El Amor Fraterno es el reflejo de Dios. Servir es un acto de amor y de humildad. Jesús nos enseñó que las acciones hechas por los demás (especialmente los necesitados) se hacen directamente a él. Servir es tratar al otro con el amor de Dios. Servir requiere considerar a otros como superiores, reflejando el carácter de Cristo, quien vino a servir y no a ser servido.
Celebramos hoy el Día del Amor Fraterno, el día en el que nos
sentimos todos invitados a vivir de un modo más intenso el amor que Cristo nos
ha encargado hacer presente en medio de los hombres. El Jueves Santo es
celebrado por la Iglesia Católica como el Día del Amor Fraterno, conmemorando la
Última Cena donde Jesús instituyó la Eucaristía, el Orden Sacerdotal y dio el
mandamiento nuevo del amor mediante el lavatorio de pies: "Amaos unos a otros como yo os he amado".
Hoy es inicio de la Pasión del Señor, el gesto de la entrega suprema por Amor, hecho servicio. Igual que Jesús lavó los pies a sus discípulos, nosotros también tenemos que lavarnos los pies unos a otros. No hay amor si no se aprende a conjugar el verbo servir. No hay amor si, como lo hace Jesús, no estás dispuesto a bajar, a inclinarte, a despojarte de todo tipo de mantos y de títulos. No hay amor si no te pones a los pies de todos, incluso ante el más insignificante de los hombres. Cuando se ama no te consideras superior o por encima del otro, tratas al otro con dignidad, valoración y respeto. No te importa que sea pobre o inculto, solo sabes que es tu hermano. Y por eso quieres situarte ante él como discípulo, quieres aprender de él, escucharle, dejar que pueda abrir sin reparos su corazón, que pueda contarte su historia vivida, sabiendo que ante él no hay un juez, sino un hermano que lo ama y lo mira con compasión.
Jesús instaura en el día de hoy la Eucaristía. La memoria del
Señor la actualizamos con el signo del pan y del vino; pero solo se le da vida
cuando realizamos nuestra propia entrega, a imagen suya. Entrar en comunión con
él, es entrar en comunión con su vida entregada por todos, conforme a lo que
nos dijo: "Amaos unos a otros como yo os he amado", "Tomad y
comed, tomad y bebed". El ejemplo que nos da hoy es claro: lavar los pies.
Día del Amor Fraterno, es el día en el que nos sentimos todos
invitados a vivir de un modo más intenso el amor que Cristo nos ha encargado
hacer presente en medio de los hombres. "Yo soy el pan de vida; el que viene a mí, no tendrá hambre, y el que cree en mí, no tendrá sed jamás". Hoy Jesús nos invita a sentarnos a su
mesa y a compartir el pan y la vida, sirviéndonos unos a otros con amor. Jesús, fuente de agua viva, hoy nos invita a dar de beber al sediento, a compartir nuestra compañía, una sonrisa, una palabra de aliento, un abrazo de consuelo...
Hoy y siempre, Jesús nos da una lección de entrega de amor
sin condiciones. En esta noche de Jueves Santo, Jesús nos pide que oremos con
él. Quiere compartir con nosotros su amor hasta el extremo, pero también
hacernos partícipes de su dolor y tristeza. No es noche de muchas palabras, es
más bien una noche de silencio y de adoración. Es una noche para estar cerca de
quien sufre. Nos hemos sentado esta tarde a tu mesa, Señor: Hemos escuchado tus
palabras, hemos contemplado tus gestos, hemos compartido tu copa y tu pan.
Queremos interiorizar tu misterio, que se manifestó intensamente en la eucaristía,
y que ahora continúa en Getsemaní. Queremos abrirnos también a cuantos viven en
su carne el rechazo, la tristeza, la soledad y la agonía, prolongando así la
hora de tu debilidad.
La Semana Santa cada año nos ayuda a comprender el verdadero
significado del Amor que Dios nos tiene. Celebrar y traer de nuevo aquellos
últimos días de Jesús, nos invita a mirar nuestro corazón y preguntarnos si
nosotros también queremos formar parte del proyecto de vida que Dios nos mostró
a través de su único Hijo. Una vida entregada por completo a la voluntad del
Padre, sin restricciones, sin límites, amando hasta el extremo, hasta dar su
propia vida por todos y cada una de las personas a las que amaba, incluidas
aquellas que lo iban a abandonar o traicionar.
En estos días vamos a tener de nuevo la oportunidad de
contemplar, de muchas maneras, el plan que Dios tenía pensado para hacernos
ver, definitivamente, su amor incondicional hacia todos nosotros. Un plan que
pasaba por hacerse hombre y caminar junto a nosotros para explicarnos en qué
consiste eso del amor, esa fuente de la vida que es capaz de vencer a la propia
muerte. El amor que no entendemos y que por ello tantas veces nos cuesta dar.
El amor, que aparentemente a todos nos falta y nunca es suficiente. Ese amor,
el amor de Dios, es el que todo lo cambia y todo lo renueva.
El Triduo Pascual, en el que seguiremos a Jesús hasta la
Cruz, y viviremos la gloria de su Resurrección, nos invita a cada uno de
nosotros a compartir la mesa con Él, a beber de su cuerpo y su sangre y a
celebrar constantemente este gesto de entrega para no olvidar aquello a lo que
estamos llamados los cristianos.
Sin embargo, Jesús, durante la cena, se levanta, se despoja
de su majestuosidad quitándose el manto, se prepara ciñéndose una toalla y lava
los pies a sus discípulos. Jesús se arrodilla, se abaja, no necesita mantenerse
por encima de nadie. El Hijo de Dios es capaz de bajar y lavar los pies de las
personas a las que ama. De contemplar su dolor, sus sufrimientos, sus pecados,
aquello que ensombrece sus corazones, y él se arrodilla, junto a ellos y los
purifica… "Señor ¿lavarme los pies a mí?".
Pedro, que aún no entiende el orden en el que Dios comprende
el mundo, se rebela, pero la respuesta es clara: "Si no te lavo, no tienes
parte conmigo". "Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza",
contesta Pedro. El gesto que Jesús hace en el lavatorio de pies es clave en
toda esta gran Historia de Salvación de Dios con su pueblo. Nadie puede estar
en Dios, con Dios, si no está dispuesto a despojarse de sí mismo, a abajarse, a
arrodillarse junto a su hermano y lavarle los pies… Y el cuerpo si hiciera
falta.
Jueves Santo, día en que se conmemora la institución
del ministerio sacerdotal, la institución de la Eucaristía. En la tarde la
Iglesia se reúne para abrir solemnemente el Triduo Pascual, con la celebración
de las Cena del Señor, memorial del sacrificio de Cristo en la Cruz. Es la
ocasión en que se recuerda el gesto de Jesús de lavar los pies de los
discípulos indicándoles el mandamiento del amor. Después de la cena de aquel día
en que Jesús celebró con sus discípulos, Jesús fue traicionado y entregado a
los que lo irían a condenar. Por eso la Iglesia permanece en vigilia de oración.
“El amor de Dios derramado en nuestros corazones” (Rom 5,5). El
Jueves Santo, una nueva llamada a dejarnos mirar por Jesús, de rodillas ante
nosotros, para lavarnos los pies y acercarnos a compartir la mesa junto a Él. Y
una llamada también a hacer nosotros lo mismo. Miremos como mira Jesús, y
contemplemos en el hermano que sufre la necesidad de servir como instrumento de ese amor capaz de acompañar, arrodillarse y dar la vida. Todos nos necesitamos y deseamos ser amados como Jesús nos amó.
Para
servir a los demás, hace falta tener un corazón humilde y amoroso. Servir a los
demás es una forma fundamental de servir a Dios, reflejando amor, humildad y el
cumplimiento de la vocación cristiana al prójimo. Este servicio práctico,
reflejado en acciones cotidianas y el uso de dones personales para edificar a
otros, es considerado el anclaje de la espiritualidad y la mejor manera de
mostrar el amor de Dios, en el amor a Dios.
Dios nos ha revelado la verdad y ha derramado su amor en nuestros corazones. Cada uno de nosotros, amigos de Jesús, seguidores de su Palabra, hijos de Dios, todos tenemos mucho que ver en esto de servir, de consolar de ayudar, porque cuando hacemos el bien, ese bien repercute en nuestra vida. Amando podemos contemplar el amor incondicional que Dios nos tiene.
Gracias, Señor, quedándote con nosotros nos muestra tu amor incondicional, con tu amor inconmensurable, nos
enseñas el valor de la fraternidad. Te quedas, Señor, y nos dejas un mandamiento: ¡Amaos! Y nos
sugieres un camino: ¡El servicio! Y te quedas para siempre: ¡La Eucaristía! Y
eres, sacerdote que se ofrece por toda la humanidad. Gracias, por saciar nuestra sed con Tu presencia infinita.
Fotografía: Internet


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