa
el caos y los conflictos. Creía que el amor y la ayuda mutua entre personas
eran una evolución inevitable y promovía amar a todas las personas por igual,
sin distinción de familia, estado o estatus social.
Mozi abogaba por una sociedad en paz donde domine el amor.
Por eso su frase es tan reveladora: “Siento que las personas tenderán hacia
el amor universal y la ayuda mutua, como el fuego que tiende hacia arriba y el
agua hacia abajo; será inevitable en el mundo”. Aparece en su obra titulada
Mozi. En esta publicación reflexiona sobre el conocimiento humano. Además,
promovía la no agresión entre los pueblos.
Estas palabras son muy importantes en la actualidad, en un
mundo con demasiadas guerras activas. Conflictos armados como los que se están
produciendo en Oriente Medio, Ucrania, Irán, Sudán o República Democrática del
Congo no son una excepción. Por desgracia, muchas personas deciden tomar las
armas para imponer su punto de vista al resto. Incluso entre habitantes del
mismo país.
En lo referente a la sociedad actual, la gente está cada vez
menos unida. La tecnología y las redes sociales han hecho que las personas nos
aislemos y nos centremos en nuestras necesidades. Además, la crispación está en
aumento debido a que el mundo se encuentra en una polarización constante.
Muchos quieren dividir a las personas en buenas y malas. Dependiendo de las
ideas que defiendan.
Mozi intentó poner en práctica lo que propagaba con su
pensamiento. Trabajó como carpintero y elaboró utensilios como escaleras que se
usaban en conflictos. No obstante, lo que hizo fue dar a cada bando exactamente
lo mismo con una calidad similar. Su objetivo era que las fuerzas estuviesen
igualadas y que viesen las guerras como algo inútil.
“Ante un mundo en llamas, es muy importante que nos paremos a pensar en las necesidades de quienes nos rodean. No se trata de priorizar al resto antes que a ti mismo. Simplemente puedes observar si alguien cercano necesita algún tipo de ayuda”. Eso es lo que pretende el filósofo Mozi con esta frase. Poner en valor la ayuda entre los pueblos, entre la gente. También decía que: "El amor universal es el camino hacia el orden; la parcialidad es el origen del caos".
Decir que en la antigua China del periodo de los Reinos Combatientes, una de las voces filosóficas más influyentes y singulares fue la de Mozi, fundador de la escuela del mohismo. La doctrina mohista defiende una ética basada en la cooperación y el bien común, Su pensamiento se construyó como una respuesta directa a la inestabilidad política y a los constantes conflictos entre estados, proponiendo una ética radicalmente distinta a la de otras corrientes de su tiempo.
Uno de los ejes centrales de su filosofía es la idea del
"amor imparcial" o "amor universal" (jian ai), un principio
según el cual las personas deben preocuparse por los demás de manera
igualitaria, sin favorecer únicamente a la familia, los aliados o el propio
grupo. En este marco, Mozi sostenía que la parcialidad en los afectos y en las
decisiones sociales es una de las principales fuentes de desorden y conflicto.
Para Mozi, la desigualdad en el trato y la preferencia
excesiva por los cercanos frente a los extraños generaban tensiones que, en
última instancia, alimentaban la guerra y la injusticia. Su propuesta buscaba
corregir ese desequilibrio mediante una ética universalista aplicada tanto a la
vida personal como a la política.
Esta visión lo llevó a enfrentarse a otras escuelas
filosóficas de su época, especialmente al confucianismo, al que criticaba por
centrarse en jerarquías familiares y rituales que, según él, reforzaban la
desigualdad social.
El pensamiento mohista no se limitaba a lo moral. Mozi
defendía también una visión pragmática del gobierno, donde las acciones debían
evaluarse por su utilidad colectiva. En este sentido, promovía la moderación en
los rituales, la oposición a las guerras ofensivas y la adopción de políticas
que beneficiaran al conjunto de la población.
Su filosofía vinculaba directamente la estabilidad política con la cooperación entre individuos, planteando que el orden solo podía alcanzarse cuando los intereses particulares no prevalecían sobre el bien común. El legado de Mozi sigue siendo relevante por su enfoque racional y su intento de construir un sistema moral basado en la igualdad de consideración hacia todos los individuos, una propuesta que continúa generando interés en la filosofía contemporánea, pero que está lejos del politiqueo de gente sin escrúpulos que se meten en política para avasallar y enriquecerse a costa de crear miseria y pobreza.
Visto lo visto, a día de hoy, la influencia filosófica
de Mozi, sobre ética universal, justicia social y teoría del bienestar, no les interesa,
para nada, a estos mercenarios prepotentes, matones de despachos, sin
humanidad, su macabra política, es masacrar vidas y se jactan de su poder
de destrucción, porque para esos psicópatas, los muertos son “trofeos” y estos
despiadados, entre más muertos, más valor les da a sus “hazañas”. ¡Malditas
guerras!

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