domingo, 5 de abril de 2026

Este es el día que actuó el Señor…

 


Este es el día en que actuó el Señor, para gloria de Dios Padre. Nuestra Pascua, solemnidad de solemnidades: la Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne. El misterio de la Resurrección es un misterio de la alegría, de esperanza y de gloria; por eso la Iglesia nos invita a regocijarnos en el Señor.

La Resurrección de Nuestro Señor es el mayor de todos sus milagros; sólo un Dios puede resucitarse a sí mismo, esto mismo nos dice Cristo en S. Juan X, 18: “Soy dueño de dar la vida y de recobrarla” cuando me place. Este milagro, es una prueba de la divinidad de Jesucristo. Toda la doctrina cristiana, toda nuestra santa Religión se funda sobre este gran hecho, hecho histórico públicamente comprobado e irrefutable. Cristo, nuestra salvación, murió en la cruz; resucitó como había predicho, y vivirá eternamente. Este misterio nos fortalece y nos ilumina; santifica y consuela nuestra vida aquí en la tierra, con la esperanza puesta en el cielo.

Jesús ha resucitado de entre los muertos. Creemos que Cristo ha resucitado de entre los muertos porque aceptamos el testimonio de los apóstoles, que vieron el sepulcro vacío y creyeron; que comieron y bebieron con Él, después de su resurrección; testimonio que se nos transmite por la Iglesia a lo largo de los siglos (cf. Ev. y 1 lect.).

Ocurrió el primer día de la semana que a partir de entonces es el día del Señor Resucitado, la piedra que desecharon los arquitectos, que es ahora la piedra angular de la Iglesia (cf. sal. resp.). Por la fe y el bautismo hemos resucitado con Cristo, el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo, que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida (Pf.). Por eso debemos buscar siempre los bienes del cielo, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios (2 lect.).

En la teología cristiana, la santidad es un concepto central que está profundamente entrelazado con el misterio de la Resurrección de Jesucristo. Este vínculo fundamental entre santidad y Resurrección se extiende más allá del contexto religioso, tocando las fibras más profundas de la experiencia humana y la búsqueda de sentido.

La santidad, en su esencia, denota un estado de pureza, plenitud y cercanía a Dios. Es un ideal que recorre muchas tradiciones espirituales, impulsando a los individuos a perseguir la virtud, la compasión y la devoción. Sin embargo, es en el cristianismo donde la santidad adquiere un significado particularmente intenso, asociándose a menudo a la figura de Jesucristo, considerado el modelo supremo de santidad.

Por otra parte, el misterio de la Resurrección representa el núcleo de la fe cristiana. La creencia en la resurrección de Jesucristo de entre los muertos es fundamental para comprender la redención y la vida eterna. Este acontecimiento extraordinario no sólo da sentido y esperanza a la vida cristiana, sino que también plantea cuestiones profundas sobre la naturaleza misma de la existencia humana y la posibilidad de la trascendencia.

En el contexto de la santidad, la Resurrección adquiere un significado aún más profundo. Revela la victoria definitiva de Dios sobre la muerte y el mal, ofreciendo un paradigma de transformación radical y renacimiento espiritual. La santidad se convierte así en una invitación a participar en esta misma vida nueva, a abrazar el poder transformador del amor divino y a vivir en comunión con Dios y con los demás.

Sin embargo, la búsqueda de la santidad no es un camino fácil ni lineal. Requiere compromiso, sacrificio y una constante conversión interior. Es un camino de altibajos, de lucha y de gracia, en el que cada uno está llamado a afrontar sus debilidades y a crecer en la virtud y en la fe.

En este contexto, la Resurrección de Cristo se convierte en fuente de esperanza y fortaleza. Nos recuerda que, incluso en las pruebas más oscuras y en las situaciones aparentemente sin salida, siempre existe la posibilidad de una vida nueva, de un renacimiento inesperado. La santidad se convierte así en un testimonio vivo de esta realidad, un testimonio de vida que desafía las limitaciones humanas y abre la puerta a la gracia divina.

En última instancia, el vínculo entre santidad y Resurrección nos invita a reflexionar sobre el sentido más profundo de nuestra existencia y la posibilidad de una transformación radical a través del amor y la gracia de Dios. Es una llamada a vivir con esperanza y confianza, conscientes de que, incluso en la oscuridad más densa, la luz de la Resurrección sigue brillando, ofreciendo un camino hacia la santidad y la vida eterna.

Dios nos ha abierto las puertas de la eternidad, y nos invita a buscar los bienes de allá arriba, donde está Cristo. Y nosotros respondemos que este día lo hizo el Señor para nuestra alegría y nuestro gozo. Los evangelios que leemos, el del día y el opcional de la misa vespertina, narran los dos momentos sucesivos de la resurrección: el sepulcro vacío con los lienzos, y los encuentros con el resucitado. El discípulo, alentado por las mujeres, vio el sepulcro vacío y los lienzos en el suelo, y eso le bastó para empezar a creer en la resurrección tal como Jesús lo había anunciado. Que te busquemos, Señor, como María, Juan y Pedro, y que tú nos encuentres.

"Su amor lo llevó a sacrificarse por nosotros, a cargar sobre sí todo nuestro mal. Esto nos deja con la boca abierta: Dios nos salvó dejando que nuestro mal se ensañase con Él. Sin defenderse, sólo con la humildad, la paciencia y la obediencia del siervo, simplemente con la fuerza del amor. Y el Padre sostuvo el servicio de Jesús, no destruyó el mal que se abatía sobre Él, sino que lo sostuvo en su sufrimiento, para que sólo el bien venciera nuestro mal, para que fuese superado completamente por el amor. Hasta el final". Papa Francisco.

La resurrección de Cristo es el pilar central del cristianismo, celebrando que Jesús resucitó al tercer día de ser crucificado, venciendo la muerte y ofreciendo vida eterna. Representa la victoria sobre el pecado y la muerte, demostrando la autoridad de Jesús como Hijo de Dios. La resurrección es fundamental, es la razón de ser para la fe cristiana, transformando el dolor del Viernes Santo en la esperanza de la Pascua. La resurrección de Jesús es el acontecimiento más importante de la historia, confirmando su victoria sobre el pecado y la muerte, se cumple la promesa que lleva a la vida eterna. 

¡Que nuestra existencia sea conquistada y transformada por la Resurrección! ¡Feliz Pascua de Resurrección!





Fotografía: Internet


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