sábado, 17 de octubre de 2026

No seamos cómplices de las injusticias

 


Esta frase del filósofo, Demócrito, dicta una verdad absoluta: “Es hermoso evitar que otro cometa injusticia, pero si no, también lo es no ser cómplice de la injusticia”.

La trayectoria vital de toda persona no está exenta de experimentar situaciones indeseadas. Muchas de estas ocurren sin que podamos influir de ninguna manera en su transcurso. Sin embargo, otras pueden cambiar totalmente su rumbo si efectuamos una actuación a la altura de las circunstancias.

Se trata de una realidad que define gran parte de la condición humana. Y es que muchos acontecimientos influyen en diversos individuos de manera muy desfavorable sin que estos lo merezcan. Nuestra moral es el único recurso que nos queda para poder decidir en los escenarios en los que nuestra palabra presenta un cierto valor.

Este asunto tan universal ha servido como objeto de debate en la humanidad desde tiempos inmemoriales. Muchos de los que han participado en los mismos están considerados como algunas de las mentes más brillantes que han pasado por nuestra especie. En el campo de la filosofía, figuras como Demócrito han sido claves al respecto. “Es hermoso evitar que otro cometa injusticia, pero si no, también lo es no ser cómplice de la injusticia”, tras esta frase hay un pensamiento profundo, y es que existen panoramas en los que nuestro criterio llama a la conciencia para tratar de detenerlos ante un desenlace indeseado. Sin embargo, no involucrarnos en su desarrollo ya define nuestra persona en gran parte.

Hay quien va por la vida creyéndose superior porque con su maldad pueden destruir a otros. Por la vida no se puede ir ciegos de ego o de envidia. Por la vida hay que ir con humildad y no con prepotencia. La vida consiste en saber elegir aquello que nos ayude a ser mejores personas. Y si bien hay factores, como la presión social o las posibles recriminaciones posteriores, que pueden suponer un obstáculo a la hora de tomar una decisión, en el fondo de nuestro interior no siempre nos queda claro cuál es la vía que debemos tomar, y en ocasiones nos vendría bien que alguien nos haga ver aquello que mejor nos conviene para ser una persona de bien. 

Decía el filósofo, Lao Tsé: “El buen hombre es el maestro del malo, y el mal hombre es la lección del bueno”.

La trayectoria vital de todo individuo que se precie no puede ser entendida sin un pilar tan fundamental como es el aprendizaje. Cada etapa vital de nuestra existencia requiere de ciertos conocimientos a través del estudio o la experiencia para poder ser superada con creces. Es precisamente el segundo caso el que mayor importancia guarda a este respecto.

Es inevitable vernos involucrados en escenarios completamente indeseables, en los que nuestro instinto nos empuja a evitarlos de forma rotunda. Sin embargo, tras haber sido protagonistas de estas vivencias negativas, podemos extraer aspectos muy beneficiosos para que nuestro futuro adquiera una naturaleza más próspera.

Se trata de una reflexión que ha inundado las mentes de numerosos miembros de nuestra especie desde tiempos inmemoriales. Sobre este concepto, muchos pensadores han dado vueltas hasta llegar a conclusiones muy valiosas a nivel introspectivo. A una de las más influyentes llegó el filósofo Lao Tsé, dejando su punto de vista como legado para las siguientes generaciones: “El buen hombre es el maestro del malo, y el mal hombre es la lección del bueno”, expuso el autor. Y es que cualquier persona que obre perjudicialmente en su vida puede dar un giro a la misma si dispone de un buen guía que le indique el camino a seguir. Se trata de un proceso lento y pausado en el que confrontar nuestra propia identidad y reconocer nuestros errores. Cuando vamos por mal camino y alguien nos ayuda a ver el camino correcto, aunque al principio nos siente mal, debemos de ser humildes y agradecer su corrección, porque pronto nos daremos cuenta que el cambio nos será muy beneficioso para nuestra vida y para nuestra conciencia.

Por el otro lado, existirán individuos con los que nos encontraremos que servirán de referentes para saber en lo que no queremos convertirnos. Por lo tanto, ambas situaciones pueden ser igual de enriquecedoras si se sabe sacarle el provecho adecuado, siempre y cuando se cuente con una mente abierta y dispuesta a cambiar y a valorar a esas personas que hacen el bien.

De las malas experiencias pueden adquirirse algunos de los aprendizajes más valiosos de nuestras vidas. Y actuar bajo nuestros propios principios puede ser crucial a la hora de ahorrar un dolor innecesario a un tercero.


Fotografía: Internet


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