Aristóteles, sobre la educación: “Educar la mente sin
educar el corazón no es educar en absoluto”.
La famosa cita atribuida a Aristóteles, “Educar la mente sin
educar el corazón no es educar en absoluto”, destaca que la verdadera formación
debe integrar conocimientos intelectuales con valores emocionales y éticos.
Esta perspectiva subraya que la educación es un proceso integral
(mente-corazón) que transforma a la persona.
El debate sobre la educación, que se abrió en la antigua
Grecia aún no se ha cerrado. Qué es importante enseñar para crear una
generación libre, inteligente y con ética. Aristóteles ya daba pistas para ser
buenos educadores.
No es fácil educar, porque no estamos solos en la tarea. Cada
generación es diferente. Tiene nuevas herramientas, nuevos retos, diferente
contexto social y un sistema de enseñanza también cambiante. Dudar es normal y
es sabio. Ya lo decía Ortega y Gasset, así que incluye la duda en tu enseñanza.
Educar también el corazón. Porque educar, además, no puede (no debe) ser solo llenar la cabeza de datos. Una educación no es completa, sino sirve para formar carácter, para ponderar la importancia de las cosas, pensar en los demás; en definitiva, para ayudar a desarrollar una personalidad. Y aquí enlazamos con una de las líneas maestras por las que ha conducido la filosofía desde el principio de los tiempos, porque la filosofía desde siempre ha buscado crear escuela y educar.
“Educar la mente sin educar el corazón no es educar en
absoluto” es una máxima apócrifa que se atribuye a Aristóteles, pero que resume
muy bien su pensamiento y el de toda su escuela. Aquí el corazón es figura
literaria para englobar todos estos otros aspectos tan importantes: afectos,
carácter, hábitos y un buen juicio moral.
La educación de Aristóteles. En su libro Ética a Nicómaco,
Aristóteles distingue entre virtud intelectual y virtud moral. La primera crece
con la enseñanza; la segunda, con los hábitos que inculcamos. Aquí el ejemplo
de padres y educadores es fundamental. “No hagas lo que yo hago, sino lo que
yo digo”, es una de las lecciones más absurdas que podremos dar. Lo que los
niños vean en casa y en la escuela trataran de imitarlo y les marcará en el
futuro.
Aunque el alumno no siempre saldrá como esperamos. No está de
más recordar que Aristóteles fue tutor de Alejandro Magno. Su pupilo desoyó sus
consejos y decidió ir a conquistar todo el mundo conocido e imponer un imperio.
Por tanto, Alejandro es un buen ejemplo de que por mucho empeño que se ponga,
la educación del tutor tiene límites. Aristóteles creía en estados pequeños y
era contrario a la mezcla cultural excesiva, que los hacía difícilmente
gobernables. Tampoco hay que obsesionarse con la educación, vemos como su
pupilo tuvo el poder y el carácter para no hacerle caso.
Así que esta es la primera lección que aprendemos: los niños
no son nuestros, son de ellos mismos y nosotros solo acompañamos guiando, pero
ellos deciden su propio camino. La personalidad y el entorno pueden hacer lo que
no consigue la familia.
Otro aspecto de la educación que aborda Aristóteles y que
todavía enciende el debate actual es qué materias hay que enseñar. En Política,
Aristóteles debate sobre si la educación debía orientarse a lo útil, a la
excelencia moral o al conocimiento superior.
Incluso formula una pregunta que sigue viva en cualquier aula
del siglo XXI. Si la educación debe ocuparse más de la virtud intelectual o de
la moral. A fin de cuentas, la educación de los jóvenes no es un asunto menor
ni privado, sino una cuestión central para la vida común.
Si educamos en el egoísmo y orientamos hacia la utilidad
profesional todo, la generación resultante verá a sus mayores como una losa que
no les deja avanzar y que vive de su trabajo. Ya hay voces de la generación Z
que culpan a los padres y abuelos boomers de la precaria situación laboral y
del problema de la vivienda. No sé si es causa-efecto, pero ha coincidido con
el recorte en asignaturas obligatorias como Filosofía.
¿Toda la educación debe ser útil? Claro que toda educación ha
de ser útil. El debate se centra en qué consideramos útil para la vida.
Aristóteles lo tenía claro. Las habilidades en las que hay que educar son
racionales, emocionales y sociales, todas al mismo tiempo.
Los grandes pensadores de hoy. Como rubricó John Dewey, uno
de los mejores pedagogos del siglo XX, “el conocimiento solo merece llamarse
humano si enseñamos respeto, libertad y empatía”.
Y no podemos hablar de educación sin mencionar a Maria
Montessori, que añade otro planteamiento. Observó que el niño se unifica cuando
mano y mente trabajan juntas, y advirtió que cuando esa unidad se rompe aparece
una personalidad fragmentada.
Desde hace unas pocas décadas, con el advenimiento de la inteligencia emocional, hemos por fin conseguido poner a la ciencia de nuestra parte y que la educación deje de ser un mero depósito de información. Hoy hay evidencia científica de que educar en emociones ayuda a un mejor rendimiento académico y a ser mejores humanos.
Fotografía: Internet

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