Las cosas buenas les llegan a aquellos que saben esperar…
La paciencia significa tolerar o soportar una situación no
agradable manteniendo la calma. Se asocia con la espera de un cambio favorable
y con una actitud perseverante.
Paciencia, la palabra en sí lleva una carga de optimismo y
esperanza. Sobre todo, cuando nos topamos con la incertidumbre de no saber
cuándo va a llegar lo que anhelamos. Pero, no te canses de esperar. La
recompensa espera que tengas paciencia.
Sin embargo, la paciencia es algo más que esperar, es la
expectativa calmada, es una especie de pausa en nuestro anhelo. La paciencia no
nos adormece, se impone a la angustia y nos despierta.
La paciencia es amarga pero sus frutos son dulces. Nos cuesta
entenderlo, pero la paciencia no es cargar y aguantar hasta no poder más y
explotar. La paciencia es un arte, un arte que se hace responsable de liberarnos de las
cargas emocionales innecesarias para mantener nuestro estado de paz.
Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días
de tristeza.
Las filosofías orientales nos hablan del don de la paciencia
como si fuese una fuerza que nuestra mente emplea para decirle al resto del
cuerpo que todo llegará. Y es que las cosas más bellas del mundo requieren de
paciencia para recubrirse de un halo de entusiasmo e ilusión. Un amor
complicado, una persona inaccesible, una preparación física, una oposición; en
definitiva, cualquier meta y cualquier logro que nos planteemos requiere paciencia.
Al esperar y no desesperar se encuentra lo inesperado... Frecuentemente creemos que la vida nos dice “no”, cuando en realidad solo nos está diciendo
“debes esperar”. Nos impacientamos y como consecuencia, nuestro nerviosismo
nos hace cometer errores. A veces sentimos que nos cansamos, que nuestros
amigos, nuestra familia o nuestras expectativas nos exasperan, que no llega nada
de lo que pretendemos, todo nos sale al revés y parece que la vida no está hecha para nosotros.
“El secreto de la paciencia es recordar que el dolor es
temporal y la recompensa es eterna”.
Dicen, que el que espera desespera y se confunde, mejor
decir, que el que aguanta, gana; sin embargo, a juzgar por el interés que le
ponemos a cultivar y a trabajar este don, la paciencia es una reina destronada.
Se nos enseña a ser los primeros en todo, a ganar a los que tenemos al lado, a
correr para alcanzar nuestras metas…
Tenemos la sensación de que si te tomas las cosas con paciencia, no vales y te dejan fuera
de juego; sin embargo, lo cierto es que cualquier éxito requiere tiempo y
paciencia, y esos son los únicos instrumentos que nos garantizan alcanzar objetivos importantes.
Debemos trabajar la paciencia para conocernos a nosotros mismos; no tengamos miedo de descubrir nuestras debilidades y nuestros potenciales. Los grandes
sabios son personas calmadas, pacientes y seguras de sí mismas. Eso nos da la
pista de que ser pacientes y saber esperar nos ayudará a contemplar el mundo
con mayor entendimiento y sensatez, y ganaremos en salud porque la angustia desgasta.
«Comprenderse a uno mismo requiere paciencia, tolerancia en
el darse cuenta; el Yo es un libro de muchos capítulos que no puede leerse en
un solo día. Sin embargo, cuando empieces a leerlo, debes leer cada palabra,
cada frase y cada párrafo, porque en ellos hay indicios de la totalidad. El
principio es en sí mismo el final. Si sabes leer, podrás encontrar la suprema
sabiduría.» Jiddu
Krishnamurti.
Cuando no trabajamos el don de la paciencia, nos comportamos de manera impulsiva e irreflexiva, creando o agravando nuestros problemas (perjudicando y perjudicándonos) y dejando escapar multitud de oportunidades. En realidad, para cultivar tu paciencia necesitas poco, pero son claves y están al alcance de tu mano. Trata de serenarte y...
Respira… Respirar profundamente siempre es un buen recurso, pues nos ayuda a reflexionar. Cuando nos tomamos unos segundos para respirar estamos, de alguna forma, ofreciendo una pausa a nuestro diálogo interno y ayudando a sosegar la mente.
Debes descubrir el por qué tienes tanta prisa… Reflexiona sobre las
razones que te están impacientando. No exageres la situación y reorganiza tus prioridades.
Pensar sobre ello e incluso escribirlo te ayudará a calmarte para poder dar soluciones correctas y acertadas.
Identifica lo que habitualmente te genera impaciencia… Pueden
ser otras personas, situaciones estresantes o tú mismo el causante. Sin embargo, el simple
hecho de ser consciente de la causa te ayudará a disminuir la ansiedad y a controlar la situación.
Y ¿tu impaciencia es útil o está justificada? Responderte de
manera sincera a esta pregunta fomentará la calma. Busca los patrones y
considera sin miedo la posibilidad de dejar ir lo que no te está haciendo bien, o puede ser que seas tú el que no actúas correctamente y no quieres reconocerlo.
Recuerda que la respiración calmada es una acción fundamental
para desarrollar la paciencia. La respiración encierra muchos de los secretos
de una mente y de unas emociones sanas, ya que el oxígeno es uno de los más
importantes alimentos de nuestro cerebro.
Cuando persigues un objetivo, la paciencia no equivale a la
pasividad y al conformismo. No esperas que las cosas cambien solo porque sí. La
paciencia forma parte del plan. Esa es la función de la paciencia: la de
ayudarte a ordenar ideas para resolver de acuerdo a los hechos, y a permanecer en la justa razón, cuando se tiene razones para luchar sin abandonar. La paciencia mantendrá viva la
confianza en ti y en tus objetivos.
Si la razón está de tu parte, tómate tu tiempo y espera lo inesperado… Tienes que entender
que podemos hacer miles de planes, pero las cosas no siempre salen como lo deseamos.
Acepta que la vida gira y nos da cientos de vueltas hasta acabar donde
deseamos. Sé realista en tus expectativas y comprende a los demás; dale tiempo al tiempo que todo llegará.
Pero, si te das cuenta que tú eres el causante de tus propios males, no tengas miedo de cambiar y no te olvides de ensayar… La
práctica hace al maestro. Desarrollar la paciencia implica dejar atrás malos
hábitos con los que llevas conviviendo mucho tiempo. Por echar balones fuera no te libra de tus desbarajustes. Así que respira, asume tu responsabilidad y acepta sus consecuencias, y como cualquier
aprendizaje, comienza una nueva andadura siendo consciente de cada paso. En tu nuevo caminar que una de las prioridades sea la de cultivar la habilidad de saber esperar, la paciencia requiere de serenidad, sosiégate, porque cuando vas por el buen camino, las cosas buenas llegan…
Fotografía: Internet
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